20. Los efectos de la aceptación

La adquisición y la protección de la cualidad de heredero

Una vez acaecida la aceptación, el llamado a la herencia deja de ser tal para pasar a adquirir la condición de heredero (o coheredero, si son varios), en sentido técnico. Por regla general, el heredero deviene titular del conjunto de las posiciones activas de las relaciones patrimoniales que integran el as hereditario y se convierte en responsable del conjunto de las deudas y cargas de la herencia, con responsabilidad ilimitada, que alcanza sus propios bienes.

El interdicto de adquirir: la posesión de los bienes hereditarios

El interdicto de adquirir se caracteriza por ser un proceso declarativo que no se asienta en la posesión material de quien lo interpone, sino exclusivamente en su condición de heredero. Es un recurso procesal cuyo objeto y finalidad exclusiva es hacer efectiva la posesión civilísima, regulada en el artículo 440 CC, invistiendo al heredero en su condición de poseedor.

A través de la copia del testamento o de la declaración de herederos, el interdictante habrá de acreditar su condición de heredero, pues si la posesión se encontrare fundada en un título distinto, habría que recurrir al expediente de jurisdicción voluntaria de adquisición de la posesión.

En caso de que exista un poseedor a título de dueño o de usufructuario o de que haya transcurrido el período anual de prescripción de las acciones interdictales, el heredero no podrá recurrir al interdicto de adquirir, sino que habrá de ejercitar la acción publiciana, o la reivindicatoria, o la petición de herencia.

La acción de petición de herencia

El heredero goza de legitimación activa para ejercitar una acción de carácter universal (referida al conjunto de bienes y derechos) que se denomina "acción de petición de herencia".

Artículo 1021 CC: "El que reclame judicialmente una herencia de que otro se halle en posesión por más de un año, si venciere en el juicio, no tendrá obligación de hacer inventario para gozar de este beneficio, y sólo responderá de las cargas de la herencia con los bienes que le sean entregados".

Legitimación activa

La legitimación activa ha de atribuirse al heredero, ya lo sea testamentariamente, ya tenga la condición de heredero abintestato. De otra parte, la condición de heredero ha de tenerse en el momento de ejercitar la acción, aunque el título hereditario no tenga carácter definitivo (por condición resolutoria o sustitución fideicomisaria). En el caso de sustitución fideicomisaria, podrán ejercitar la acción de petición de herencia tanto el fiduciario como el fideicomisario.

En cambio, la condición de legitimario, en sí misma no atribuye legitimación activa para el ejercicio de la acción de petición de herencia por la sencilla razón de que la atribución de la legítima puede realizarse a título distinto del de heredero.

Legitimación pasiva

Ostenta la legitimación pasiva quien, atribuyéndose título hereditario, posee el conjunto o una parte de los bienes y derechos que integran la masa de la herencia (possessor pro herede).

En el caso de que el demandado alegue que la tenencia del bien hereditario encuentra fundamento en un acto transmisivo que realizara el causante, ha de estimarse improcedente la acción de petición de herencia.

En términos prácticos, en la generalidad de los supuestos resulta aconsejable ejercitar de forma cumulativa la acción de petición de herencia y la acción reivindicatoria (o la acción singular que resultare procedente).

Efectos de la acción de petición de herencia: las relaciones entre el heredero aparente y el heredero real

Al possessor pro herede se le identifica comúnmente con la denominación "heredero aparente".

La identificación del heredero real y la pérdida de la condición sucesoria por parte del heredero aparente, plantea la necesidad de restituir a aquél el conjunto de los bienes hereditarios, así como, la sucesión en la posesión de la masa hereditaria.

La aplicación del principio de subrogación real implica que el verdadero heredero puede reclamar al heredero aparente los bienes y derechos que hayan ingresado en su patrimonio a consecuencia de las enajenaciones realizadas durante el período de apariencia hereditaria.

Plazo de prescripción

Dada la falta de regulación, el TS establece: "en evitación de que alguno de los derechos sobre bienes inmuebles pertenecientes a la masa hereditaria pudiera tener un plazo prescriptivo superior al de la propia acción de petición de herencia, y atendiendo a su indudable eficacia real, lo más operativo es considerar que prescribe a los 30 años contados a partir de la muerte del causante".

La responsabilidad del heredero

Nuestro sistema normativo se caracteriza por establecer la responsabilidad ilimitada del heredero y, en consecuencia, provoca la confusión del patrimonio hereditario con el patrimonio personal del heredero.

Las cargas de la herencia

El art. 1003 establece que "por la aceptación pura y simple, o sin beneficio de inventario, quedará el heredero responsable de todas las cargas de la herencia, no sólo con los bienes de ésta, sino también con los suyos propios".

Una recta interpretación del art. 1003 resalta que "las cargas de la herencia" integran al menos una trilogía de obligaciones:

  1. Las deudas del causante.

  2. Las cargas de la herencia propiamente dichas (gastos funerarios, gastos de la sucesión, obligación alimenticia, costas del inventario, gastos de partición, etc).

  3. Los legados.

La responsabilidad ilimitada del heredero no legitimario

En sentido técnico, sólo puede afirmarse que existe sucesión respecto de las deudas del causante, dada su preexistencia a la apertura de la sucesión. En cambio, las cargas de la herencia, en el sentido antes indicado, y los legados, por principio, sólo pueden tener virtualidad una vez fallecido el causante y abierta la sucesión.

Sin embargo, el titular pasivo de las cargas o legados es el heredero. Y el heredero es responsable de todas las cargas hereditarias de manera ilimitada. Ergo, la regla debe alcanzar incluso al pago de los legados.

La responsabilidad del heredero legitimario

El heredero que, a su vez, sea legitimario, no puede verse perjudicado en su legítima mediante la imposición de legados voluntariamente establecidos por el testador. Por tanto, el heredero-legitimario sólo responde por los legados intra vires hereditatis, ya que admitir lo contrario supondría destruir el principio de intangibilidad de la legítima.

Recapitulando, el legitimario que sea heredero responderá por los legados, como mucho y en su caso, sólo hasta donde alcancen los bienes hereditarios que no le correspondan por legítima. El heredero voluntario, en cambio, habrá de responder de forma ilimitada frente a los legados establecidos por el causante.

El debate sobre la confusión o separación de patrimonios

Hace algunas décadas, algunos eminentes autores pusieron en cuestión la llamada confusión de patrimonios. Podríamos describir el debate preguntándonos si, acaecida la confusión entre ambos patrimonios, los acreedores del heredero "pobre" podrían agredir la masa hereditaria procedente del causante "rico", sin que los acreedores de éste gozaran de algún tipo de preferencia crediticia.

La nueva línea argumentativa ha mitigado la fortaleza del principio de la confusión de patrimonios, tratando de resaltar todos los aspectos que permiten defender que, incluso en el caso de la aceptación pura y simple, los posibles acreedores de la herencia y los legatarios tienen facultades de cobro preferentes respecto de los eventuales acreedores del heredero.

La posición de los acreedores de la herencia, de los legatarios y de los acreedores del heredero en la liquidación de la herencia

Para buena parte de la doctrina contemporánea parece que puede defenderse que, incluso una vez aceptada pura y simplemente la herencia, los acreedores de la herencia tendrían preferencia frente a los legatarios y los acreedores del heredero.

A su vez, los legatarios habrían de considerarse acreedores preferentes respecto de los acreedores del heredero.

La aceptación de tal esquema por la Resolución de la Dirección General de los Registros y del Notariado de 01/09/1976 demuestra su generalización hasta el extremo de defender la existencia del llamado principio de separación de patrimonios.

El concurso de la herencia y el fallecimiento del deudor concursado

El art. 1.2 de la Ley Concursal, destinado a regular el "presupuesto subjetivo", establece que "el concurso de la herencia podrá declararse en tanto no haya sido aceptada pura y simplemente". Esta regla se completa con otras normas dentro de la propia LC cuyo objeto es el de establecer quiénes están legitimados para solicitar el concurso de la herencia o cuáles son los efectos de la declaración judicial de este tipo de concurso sobre la administración y disposición del caudal relicto afectado por el procedimiento.

En cuanto a la legitimación, el art. 3.4 permite que tanto los acreedores del deudor fallecido como los herederos de éste o bien el administrador de la herencia soliciten el concurso de la herencia, pero no de cualquier herencia sino solamente de aquella que no haya sido aceptada de modo puro y simple. Por otro lado, el último inciso del art. 3.4 parece crear un nuevo caso de aceptación automática a beneficio de inventario, al decir que la solicitud formulada por el heredero producirá los efectos de la aceptación a beneficio de inventario.

Respecto a las facultades de administración y disposición sobre el caudal relicto, el art. 40.5 establece que en caso de concurso de herencia se producirá automáticamente la suspensión de estas facultades por parte de quien las ejercitase y pasan a ser asumidas por la administración concursal.

Parcialmente diferente del concurso de la herencia es la situación derivada de la muerte o declaración de fallecimiento de la persona concursada. Aquí el concurso ha sido ya declarado en vida del deudor y es, tras su fallecimiento, cuando se plantea la continuación como concurso de la herencia. De este concurso -sobrevenido- de la herencia se ocupa el art. 182 LC.

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