24. La práctica de la partición

La práctica de la partición

Las operaciones particionales típicas consisten en las siguientes: inventario del caudal hereditario, avalúo, liquidación, formación de lotes, y finalmente, adjudicaciones o hijuelas a los herederos.

La suspensión de la partición por embarazo de la viuda

El CC se refiere a las precauciones que deben adoptarse cuando la viuda queda encinta en los artículos 959 y siguientes. Sin embargo, la aplicación de tales preceptos parece imponerse en todo supuesto en el que exista un concebido que pueda tener derecho a la herencia. Esto puede suceder tanto por una previsión testamentaria (ej. que nombra heredero al posible hijo de una sobrina), cuanto por el hecho de que el causante deje encinta a mujer distinta de su esposa (pues los derechos sucesorios de los hijos extramatrimoniales son exactamente iguales que los de los hijos matrimoniales).

Conforme al art. 966, el efecto que provoca la existencia de un concebido es la suspensión de la partición: "La división de la herencia se suspenderá hasta que se verifique el parto o el aborto, o resulte por el transcurso del tiempo que la viuda no estaba encinta".

Las cautelas que quien esté embarazada de un concebido que pueda llegar a ser heredero ha de cumplir son:

  1. Debe poner en conocimiento de quienes tengan derecho a la herencia que puede nacer un hijo con derecho a la herencia abierta (art. 959).

  2. Debe poner en conocimiento de los mismos interesados el hecho de que se aproxima la época del parto (art. 961).

  3. Los interesados podrán instar judicialmente las providencias para evitar la suposición de parto (art. 960).

  4. Los interesados podrán incluso designar una persona para asistir al parto (art. 961).

La situación de interinidad que genera la existencia de un concebido con derecho a la herencia no debe, sin embargo, afectar a los posibles acreedores del causante: "el administrador podrá pagar a los acreedores, previo mandato judicial" (art. 966).

Las operaciones particionales

La efectiva liquidación de la herencia supone un proceso similar a la liquidación de la sociedad de gananciales. Esto es lógico, dado que, en definitiva, se trata de dividir entre varias personas un patrimonio hasta entonces conjunto. De otra parte, si el causante se encontraba casado bajo algún tipo de régimen económico-matrimonial de comunidad, la liquidación de "su herencia" presupone previamente la liquidación de la sociedad de gananciales o de la comunidad conyugal preexistente, pues al causante sólo le corresponderá, como regla, la mitad de los bienes comunes o, en su caso, gananciales.

En la actualidad, se lleva a efecto, en primer lugar, la liquidación de la sociedad conyugal y, posteriormente, se procede a la partición hereditaria. Ambas operaciones suelen llevarse a cabo en un documento conocido con el nombre de cuaderno particional que consiste en un documento privado realizado por un técnico en Derecho que asume la forma externa de un pequeño libro de contabilidad en el que se enumeran y valoran los bienes (fase de inventario y avalúo), se concretan las deudas y cargas (fase de liquidación) y, una vez obtenido el neto partible, se procede a la fijación de los lotes y las adjudicaciones (fase de adjudicación).

El borrador del cuaderno particional sirve de base para la presentación ante Hacienda de la correspondiente liquidación del Impuesto de Sucesiones, cuya gestión ha sido transferida a las CCAA.

Inventario y avalúo

Inventariar significa sólo realizar una enumeración de los bienes que conforman la masa hereditaria. El avalúo, por su parte, implica atribuir una valoración o estimación a cada uno de los bienes considerados. El inventario y el avalúo suelen realizarse conjuntamente, al estilo contable.

Resulta conveniente numerar todos los bienes del inventario, pues así cualquier referencia posterior a ellos no requerirá reiterar todos los detalles para su descripción.

El avalúo presenta dos problemas a quien haya de enfrentarse con la tarea de materializarlo:

  1. La valoración en sí misma. Podemos optar entre dos criterios, la valoración a la baja o la valoración de mercado. Se suele usar la valoración a la baja.

  2. La determinación del momento que ha de considerarse para valorar el as hereditario, pues la valoración puede encontrarse referida tanto al momento de apertura de la sucesión (fallecimiento del causante) cuanto al tiempo en que, efectivamente, se realiza la partición. La doctrina actual entiende que la interpretación del art. 1074 exige pronunciarse en favor de la necesidad de valorar los bienes atendiendo al momento de partición y no al de la apertura de la sucesión.

Liquidación

La fase de liquidación implica hallar el neto partible entre los herederos, deduciendo del activo hereditario el pasivo. En la práctica, significa atender al pago de las deudas existentes, detrayendo parte del metálico existente en la masa hereditaria o, en su caso, realizando algunos bienes de fácil conversión en metálico.

Formación de lotes y adjudicación

Correspondiendo al número de herederos existentes, se formarán seguidamente los correspondientes lotes de los bienes y derechos hereditarios, siendo frecuente que, una vez fijados, los lotes se sorteen entre los herederos, en evitación de suspicacias, aunque cabe también el acuerdo entre los herederos.

En la formación de los lotes rige el denominado principio de igualdad prescrito por el art. 1061: "en la partición de la herencia se ha de guardar la posible igualdad, haciendo lotes o adjudicando a cada uno de los coherederos cosas de la misma naturaleza, calidad o especie". Sin embargo, esto requiere la concordia entre los coherederos, pues el propio artículo es terminante: "Pero bastará que uno solo de los herederos pida su venta en pública subasta, y con admisión de licitadores extraños, para que así se haga".

Finalmente, arribamos a la fase de adjudicación, en la cual se atribuye a cada uno de los herederos los bienes que le han correspondido, haciéndole entrega en su caso de los títulos de pertenencia conforme a los arts. 1065 y 1066.

Los efectos de la partición

Propiedad de los bienes adjudicados

La culminación de la partición supone la extinción de la comunidad hereditaria y la adjudicación de bienes y derechos concretos a cada uno de los herederos. El CC afirma que "la partición legalmente hecha confiere a cada heredero la propiedad exclusiva de los bienes que le hayan sido adjudicados" (art. 1068).

La evicción y el saneamiento

Dispone el CC que "hecha la partición, los coherederos estarán recíprocamente obligados a la evicción y saneamiento de los bienes adjudicados" (art. 1069).

La obligación de saneamiento no la impone el CC de forma imperativa, sino como un elemento natural sobre el que cabe establecer pactos, incluso su radical exclusión (art. 1475).

El art. 1070 indica que no habrá obligación de saneamiento:

  1. "Cuando el mismo testador hubiese hecho la partición, a no ser que aparezca, o racionalmente se presuma, haber querido lo contrario, y salva siempre la legítima".

  2. "Cuando se hubiese pactado expresamente al hacer la partición".

La obligación de saneamiento entre coherederos es inicialmente mancomunada, pues, según el art. 1071 "es proporcionada a su respectivo haber hereditario", pero ha de tenerse en cuenta que el propio heredero perjudicado ha de ser computado a tal efecto.

Sin embargo, sigue afirmando el art. 1071 que "si alguno de ellos resultare insolvente, responderán de su parte los demás coherederos en la misma proporción, deduciéndose la parte correspondiente al que deba ser indemnizado". En tal caso, la obligación de saneamiento se convierte en solidaria.

El art. 1072 contiene una regla especial referida al supuesto de adjudicación de créditos a cualquiera de los herederos. El precepto distingue entre cobrables e incobrables.

En relación con los incobrables determina la inexistencia de responsabilidad de los restantes coherederos, aunque después afirma que "si se cobran en todo o en parte, se distribuirá lo percibido proporcionalmente entre los herederos".

Respecto de los cobrables, los coherederos no adjudicatarios serán responsables de la insolvencia del deudor hereditario al tiempo de hacerse la partición. Así pues, los coherederos en cuanto sucesores del causante-cedente, ven agravada su responsabilidad, pues no sólo responden de la existencia y legitimidad del crédito, sino también de la solvencia del deudor.

La ineficacia de la partición

El CC regula la rescisión de la partición (arts. 1073 y ss), pero cabe hablar también de nulidad y anulabilidad de la partición. De otra parte, la falta de consideración de algunos bienes que no fueron tenidos en cuenta en la fase de inventario puede generar la necesidad de complementar con tales bienes la partición realizada requiriendo una nueva operación divisoria del caudal hereditario.

La nulidad y anulabilidad de la partición

La invalidez de la partición causada por circunstancias intrínsecas a ella que afecten a cualesquiera de los requisitos esenciales de los actos jurídicos puede abocar a la nulidad o anulabilidad de la partición.

Habrá nulidad de la partición cuando falte alguno de los elementos esenciales del negocio jurídico o cuando la partición se haya llevado a cabo en contravención de alguna norma imperativa. Un supuesto particular de nulidad es el del art. 1081: "la partición hecha con uno a quien se creyó heredero sin serlo, será nula".

La anulabilidad, por su parte, se presenta en aquellos supuestos en que haya intervenido en la partición algún vicio de consentimiento o falta capacidad en alguno de los herederos.

La rescisión de la partición

La rescisión como categoría general de ineficacia

La rescisión es una forma particular de ineficacia del contrato que procede de un momento posterior a la celebración del mismo, cuyo alcance general se predica de cualesquiera otros actos y negocios jurídicos, tal y como lo resalta el art. 1073 al afirmar que "las particiones pueden rescindirse por las mismas causas que las obligaciones".

La rescisión se distingue, legal y teóricamente, de la nulidad y de la anulabilidad: la rescisión presupone un acto o contrato inicialmente válido, mientras que la nulidad y la anulabilidad implican la invalidez inicial del acto o contrato al que se refieren. Esta distinción se expresa, con carácter general, en el art. 1290: "los contratos válidamente celebrados pueden rescindirse en los casos establecidos por la ley".

Básicamente, las causas de la rescisión son la lesión y el fraude. El art. 1074 ordena que "podrán también ser rescindidas las particiones por causa de lesión en más de la cuarta parte, atendido el valor de las cosas cuando fueran adjudicadas". Es decir, la lesión se concreta cuando uno o varios de los coherederos han recibido menos del 75% de lo que realmente hubiera debido corresponderle.

Respecto de la partición realizada por el propio causante, "no puede ser impugnada por causa de lesión, sino en el caso de que perjudique la legítima de los herederos forzosos o de que aparezca o, racionalmente, se presuma que fue otra la voluntad del testador" (art. 1075).

La acción rescisoria en relación con la partición

En relación con el plazo de ejercicio, el art. 1076 establece que "la acción rescisoria por causa de lesión durará 4 años, contados desde que se hizo la partición".

El referido plazo es de caducidad y su cómputo ha de comenzarse en el momento en que la partición ha sido practicada, sin que quepa prórroga o suspensión alguna de dicho plazo.

Efectos de la rescisión

El efecto fundamental de la rescisión es obtener la devolución de todo aquello que haya sido entregado por virtud del acto o contrato rescindible. De tal modo que, conforme al art. 1078 "no podrá ejercitar la acción rescisoria por lesión el heredero que hubiese enajenado el todo o una parte considerable de los bienes inmuebles que le hubieren sido adjudicados".

La existencia de lesión, pudiendo ejercitar el lesionado la correspondiente acción, no implica la necesidad de proceder a una nueva partición, pues el art. 1077 faculta al heredero demandado a optar "entre indemnizar el daño o consentir que se proceda a nueva partición".

Es más, al hablar el CC de "nueva partición" no está pensando en la necesidad de privar de efecto a la partición originaria, pues conforme al art. 1077 "si se procede a nueva partición, no alcanzará ésta a los que no hayan sido perjudicados ni percibido más de lo justo". Por tanto, puede ser un mero reajuste en que estén interesados únicamente los lesionados y los beneficiados, pero no los restantes herederos.

De otra parte, debemos señalar la posibilidad de ejercicio de la acción de rescisión por lesión incluso en el caso de que se haya llevado a cabo la partición hereditaria con expresa manifestación de conformidad del heredero que la impugne (STS 108/2014).

La modificación o complemento de la partición: la partición adicional

Finalmente debemos considerar el supuesto en que la eficacia de la partición se ponga en duda por el hecho de que las operaciones divisorias en su día realizadas no alcanzaran al conjunto de bienes del caudal hereditario, sea porque no se cumplió el deber de colacionar en relación con algún bien concreto, por "aparición" de algún bien que no fue tenido en cuenta o porque, al liquidar la sociedad conyugal previa, se atribuyó al causante como privativo un bien que realmente era ganancial o del otro cónyuge.

En tales casos, el CC no se inclina por la nulidad o la rescisión de la partición, sino únicamente por instaurar un remedio que modifique o complemente la partición realizada. Así, conforme al art. 1079, "La omisión de alguno o algunos objetos o valores de la herencia no da lugar a que se rescinda la partición por lesión, sino que se complete o adicione con los objetos o valores omitidos".

El TS interpreta de manera extensiva la expresión "omisión de algunos objetos o valores", propugnando que la vía del art. 1079 resulta procedente también cuando la adjudicación realizada en favor de cualquiera de los herederos ha sido indebidamente valorada (STS 26/02/1979).

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