¿Cuáles son las propiedades rurales más comunes que podemos encontrar en España?

Las casas rurales más antiguas que podemos encontrar en España son las conocidas como pallozas, que tienen un origen remoto y difícil de rastrear, pero que podría ser parte de la herencia celta de la zona. Están construidas de piedra y su planta es una elipse. Además de ellas, existen dos grandes tipos de edificios rurales en nuestro país: los que son viviendas como tales y aquellos que, sean en la actualidad residencias o no, estaban pensados en origen como edificio auxiliar agrícola. Dentro del primer grupo, las cuatro propiedades rurales más extendidas son la masía, el caserío, el pazo, la barraca, el cigarral y el cortijo, mientras que los principales exponentes del segundo son el molino (tanto de aire como de agua, aunque este último esté mucho menos extendido en España), el silo y el hórreo.

Antes de que los gigantescos molinos de viento, encargados de generar energía eléctrica, llenaran los campos de medio país, las grandes llanuras de La Mancha estaban pobladas por pequeños molinos, encargados de moler el grano con la gran piedra circular movida por sus aspas, y en la mayor parte de los casos una familia vivía en su interior para ocuparse de su mantenimiento.

Tanto los silos como los hórreos han sido tradicionalmente depósitos donde almacenar el grano, pero se diferencian porque los primeros son típicos del centro de la Península, mientras que los segundos lo son del norte de España. Precisamente por encontrarse en lugares húmedos, los hórreos tienen esas cuatro columnas características que los mantienen elevados, para alejar los cereales y hortalizas del suelo.

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