11. La ejecución e interpretación testamentarias

Dado que el testamento es un acto de disposición mortis causa, cuya eficacia presupone el fallecimiento de quien lo otorga, el testador puede prever en él la oportunidad o la necesidad de designar una o varias personas de su confianza que ejecuten cuanto disponga en el testamento. A tales personas, la tradición histórica les ha dado el nombre de albaceas y la contemplación normativa de sus funciones, deberes y facultades se realiza en los arts. 892 a 911 CC.

La institución del albaceazgo carece de antecedentes romanos.

Art. 892: "el testador podrá nombrar uno o más albaceas".

El testador es libre para designar albacea a quien considere oportuno, sea o no heredero, trátese de una persona propiamente dicha o de una persona jurídica. No obstante, el art. 893 "No podrá ser albacea el que no tenga capacidad para obligarse. (Ni) El menor, ni aun con la autorización del padre o del tutor".

En la práctica, la condición de albacea no suele atribuirse a uno de los herederos, o a uno de los legitimarios, sino precisamente a una persona extraña al círculo habitual de sucesores, ej. a un amigo.

Atendiendo al carácter facultativo del albaceazgo, establece el art. 911 que en los casos de no haber albacea "corresponderá a los herederos la ejecución de la voluntad del testador".

Leer más