03. Clases de versificación

Versificación

Ya sabemos que el verso exige al poeta que ordene las palabras de manera que se repitan de alguna manera sus acentos y sus pausas.

A lo largo de la historia existen, además, otras clases de versificación distintas de las que ha adoptado nuestra literatura.

Paralelismo

Así, por ejemplo, algunos escritores usan el procedimiento paraleltstico que consiste en agrupar dos o más frases en las que se repiten palabras o ideas. Cuando van en principio de frase se llaman anáforas.

Ejemplos :

1)    (Antiguo Oriente)

Y entonces verán al Hijo del Hombre viniendo en las nubes con gran poderío y gloria; y entonces enviará los ángeles y congregará los escogidos.

(Evangelio de San Marcos, 13, 26-27.)

2)   (Edad Media)

[a]   levad amigo que dormides as manhanas frias

[b]  todas as aves do mundo d'amor dizian

[a]   levad amigo que dormides as frias manhanas

[b]   todas as aves do mundo d'amor cantavan.

3)   (Siglo xvi)

Por mí, Señor, naciste en un establo; por mí fuiste reclinado en un pesebre; por mí circuncidado el octavo día; por mí desterrado en Egipto; y por mí, finalmente, perseguido y maltratado con infinitas maneras de injuria.

(Fray Luis de Granada: Guía de Pecadores.)

4)   (Siglo xix)

El texto de Bécquer que figura en la página siguiente es también paralelístico.

Aliteración

Algunos poetas intentan dar una bella expresión a sus versos repitiendo sonidos que sugieren lo que el poeta desea.

Es decir, que se trata de una cacofonía voluntaria. Así, por ejemplo, en la abundancia de erres del siguiente verso de Zorrilla el poeta se propone sugerir el estruendo de el Ruido con que Rueda la Ronca tempestad.

Versificación clásica

Llamamos versificación clásica a la que usaron los grandes poetas de la Antigüedad en Grecia y Roma, desde el siglo v antes de J. C. hasta el siglo iii de la era cristiana.

Clásico quiere decir modelo, porque efectivamente durante muchos siglos los autores grecolatinos han servido de ejemplo a los estudiosos de la literatura.

Su carácter rítmico

La versificación clásica grecolatina se apoya exclusivamente en los pies rítmicos, que ya hemos estudiado. Pero este ritmo no era acentual (con sílabas fuertes y débiles) sino que las sílabas tenían distinta duración, dividiéndose en largas (—) y breves (u).

Así, los pies binarios eran principalmente combinación de:

  • larga y breve (— U) y se llaman troqueos

  • o de breve y larga (U —) y se denominan yambos.

Los pies ternarios más usados son:

  • larga, breve, breve (— UU) o dáctilos

  • breve, larga, breve (U — U) o anfíbracos

  • breve, breve, larga (UU —) o anapestos.

Los más famosos poemas de la Antigüedad están escritos en versos hexámetros, llamados así por contener seis pies rítmicos cada uno.

En la versificación moderna, los pies rítmicos (pág. 15) se consiguen combinando sílabas tónicas (largas) con átonas (breves).

Así: el troqueo suena óo óo óo; el yambo, oó oó oó oó; el dáctilo, óoo óoo óoo; el anfíbraco, oóo oóo oóo; el anapesto, ooó ooó ooó.

Versificación española: el verso aislado

Versificación silábica. Medida de los versos

La versificación usada por los poetas españoles se basa fundamentalmente en el número de las sílabas del verso.

El arte de medir las sílabas de los versos se llama métrica.

Cómo se cuentan las sílabas de un verso

Para medir un verso debemos considerar que todas sus palabras constituyen un conjunto fonético, como si fueran un solo vocablo.

El número de sílabas métricas es, pues, distinto del de las sílabas gramaticales.

Reglas métricas

La sinalefa

La vocal final de una palabra forma una sola sílaba con la primera de la palabra siguiente (y a esto se llama sinalefa), incluso cuando se trate de dos vocales fuertes, que no constituyen diptongo.

Pongamos como ejemplo, este verso de Góngora:

amarrado al duro banco

que nosotros leemos:

1    2    3      4        5   6   7   8

A/ma/rra/DOAL/du/ro/ban/co

con lo cual la o final de la primera palabra se une a la a inicial de la segunda: (doal). Se trata, pues, de un verso de ocho sílabas.

La sinalefa puede también fundir en una sola sílaba más de dos vocales. Así el verso:

más precia el ruiseñor su pobre nido

de la famosa Epístola moral a Fabio, es de once sílabas porque la separación en sílabas poéticas es como sigue:

1      2      3       4   5    6    7   8   9  10 11

más/pre/CIAEL/rui/se/ñor/su/po/bre/ni/do

Cuando entre dos vocales (en fin y principio de palabra) existe una conjunción copulativa (y) o disyuntiva (o) ésta sólo forma sinalefa con la palabra que va a continuación.

Así

1   2    3   4    5   6  7   8    9  10 11

en/tan/to/que/de/ro/sa/YA/zu/ce/na

Si la conjunción  va tras vocal y delante de consonante,  forma sinalefa con la vocal (ya y viene, se lee VAY viene).

La sinalefa puede no ser válida cuando se forma por un diptongo que el acento destruye:

a/plá/ca/se/la/ /i/ra    (heptasílabo)

la/del/que/ /hu/ye el/mun/da/nal/ru/i/do    (endecasílabo)

El acento final del verso

Cuando recitamos un verso cuya última palabra es aguda, nuestra voz se prolonga un poco. Por ello, al medirlo, debemos contar una sílaba más.

Así el verso:

el infante vengador

lo mediremos así:

1   2    3   4   5    6   7   (+ 1) = 8

el/in/fan/te/ven/ga/dor

Inversamente, cuando la palabra final de un verso es esdrújula, tendemos a acortar el tiempo de las últimas sílabas y por lo tanto la medida poética debe ser menor que la gramatical, y contar una sílaba menos.

Así el verso:

escucha el dulce cántico

lo mediremos así:

1   2      3      4    5    6    7 8   (- 1) = 7

es/cu/chael/dul/ce/cán/ti-co

Licencias métricas

Algunas veces, al medir un verso, observamos que el poeta ha utilizado una licencia o excepción a las reglas.

La diéresis

La diéresis colocada sobre la vocal débil (i, u) de un diptongo, lo destruye pasando a tener dos sílabas, permitiendo al poeta contar una sílaba más.

Así. por ejemplo, estos versos de Villegas

Agora que süave

nace la primavera

¿no ves cómo las olas

del ancho mar quïetas

aflojan los furores

y amigas se serenan?

tienen siete sílabas, ya que suave y quieta son trisílabas.

La sinéresis

La segunda licencia métrica, menos usada, consiste, inversamente, en convertir en sílaba diptongo dos vocales que, por ser fuertes, no lo constituyen.

Así, el verso del fabulista Samaniego

el león rey de los bosques poderoso

cuenta once sílabas, ya que la palabra león se toma como monosilábica, como si pudiera ser diptongo (cosa imposible por tratarse de dos vocales fuertes).

Mídase, pues

1      2      3   4   5    6       7    8   9 10 11

el/león/rey/de/los/bos/ques/po/de/ro/so

El hiato

El hiato consiste en no utilizar la sinalefa, es decir, en contar como sílabas distintas la de la vocal final de una palabra y la inicial de la siguiente.

Así por ejemplo en el verso

Ave Santa María // Estrella de la mar

las líneas verticales indican que hay hiato y no sinalefa.

Vemos, por tanto, cómo las sílabas gramaticales en el verso son alteradas por la fusión de los vocablos dentro del mismo o por licencias permitidas, desde tiempo inmemorial, a los poetas, pero de las que no conviene abusar.

Denominación de los versos por el número de sus sílabas

Ateniéndonos a las reglas señaladas, y de acuerdo con sus sílabas poéticas, diremos que un verso puede ser bisílabo, trisílabo, tetrasílabo, pentasílabo, hexasílabo, heptasílabo, octosílabo, eneasílabo, decasílabo, endecasílabo, dodecasílabo, tridecasílabo y alejandrino (el de catorce sílabas). Son bastante frecuentes los de dieciséis.

Versos más largos no suelen usarse entre los clásicos españoles, pero pueden encontrarse en la poesía contemporánea. Recuérdese la Marcha triunfal de Rubén Darío (págs. 23-24) con versos de 21 sílabas.

Valor expresivo de la medida de los versos

En general puede decirse que los versos muy cortos -de dos o siete sílabas- dan una expresión ligera y graciosa, propia para las canciones o temas sencillos, mientras los versos largos se prestan más para los temas amplios y solemnes.

Así, el fabulista Iriarte nos quiere mostrar la agilidad y la viveza de movimientos de la ardilla haciéndola hablar con este ritmo:

Yo soy viva

soy activa,

me meneo,

me paseo,

yo trabajo,

subo y bajo,

no me estoy quieta jamás.

En cambio, la solemnidad del paso del tiempo puede notarse en estos dos versos de Rodrigo Caro, A las ruinas de Itálica, cuyo ritmo nos llena de melancolía:

Las torres que desprecio al aire fueron

a su gran pesadumbre se rindieron.

Acentos y pausas en el verso

Versos castellanos

La versificación española no es, en general, de pies rítmicos como la grecolatina. Sin embargo, el acento tiene su importancia en algunos casos.

Arte mayor y arte menor

Los versos de carácter popular suelen oscilar entre las tres y las ocho sílabas y se les llama de arte menor; los de carácter culto, de nueve sílabas en adelante, y se les denomina de arte mayor.

Acentos principales y secundarios

Ciertos versos castellanos tienen acentos que se llaman principales o dominantes, porque se destacan más al oído, y se colocan en sílabas determinadas; los demás acentos se llaman secundarios.

El verso octosilábo

El verso octosílabo es el más extendido en la poesía popular española.

Los relatos o romances que en la Edad Media llevaban de boca en boca las hazañas de los héroes de la Reconquista están formados por versos octosílabos.

Sus acentos

Sus acentos principales suelen estar en las sílabas 3ª  y 7ª  ó 1ª  y 7ª.

El verso endecasílabo

El verso endecasílabo es el más difundido en la poesía de carácter culto.

El verso endecasílabo fue importado de Italia (siglo xv) por el Marqués de Santillana, y en el siglo xvi por dos grandes poetas: Boscán y Garcilaso.

División por su acento

El   verso  endecasílabo  italiano puede dividirse:

a)   En endecasílabo con acento dominante en sexta sílaba:

El dulce lamenTAR de dos pastores

Salido juntaMENte y Nemoroso. . .

Garcilaso

b)   Endecasílabo con acento dominante en cuarta y octava sílaba:

Dulce veCIno de la VERde selva

Villegas

Ambos endecasílabos pueden y suelen mezclarse en la composición poética:

Flérida para MI dulce y sabrosa (6ª)

más que la FRUta del cerCAdo ajeno (4ª y 8ª)

más blanca que la LEche y más hermosa (6ª)

que el prado por aBRIL de flores lleno. . .  (6ª)

Existen, finalmente, unos endecasílabos acentuados en cuarta y séptima, menos usados, y conocidos por endecasílabos de gaita gallega:

Libre la FRENte que el CASco rehusa. . .

Rubén Darío

Pausas o cesuras

Los versos de arte mayor pueden presentar, para su recitación, alguna breve pausa interior que se llama cesura (//) y que divide el verso en dos partes o hemistiquios.

Métrica del hemistiquio

a) El primer hemistiquio debe ser medido como si fuera un verso suelto, es decir, que contará como sílaba más si termina en palabra aguda, y una menos si acaba en palabra esdrújula.

Ejemplo:

1     2   3    4    (5 + 1) = 6            1   2    3    4   5  6= 12

dul/cí/si/mo a/mor                  //oh/vir/gen/Ma/rí/a

1  2   3   4    5    6 (7-1) = 6        1   2    3    4    5   6 =12

a/zu/ce/na/mís/ti-ca//                es/tre/lla/que/guí/a

b) La cesura obliga al hiato, es decir, que no forman sinalefa la vocal final del primer hemistiquio y la primera del segundo (mística // estrella).

Hemistiquios regulares

En general, los hemistiquios (o medios versos) deben dividir los versos de sílabas pares en partes iguales.

Así en estos ejemplo.,.

dodecasílabos: era una floresta // cuajada de rosas

alejandrinos: la princesa está triste // ¿qué tendrá la princesa?

Hemistiquios irregulares

A veces, sin embargo, los hemistiquios son distintos, pudiendo ser mayor el primero o el segundo, según el ritmo que quiera darle el poeta.

He aquí un ejemplo: versos dodecasílabos con hemistiquios desiguales (7 + 5) por tener la cesura después de la séptima sílaba:

Un músico es el campo // que la armonía

va casando en las hojas // miles de flores,

y es cada huerto alegre // la sinfonía

de ópera sin sonidos // fija en colores.

Salvador Rueda

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