03. La celebración del matrimonio

Introducción

Elementos y formas del matrimonio

La celebración no esta exenta de controles o requisitos previos, referidos a la aptitud o capacidad matrimoniales de los esposos. El CC inicia la regulación de la forma de celebración del matrimonio afirmando que “cualquier español podrá contraer matrimonio dentro o fuera de España”:

  1. Ante el Juez, Alcalde o funcionario señalado por este Código.

  2. En la forma religiosa legalmente prevista.

La Ley 35/1994, de 23 de diciembre: autorización del matrimonio civil por los Alcaldes

Hasta la aprobación de dicha Ley sólo en supuestos excepcionales tenían competencia los Alcaldes para autorizar la celebración del matrimonio civil. A partir de ella “Juez, Alcalde o funcionario”, se extiende a todos los Alcaldes sin excepción la posibilidad de autorizar los matrimonios civiles.

La aptitud matrimonial en general

La edad

“No pueden contraer matrimonio.... los menores de edad no emancipados”. Los menores emancipados y, en todo caso, los mayores de edad tienen aptitud física suficiente, atendiendo a la edad, para contraer matrimonio.

No habiendo introducido la reforma de 1981 una edad hábil para contraer matrimonio, se llega a la conclusión de que la edad núbil es tendencialmente la de dieciocho años, adelantándose a los dieciséis en el caso de se dé alguno de los supuestos de emancipación.

No obstante, el requisito de la edad sigue siendo susceptible de dispensa siempre que el menor haya cumplido catorce años, por parte del Juez de Primera Instancia.

Condiciones de orden psíquico

Actualmente, en caso de que alguno de los contrayentes estuviere afectado por deficiencias o anomalías psíquicas, en el expediente matrimonial previo “se exigirá dictamen médico sobre su aptitud para prestar el consentimiento”. Procede, pues, la pericia médica en cualquier supuesto de anomalías psíquicas, esté o no incapacitado judicialmente el esposo que las padece, debiendo ser valorada por el Juez conforme a las reglas generales.

La libertad de los contrayentes: la monogamia

Se habla de libertad de los contrayentes para indicar si los esposos no se encuentran ligados o vinculados por un matrimonio anterior y todavía subsistente, pues las personas viudas o cuyo matrimonio hubiera sido disuelto por divorcio o declarado nulo, son libres para volver a contraer matrimonio si lo desean. El CC afirma que “no pueden contraer matrimonio.... los que estén ligados por vínculo matrimonial”.

En la cultura occidental, en particular en la europea, la institución matrimonial se asienta en el principio de monogamia.

Las prohibiciones matrimoniales

No pueden contraer matrimonio “entre si”:

  1. Los parientes en línea recta por consanguinidad o adopción.

  2. Los colaterales por consanguinidad hasta el tercer grado.

  3. Los condenados como autores o cómplices de la muerte dolosa del cónyuge de cualquiera de ellos.

Tales personas, en efecto, individualmente consideradas pueden gozar de plena aptitud o capacidad matrimoniales y, por tanto, no tienen prohibido el matrimonio con carácter general, sino únicamente el celebrado con otras personas igualmente determinadas en el precepto.

El parentesco

La prohibición de matrimonio entre parientes cercanos responde también a parámetros culturales asentados en nuestra civilización y de amplia raigambre tanto en el Derecho civil cuanto en el canónico.

El parentesco en línea recta, sea por consanguinidad o por adopción, determina la prohibición de contraer matrimonio sin límite de grados.

En anteriores códigos existía la prohibición de parentesco por afinidad, de tal manera que, aún siendo libres ambos, nadie podía casarse con su suegro/a, cuñado/a, o hijo/a (que no fuera común) de su consorte. Tras la Ley 30/1981el tradicional impedimento de afinidad ha desaparecido de la regulación civil en relación con el matrimonio, tanto en línea recta como en la colateral.

El crimen

Tradicionalmente denominado impedimento de crimen o también conyugicidio, se funda en principios de naturaleza moral, socialmente compartido por la generalidad de los ciudadanos, que repudian de forma radical el hecho de quien asesina al consorte de la persona con quien desea contraer matrimonio pueda ver realizado su deseo.

El llamado impedimento de crimen es considerado en algunas exposiciones actuales con una frialdad llamativa, cuando no como rémora histórica de pretéritas regulaciones, al tiempo que es susceptible de dispensa.

La dispensa de impedimentos

El crimen

“El Ministro de Justicia puede dispensar, a instancia de parte, el impedimento de muerte dolosa del cónyuge anterior”. El precepto, no requiere justa causa de dispensa, por lo que el expediente conlleva una cierta discrecionalidad del Ministro de Justicia. Basta, pues, la instancia o solicitud del condenado y la decisión del Ministro.

La edad y el parentesco colateral

“El Juez de Primera Instancia podrá dispensar, con justa causa y a instancia de parte, los impedimentos del grado tercero entre colaterales y de edad a partir de los catorce años”. En los expedientes de dispensa de edad deberán ser oídos el menor y sus padres o guardadores.

Aunque el otorgamiento de la dispensa sigue siendo discrecional, en ambos casos se requiera justa causa que fundamente la solicitud del interesado.

La eficacia retroactiva de la dispensa

Existiendo dispensa en cualquiera de los supuestos legalmente admitidos, ésta tiene eficacia retroactiva al momento de la celebración del matrimonio celebrado en contra de las prohibiciones legales establecidas.

El consentimiento matrimonial

La reforma de 1981, manteniendo por supuesto la significación de los vicios del consentimiento como causa de nulidad del matrimonio, ha optado por insertar en el Código una disposición que resalte suficientemente el valor y el alcance del consentimiento en relación con el matrimonio: “No hay matrimonio sin consentimiento matrimonial” . El consentimiento matrimonial ha ser incondicional y dirigido a la celebración del matrimonio. Cualquiera es libre para casarse o para no hacerlo, pero desde luego todos carecemos de capacidad de autorregulación alguna para configurar el matrimonio a nuestro antojo.

La ausencia de consentimiento

Conforme a las reglas generales, debe entenderse que la reserva mental y la simulación pueden determinar la ausencia absoluta del consentimiento y, por tanto, la nulidad del matrimonio.

Son relativamente frecuentes, los denominados matrimonios de complacencia, también denominados matrimonios blancos, con el objetivo de obtener alguna ventaja del ordenamiento interno, entre las que se encuentran:

  • Adquirir de modo acelerado la nacionalidad o Estado de residencia.

  • Lograr un permiso de residencia.

  • Conseguir la reagrupación familiar de nacionales de terceros Estados, cuando el de residencia así lo admite.

Los matrimonios de complacencia deben ser considerados nulos, radicalmente nulos, por no existir consentimiento matrimonial propiamente dicho.

Los vicios del consentimiento

El consentimiento matrimonial puede estar viciado siempre y cuando se encuentre afectado por error en la identidad o en las cualidades de la persona, así como el contraído por coacción o miedo grave.

Requisitos formales del matrimonio civil

El expediente matrimonial

Antes de la celebración del matrimonio, ordena el CC “quienes deseen contraer matrimonio acreditaran previamente, en expediente tramitado conforme a la legislación del Registro Civil, que reúnen los requisitos de capacidad establecidos por este Código”. Dicho expediente sustituye a los edictos y proclamas que anteriormente regulaba detalladamente el Código. Los edictos y proclamas siguen vigentes en la legislación del Registro Civil en poblaciones de menos de 25.000 habitantes.

El objetivo fundamental de este procedimiento consiste en que el Juez mediante las pruebas oportunas y la publicidad que otorgan al matrimonio proyectado los edictos y proclamas, decida acerca de la concurrencia en los esposos de los requisitos exigidos para contraer matrimonio.

Reglas de competencia

Será competente para autorizar el matrimonio:

  1. El juez encargado del Registro Civil y el Alcalde del municipio donde se celebre el matrimonio o concejal en quien éste delegue.

  2. En los municipios en que no resida dicho Juez, el delegado designado reglamentariamente.

  3. El funcionario diplomático o consular encargado del Registro Civil en el extranjero.

La celebración

El matrimonio deberá celebrarse ante el Juez, Alcalde o funcionario correspondiente al domicilio de cualquiera de los contrayentes y dos testigos mayores de edad.

También se prevé que la prestación del consentimiento podrá también realizarse, por delegación del instructor del expediente, bien a petición de los contrayentes o bien de oficio, ante Juez, Alcalde o funcionario de otra población distinta”.

La formula matrimonial la contempla el Código en el artículo 58: “El Juez, Alcalde o funcionario, después de leídos los artículos 66, 67 y 68, preguntará a cada uno de los contrayentes si consienten en contraer matrimonio con el otro y si efectivamente lo contraen en dicho acto unidos en matrimonio y extenderá la inscripción o el acta correspondiente”.

En términos jurídicos, el matrimonio civil se encuentra revestido de toda solemnidad, pues el precepto trascrito contiene todos los elementos necesarios al respecto:

  • El sometimiento al estatuto jurídico-civil del matrimonio, pues los artículos 66 a 68 de la vigente redacción del Código, contienen principios de igualdad conyugal y la quintaesencia de los deberes conyugales. La lectura de tales normas es naturalmente preceptiva y no puede omitirse.

  • La expresa y manifiesta prestación del consentimiento matrimonial, tras la correspondiente pregunta de la autoridad interviniente en el acto acerca de si desean (o consienten) y dan por contraído el matrimonio.

  • La declaración del Juez o el Alcalde relativa a la constatación de la efectiva unión matrimonial.

  • La práctica de la inscripción o la cumplimentación del acta correspondiente.

La inscripción del matrimonio civil en el Registro Civil

Acta de inscripción

La propia autoridad autorizante del matrimonio, llevará a cabo la práctica de la inscripción o la cumplimentación del acta correspondiente. Realizando tales actuaciones de inmediato, con las correspondientes firmas. Practicada, la inscripción o extendida el acta, el Juez, Alcalde o funcionario entregará a cada uno de los contrayentes documento acreditativo de la celebración del matrimonio. Tal documento acreditativo en el matrimonio civil es el “Libro de Familia”.

En algunos casos acta e inscripción son lo mismo: si el matrimonio se ha celebrado en las oficinas del propio Registro… el acta del matrimonio será la propia inscripción…; y por otro lado, no todas las autoridades autorizantes tienen competencia para llevar a efecto la inscripción registral.

El valor de la inscripción

En nuestro sistema normativo, la inscripción registral del matrimonio es meramente declarativa. Para el pleno reconocimiento de los mismos (efectos civiles del matrimonio) será necesaria su inscripción en el Registro Civil. Dicha inscripción constituye un medio privilegiado de prueba, y un titulo de legitimación de su estado matrimonial.

En relación con los terceros, “el matrimonio no inscrito no perjudicará los derechos adquiridos de buena fe por terceras personas”.

Formas matrimoniales especiales

El matrimonio por poder

Se recurre a la designación de apoderado que ocupe su puesto, manifestando su consentimiento matrimonial, en la celebración del matrimonio, el apoderado que concurre a la celebración del matrimonio no es un verdadero representante, sino un mero nuncio, que se limita a prestar su figura para que en términos de etiqueta y protocolo el matrimonio no raye el ridículo.

El apoderado, se limita a dar forma extrínseca a la voluntad y consentimiento matrimoniales manifestados por el poderdante en el “poder especial de forma autentica” que requiere la figura, que al mismo tiempo presupone que “siempre será necesaria la asistencia personal del otro contrayente”. En el poder se determinará la persona con quien ha de celebrarse el matrimonio, con expresión de las circunstancias personales precisas para establecer su identidad”.

En cuanto a la extinción del poder, establece el artículo 55.3 que “se extinguirá la revocación del poderdante, por la renuncia de apoderado o por la muerte de cualquiera de ellos. En caso de revocación por el poderdante bastará su manifestación de forma autentica antes de la celebración del matrimonio.

La revocación se notificara de inmediato al Juez, Alcalde o funcionario autorizante”.

El matrimonio en peligro de muerte

Podrá autorizar el matrimonio del que se halle en peligro de muerte:

  1. El Juez encargado del Registro Civil, el delegado o el Alcalde, aunque los contrayentes no residan en la circunscripción respectiva.

  2. En defecto del Juez, y respecto de los militares en campaña, el Oficial o Jefe superior inmediato.

  3. Respecto de los matrimonios que se celebren a borde de nave o aeronave, el Capitán o Comandante de la misma.

En atención al inminente peligro de muerte que no permite seguir las reglas ordinarias, estando exentos de la previa formación de expediente matrimonial. En cambio, “salvo imposibilidad acreditada”, cualquiera de los supuestos de matrimonio en peligro de muerte requieren ser celebrados en presencia de dos testigos mayores de edad.

En caso de surgir un caso de bigamia, habría que instar la nulidad del matrimonio en peligro de muerte, por cualquiera de las personas legitimadas para ello (los cónyuges, el Ministerio Fiscal y, en principio, cualquier persona que tenga interés directo y legítimo para solicitar la nulidad).

El matrimonio secreto

El matrimonio secreto sólo puede ser autorizado por el Ministro de Justicia “cuando concurra causa grave suficientemente probada” y las notas características de su régimen normativo consisten en las siguientes:

  • El expediente se tramitará reservadamente, sin la publicación de edictos o proclamas.

  • Para el reconocimiento del matrimonio secreto basta su inscripción en el libro especial del Registro Civil Central”.

Se mantiene el deber de instruir el expediente matrimonial y la necesidad de inscripción registral, pero ambos trámites resultan privados de su característica publicidad.

La celebración del matrimonio en forma religiosa

El principio de aconfesionalidad del Estado no es óbice para la valida celebración de matrimonios en “forma religiosa legalmente prevista”, tal y como declara con carácter general el Código Civil, pues tales matrimonios también tienen efectos civiles.

Introducción: la Iglesia Católica y otras confesiones religiosas

Reservar la exclusiva al matrimonio en forma religiosa al matrimonio canónico sí atentaría contra el principio de aconfesionalidad estatal, por lo que la reforma de 1981 procuró plantear el tema del matrimonio celebrado en forma religiosa de modo tal que pudieran hacerse efectivas las prescripciones del Código respecto de otras confesiones religiosas. El CC expone “el consentimiento matrimonial podrá prestarse en la forma prevista por una confesión religiosa inscrita, en los términos acordados con el Estado o, en su defecto autorizados por la legislación de éste”.

Los efectos civiles y la inscripción en el Registro Civil del matrimonio en forma religiosa

El matrimonio celebrado según las normas de Derecho canónico o en cualquiera de las formas religiosas previstas en el artículo anterior produce efectos civiles, requiriendo su inscripción el Registro Civil del Estado.

Para la inscripción del matrimonio en forma religiosa, bastará “con la simple presentación de la certificación de la Iglesia o confesión respectiva, que habrá de expresar las circunstancias exigidas por la legislación del Registro Civil”, pudiéndose denegar “la práctica del asiento cuando de los documentos presentados o de los asientos del Registro conste que el matrimonio no reúne los requisitos que para su validez se exigen en este titulo”.

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