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03. Los modelos de ciencia jurídica en el positivismo

En el siglo XVI comienza a abrirse paso el modelo del derecho natural racionalista. Se desarrolla y adquiere esplendor hasta que el Estado burgués se implanta del todo a finales del siglo XVIII, tras la Revolución francesa, coincidiendo con el momento más pujante del capitalismo como forma económica y con la aparición de la Revolución industrial. Es a continuación, en los albores de la Edad Contemporánea, cuando surge una tendencia intelectual que se impone en Occidente a partir del siglo XIX y que tiene en este siglo, y en la primera mitad del XX, su época de máximo esplendor: el positivismo.

El positivismo tiene su origen en el modelo epistemológico de las modernas ciencias físicas o naturales. Se piensa que el auténtico saber científico es aquel que se basa en lo que los positivistas denominan los hechos, lo empíricamente constatable; de tal modo que se niega cualquier tipo de planteamiento metafísico, frente a lo físico, verdadero ámbito al que hay que atenerse para llevar a cabo una actividad que pueda considerarse como científica. Esta doctrina considera susceptibles de conocimiento sólo a los hechos físicos.

En su evolución, el positivismo se hizo más complejo, adoptando las posiciones del llamado "empirismo lógico" de los positivistas radicales del Círculo de Viena. El lenguaje de la ciencia se entendía como un lenguaje ideal, formalizado, de estructura matemática, a modo de un espejo artificial construido para ser el reflejo del mundo, inequívocamente infalible en su correspondencia con lo que pretende significar: la correspondencia de las palabras con las cosas. Se creía realizar así el sueño filosófico del positivismo: un lenguaje transparente, sin opacidades, capaz de dar cuenta de lo real. Así, se entendía que este lenguaje matematizado era el instrumento adecuado para describir, no sólo los fenómenos característicos de las ciencias empíricas de la naturaleza, sino también cualesquiera otros en el ámbito de las "ciencias humanas". En consecuencia, el papel de la filosofía debía limitarse al mero análisis lógico de las proposiciones lingüísticas sobre las cosas, mediante procedimientos lógico-formales de tipo matemático. La verificación de esas proposiciones mediante estos métodos constituiría el "criterio de verdad" de dichos enunciados, y por lo tanto, una vez realizada esta comprobación empírica, éstos pasarían a ser enunciados científicos. Cualesquiera otros debían ser considerados como carentes de significado.

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