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01. Introducción. Los dos planos del saber: el plano ontológico y el plano crítico o epistemológico

Preliminares

Una verdadera organización de los saberes que garantice su especificidad teórica, la de sus objetos y la de los métodos que le son adecuados, ha de articularlos según dos criterios de inteligibilidad principales:
  1. Todo saber propio de una cosa es, además, un comportamiento humano, que compromete la responsabilidad de quien lo ejerce, es decir, los aspectos teoréticos no son separables de los éticos, aunque unos y otros puedan deslindarse desde el punto de vista del conocimiento. Ejemplo: un genocidio puede ser teóricamente la solución más racional y eficaz a un problema de superpoblación, pero casi nadie cuestionaría su perversidad desde el punto de vista ético.

  2. Todo saber se refiere a una realidad, una existencia; es decir, todo saber va necesariamente dirigido hacia el ser de su objeto, y éste no puede quedar nunca reducido al método empleado para conocerlo, que no es sino un instrumento. La carencia de esta certeza en la mayoría de los trabajos de investigación actuales implica una cierta degradación de los saberes humanísticos iniciada ya hace siglos: degradación que no sólo tiene consecuencias en el ámbito teórico, sino también en el práctico. La multiplicación de los métodos no aporta, por sí misma, garantías de un mejor conocimiento.

Los distintos planos del discurso: plano lógico, ontológico y epistemológico

Es evidente que el derecho es algo, y por tanto resulta necesario preguntarse qué es el derecho. El saber que se pregunta por el ser de las cosas es el metafísico u ontológico. Lo propio no puede ser preguntarse por algún o algunos aspectos concretos de la cosa, sino de forma total, por lo que es la cosa propia o principalmente, es decir, por lo que es la cosa en tanto que es; lo que es una forma indirecta de preguntarse por todos aquellos aspectos que conforman el ser de esa cosa. Equivale a "abrir el baúl" de ese algo y comprender todos los aspectos o modos de ser que lo constituyen; pero comprenderlos conjunta y universalmente, no de forma dispersa, no reduciendo la cosa a alguno de ellos. Y esos aspectos, para que sean comprendidos, han de ser previamente conocidos, lo que hace necesario articularlos conceptual y lingüisticamente; es decir, hacer posible que sean dichos. Por ello, la pregunta ontológica o metafísica es la más radical, pues implica todos los aspectos de la cosa a analizar, siempre que estos puedan ser dichos en el lenguaje.

Esta pregunta nos conduce a dos cuestiones: una lógica y otra epistemológica. Tratar de determinar lo que sea el derecho, es tratar de definirlo con respecto de las otras cosas, y para definir algo debemos acudir a otro saber: la lógica. En este sentido, la lógica cumple con respecto de la metafísica el papel de un instrumento de ésta: es decir, sirve para articular conceptual y lingüisticamente el saber metafísico con el fin de poder dar una respuesta efectiva a las cuestiones que plantea. Ahora bien, al tratar de definir algo, como al tratar de determinar lo que ese algo sea, tenemos que acudir a unos criterios que nos expliquen cómo podemos definir o determinarlo: las diversas perspectivas a través de las cuales el lenguaje puede referirse a él. Estos diversos criterios con arreglo a los cuales determinamos lo que sea propiamente algo constituyen las diversas aplicaciones de la lógica a los distintos objetos o campos: las distintas perspectivas epistemológicas, las cuales nos permiten comprender lógicamente ese algo.

En resumen:

  • Referirse a lo que es la cosa es lo propio del plano metafísico del saber.

  • Lo que nos permite articular conceptual y lingüisticamente este saber global del ser es el plano lógico del saber, expresado a través del lenguaje.

  • Las diversas lógicas materiales que determinan los diversos aspectos de algo conforme a unos criterios de conocimiento específicos constituyen, finalmente, el plano epistemológico del saber.

Así, tenemos: la especulación sobre lo que son las cosas (metafísica), la forma adecuada en que el lenguaje puede referirse a ellas (lógica) y las diferentes perspectivas o criterios desde los que se puede hablar sobre ellas (epistemológicas).

Los planos del discurso en el ámbito jurídico

Responder a lo que es el derecho es tratar de definirlo. Ahora bien, ¿cabe una única definición de lo que sea el derecho?. Si cupiera ésta, sería porque el derecho fuera una cosa absolutamente independiente de las otras, de las cuales se podría abstraer o deslindar; pero el sentido común nos muestra que el derecho implica siempre una relación entre seres o cosas y, por tanto, que este carácter relacional impide su consideración como algo absolutamente independiente.

Solemos decir que la consideración esencial del derecho es la de ser norma jurídica. Pero otros discreparían, argumentando que su naturaleza es la de ser un hecho social y que las otras definiciones deberían supeditarse a esta. Otros podrían decir que se trata del producto de la naturaleza humana conforme a un principio moral, y que tal principio rige las otras manifestaciones que se puedan dar de aquél.

Todas estas concepciones son ciertas; el problema es si la certeza de cada una de ellas es exclusiva o incompatible con la de las demás. Es decir, ¿en qué plano del saber son ciertas?

¿Cabe primar un plano del discurso jurídico sobre los demás?. La tesis de Reale

Si el derecho fuera ontológicamente, bien una norma, bien un hecho social, bien un valor moral, al elegir un solo aspecto, los otros dos no podrían constituir lo que el derecho es; sino, a lo más, una participación o accidente de lo que es el derecho, y lo que participa de algo no es propiamente ese algo. Por tanto, ninguno de ellos podrá ser propia u ontológicamente derecho; y eso, a fuerza de querer cada uno de ellos serlo en exclusividad.

Por otra parte, si la manera de articular el discurso sobre lo que sea el derecho corresponde a la lógica, y ésta lo hace definiendo su objeto, parece entonces, por lo que acabamos de decir, que no cabrá una única definición de éste.

Y sin embargo, resulta evidente que el derecho es algo. ¿Qué es entonces? Sea lo que fuere, parece evidente que no puede ser ontológicamente.

¿Será entonces, acaso, la suma de estos tres rasgos? Esta es la tesis, que podríamos llamar ecléctica, de M. Reale, quien, al distinguir estos rasgos (hecho, valor y norma), dice que no existen separados unos de los otros, sino que coexisten en una unidad concreta. Esta opinión que parece resolver el problema, no hace sino complicarlo. Veamos por qué. Si el punto de vista ontológico trata de dar una respuesta de lo que es el derecho, y en opinión de Reale el derecho se reduce a un compuesto de elementos que coexisten entre sí, entonces no se está refiriendo a la esencia de lo jurídico, sino a un compuesto accidental, una mera suma de definiciones. Ahora bien, como es sabido, la suma de algo no es sino lo que se le añade a algo y, por tanto, un accidente, pero el accidente no es sustancia, sino una suma o añadido a ésta; y siendo la sustancia, como sabemos, el objeto propio del saber ontológico, el argumento de Reale no permitirá dar una respuesta, pues no explica en que consiste la sustancia o esencia de aquél.

Un paso más: lógica unívoca y lógica analógica

Hemos dicho que el derecho no se puede definir con respecto de las otras cosas y por tanto que, al no poder abstraerse de ellas, no puede ser una cosa singular. Ahora bien, si no puede ser definido es porque no admite un único sentido, y si no se le puede atribuir un único sentido será porque admitirá varios; y como la lógica es aquel saber que articula nuestro discurso sobre lo que sea algo a partir del sentido o sentidos de ese algo, resulta evidente que, en este caso, no podrá articularse el saber ontológico del derecho según una lógica unívoca (según un único sentido), sino en razón de una lógica analógica (que admite varios sentidos en relación de semejanza entre sí).

Al implicar una relación entre cosas, si queremos dar respuesta a lo que sea el derecho, tendremos que acudir a los diversos sentidos que se le puedan atribuir: todos ellos son realmente derecho, pero cada uno lo es según una perspectiva epistemológica propia.

De este modo, si el derecho no es una cosa realmente distinta de los diversos sentidos que le atribuimos, pero tampoco exclusivamente uno de sus sentidos, ni tampoco la suma de todos ellos, entonces, necesariamente habrá que distinguir entre lo que sea propiamente el derecho y los diversos sentidos particulares que se le puedan atribuir.

Hacerse cargo de la complejidad del problema supone admitir que, si bien la realidad del derecho es una, no se puede decir de una sola manera, ni tampoco se le puede atribuir la suma de todos ellos, sino que habrá que distinguir lo que es propiamente el derecho de los diferentes sentidos que se le puedan atribuir, y no superponer ni reducir uno de los planos al otro.

Por el contrario, será preciso entender que la unidad real, ontológica, del derecho es una y que los diversos sentidos de esta realidad hacen referencia, no tanto al ser real del derecho como a su modo específico de conocerlo, siendo todos ellos propia o totalmente derecho.

En resumen: siendo el derecho real u ontológicamente uno, sólo puede ser conocido llevándolo al lenguaje a través de sus diversas perspectivas epistemológicas; el instrumento que nos permite articular la unidad de lo que es realmente el derecho con la diversidad epistemológica en la que se dice o significa es propiamente el plano del saber lógico. Esta es la única manera de evitar las reducciones que veremos a lo largo del presente texto, cuyos tipos generales veremos a continuación con mayor detalle.

Reducciones de tipo lógico, ontológico y crítico

Hemos distinguido dos planos del saber: el plano ontológico y el plano epistemológico. El primero se pregunta por lo que es el derecho, no por un aspecto particular de éste, sino por lo que es propiamente y, por tanto, tiene por objeto el ser real. El segundo no se plantea tanto lo que es el derecho sino cómo aparece éste a nuestro entendimiento, es decir, cómo puede ser conocido y bajo qué criterios lo conocemos y decimos. Por último, existe un tercer plano, el lógico, que permite articular ambos extremos, el cual nos ayuda a abrir la pregunta por lo que es la unidad real del derecho, articulando u organizando las diversas respuestas que se puedan dar atendiendo a los diversos criterios epistemológicos.

Pues bien, la confusión entre estos diversos planos del discurso por parte de muchos juristas ha supuesto, como sabemos, reducciones y superposiciones con consecuencias confundentes. Puesto que disponemos ya de las herramientas teóricas para comprender su sentido, veremos las más importantes:

  • En primer lugar, si el derecho es realmente uno pero epistemológicamente múltiple, no se puede decir que el derecho sea realmente múltiple en tanto que es conocido de forma diversa, pues uno y otro plano del saber son totalmente distintos. Es cierto que el derecho materialmente es el mismo, tanto en el plano ontológico (o del ser en tanto que real) como en el epistemológico (o del ser en tanto que conocido). La materia del derecho viene dada siempre por una relación entre dos personas o entre un bien y una persona, y estos dos elementos son los mismos en uno u otro plano. Ahora bien, en lo que sí difieren el plano ontológico y el plano epistemológico es en cuanto a la forma específica de sus objetos respectivos. Para el ontólogo, la forma real del derecho vendrá dada por la relación que vincula adecuadamente sus términos materiales; para el epistemólogo, por el contrario, la forma de su objeto no será ya la del ser real, sino la del ser conocido y, por tanto, una forma conceptual que, aun teniendo como fundamento la relación, variará en función del criterio epistemológico mediante el cual se conciba.

  • Del mismo modo cabe una segunda reducción. Esta se ha producido como consecuencia de la separación entre el aspecto ontológico y el epistemológico, no como dos saberes distintos dentro de una única realidad, sino como si fueran dos realidades distintas, lo que ha conducido al desarrollo de todo tipo de perspectivas de tipo ontológicos del derecho que han tratado de concebir a éste al margen de los diversos aspectos epistemológicos en virtud de los cuales podemos conocerlo. Estas teorías de tipo ontológicos entienden el derecho como si fuera una pretendida realidad anterior, pura y separada de sus decires o sentidos diversos; teoría que, sin embargo, tendrá que atribuir algún sentido determinado a esa presunta realidad separada si, al menos, quiere decir algo de ella.

  • Por último, ha existido una vía intermedia con mucho éxito entre la doctrina contemporánea, la cual admite que, efectivamente, la realidad del derecho es sólo una, aunque su perspectiva epistemológica sea diversa y que, por tanto, al considerar el término derecho bajo diversos sentidos, lo entienden no como un término unívoco, sino como un término análogo. Ahora bien, al desarrollar los diversos sentidos en los que éste se dice, atribuyen a uno de ellos, un carácter principal frente a todos los otros sentidos, que pasan a ser participaciones o accidentes de ese primero. Este análisis implica una nueva reducción, no sólo del plano ontológico al plano epistemológico, sino entre los diversos planos epistemológicos, pues configura a uno de ellos, la acepción normativa del derecho, como el sentido propiamente dicho del derecho y, por tanto, como aquel que dice propiamente lo que es éste, suplantándoselo a las otras perspectivas que, con igual dignidad y sentido, son capaces de ofrecer su propio orden de importancia epistemológica a la hora de comprender lo que sea el derecho.

Lo más que podríamos hacer, en caso de establecer un orden de jerarquía entre los diversos sentidos del derecho, es señalar a partir de qué criterio epistemológico realizamos ese orden; pero en ningún caso cabrá suplantar la realidad jurídica por ese orden impuesto arbitrariamente según sus solas consideraciones epistemológicas.

Resumamos estas reducciones. La primera reduce el plano del ser real al plano del ser conocido o plano epistemológico, pues al identificar ambos planos se llega a concebir el derecho como realmente múltiple en tanto que es diversamente conocido. La segunda reduce los planos epistemológico y lógico del saber al plano ontológico, al entender el derecho como una realidad anterior y separada de sus diversos sentidos; realidad de la que nada podríamos decir, pues el solo intento por predicar algo de ella la dejaría desde ese mismo momento sin fundamento. La tercera implica una reducción entre las diversas perspectivas del plano epistemológico, al configurar a una de estas perspectivas como aquella que dice propiamente lo que sea el derecho, siendo las otras perspectivas simples participaciones o accidentes de aquélla. Esta postura implica también una reducción del plano ontológico al plano epistemológico, pues al considerar lo que es el derecho según un único criterio, o al menos principalmente bajo ese criterio, dejaría de respetarse lo específico de cada plano, pues sería ahora el plano epistemológico lo constitutivo de lo real y, en consecuencia, el que sustituiría al plano ontológico del saber.

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