15. Pluriculturalismo y multiculturalismo

1. El problema de la integración de los inmigrantes

Los procesos migratorios actuales obedecen a motivos económicos: se trata de poblaciones desplazadas por la miseria y/o la violencia. Pero una buena parte posee unos valores extremadamente diferentes de los de la sociedad de acogida y no acuden ya con las ansias de integración que presidieron, por ejemplo, la emigración a los EEUU durante los últimos decenios del XIX y comienzos del XX.

2. El problema de la integración de las minorías

En la expresión Estado nacional coexisten dos referencias que cada vez tienden a oponerse más: Estado y nación. El primero, que tiene un sentido técnico-organizativo, impersonal, vinculado sin más a la ciudadanía, a lo común, designa aquello que nos une sin precisiones, como seres mutuamente vinculados, ante todo, por sus derechos. Pero la segunda, que hace referencia al sustrato material y no a la organización, tiene un sentido cultural y suele vincularse a la diferencia: pues no es difícil interpretar la nación como signo del destino compartido de una comunidad preexistente al Estado, y entonces entramos en el ámbito del nacionalismo.

3. El problema general: la "inclusión del otro". La tensión entre la tendencia a la igualdad y el reconocimiento de la diversidad

Habermas ha resumido el sentido de todos estos problemas, utilizando para ello una frase que es, a la vez, el título de una de sus obras más difundidas: la inclusión del otro.

Aunque las diferencias entre los grupos de problemas que hemos visto en los dos epígrafes anteriores son grandes, el esquema general es similar: en todos los casos, una minoría reclama un reconocimiento específico dentro de un Estado nacional con estructuras democráticas; reconocimiento que puede estar delimitado por motivos étnicos, religiosos, lingüísticos, sociales... En última instancia, culturales.

4. Liberalismo radical, liberalismo moderado y comunitarismo

El liberalismo radical se caracteriza por una visión individualista de la ciudadanía y de los derechos que la forman; una visión claramente inspirada en el pensamiento contractualista, donde la función de la sociedad política y del Estado no es sino facilitar el libre desarrollo de los sujetos, considerados como seres libres y autónomos, limitándose a no interferir y a remover los obstáculos a dicho desenvolvimiento. La visión liberal de los derechos es, pues, negativa, en el sentido de que el Estado se obliga ante todo a protegerlos y no a promover a su través transformación alguna. Obviamente, el sentido comunitario es débil o inexistente en el pensamiento liberal, que no contempla un ejercicio de los derechos que no se dé en el plano individual y para el cual el espacio de lo público exceda el de la libre concurrencia de los ciudadanos. En este modelo toda forma de diferencia está llamada a la pura y simple asimilación, pues no entiende, en aras de un universalismo radical, que deba matizarse el ejercicio de éstos en función de diferencia alguna. Se suele criticar a este modelo que se inspire en el mercado, entendido como libre concurrencia de sujetos en condiciones igualitarias.

5. Pluriculturalismo y multiculturalismo. El llamado patriotismo constitucional

Cuanto hemos visto nos permite una constatación: el núcleo de estos problemas sigue siendo la tensión entre la identidad y la diferencia.

La desconfianza, la ceguera a la diferencia liberal suele poner en guardia a las minorías y ayuda no poco a reforzar los elementos identitarios, precisamente a fuerza de negarlos; a la vez, la exasperación de dichos elementos por parte de los antiliberales amenaza no pocas veces el patrimonio común de los derechos, con el resultado de exasperar la propia postura... Y la del adversario.