04. Los efectos del matrimonio

Las relaciones conyugales

Las relaciones personales y patrimoniales

La unión matrimonial es, sin duda alguna, una de las relaciones interpersonales más intensas en la experiencia del ser humano y, en consecuencia, genera toda suerte de efectos, deberes y derechos entre los cónyuges.

El principio de igualdad conyugal

Dicho principio esta recogido en el art. 32 de la CE, el cual establece “el marido y la mujer son iguales en derechos y deberes”. La Ley 13/2005 con la admisión del matrimonio homosexual, ha suprimido marido y mujer por “los cónyuges son iguales en derechos y deberes”.

Los deberes conyugales

La atención del interés familiar

Los cónyuges deben actuar en interés de la familia, la familia entendida en sentido nuclear, la formada por los cónyuges y sus hijos. Semejante parámetro normativo sirve de soporte para aquellos supuestos en el que el Juez, en su característica función mediadora en caso de conflicto entre los cónyuges, ha de pronunciarse sobre algún aspecto concreto.

El respeto debido al otro cónyuge

Tener un miramiento hacia el otro y no interferir en decisiones personales que pertenecen a la esfera íntima de la persona, así como tratar al cónyuge con la debida deferencia y atención. Como es obvio, el deber de respeto excluye los malos tratos o cualesquiera otras actuaciones que dañen física o moralmente al consorte.

La ayuda y socorro mutuos

Realmente ayuda y socorro son términos absolutamente sinónimos. El deber de ayuda y socorro mutuos se refiere, pues, a la atención de cualquiera de las necesidades del otro cónyuge, comprendiendo de forma particular la obligación alimenticia entre los cónyuges.

El deber de convivencia

Para los que contraen matrimonio la convivencia es precisamente el designio fundamental de la unión celebrada, pues nadie o, mejor, casi nadie se casa para seguir manteniendo su vida separada del otro.

El CC establece que “los cónyuges están obligados a vivir juntos… ” No obstante, disponía el artículo 87.2 que “la interrupción de la convivencia no implicará el cese efectivo de la misma si obedece a motivos laborales, profesionales o a cualesquiera otros de naturaleza análoga”. Cabe, por tanto, contraer matrimonio sin que comience de inmediato la convivencia o cabe estar casado aunque no se conviva físicamente con la pareja siempre y cuando siga existiendo affectio entre los cónyuges y la falta de convivencia encuentre algún fundamento razonable.

El artículo 87.2 ha sido dejado sin contenido por la Ley 15/2005. No obstante, la argumentación desarrollada sigue siendo válida.

La fidelidad conyugal

“Los cónyuges están obligados a… guardarse fidelidad… ”, Estando referida dicha expresión con exclusividad a las relaciones sexuales entre los cónyuges, a la erradicación del adulterio.

La infidelidad conyugal, se encontraba contemplada expresamente como causa de separación legal en el artículo 82.1, el cual ha sido dejado sin contenido por la Ley 15/2005, dado el abandono causalista respecto de las crisis matrimoniales.

La correspondencia doméstica

Los cónyuges “deberán, además, compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y la atención de ascendientes y descendientes y otras personas dependientes a su cargo”. Dicha corresponsabilidad doméstica se extiende al cuidado de las personas que cualquiera de los cónyuges pueda tener a su cargo.

Cada matrimonio y cada familia representan un microcosmos propio y en muchos de tales microcosmos la corresponsabilidad doméstica no dejará de ser un desideratum de carácter teórico, una regla de máximos que en muchos supuestos no podrá encontrar aplicación si atendemos a la realidad de las cosas y al sentido común.

Otras cuestiones

Domicilio conyugal

La mayor parte de los matrimonios comienzan su andadura precisamente creando su propio hogar, constituyendo en términos jurídicos “el domicilio conyugal”.

Se establece que “los cónyuges fijarán de común acuerdo el domicilio conyugal y, en caso de discrepancia, resolverá el Juez, teniendo en cuenta el interés de la familia”. La determinación judicial del domicilio familiar que establece la parte final se ha establecido para los supuestos en que un cónyuge pretenda imponer al otro la designación unilateral del domicilio, cosa que no resulta admisible en nuestro ordenamiento.

El domicilio conyugal es trascendental para la LEC al utilizarlo como referencia básica a efectos de determinar la competencia territorial en los procesos matrimoniales y de menores.

Honores

La redacción originaria del CC establecía que “la mujer gozará de los honores de su marido, excepto los que fueren estricta y exclusivamente personales y los conservará mientras no contraiga nuevo matrimonio”. La redacción vigente, procedente de la Ley 30/1981, ha optado por suprimir semejante previsión normativa,

Nacionalidad y vecindad

El matrimonio por sí sólo no modifica la nacionalidad de los cónyuges, ni limita o condiciona su adquisición, pérdida o recuperación, por cualquiera de ellos, con independencia del otro.

El matrimonio no altera la vecindad civil. Cualquiera de los cónyuges, no separados, puede optar por la vecindad civil del otro.

La capacidad patrimonial de los cónyuges

Respecto a los aspectos patrimoniales, la igualdad conyugal se manifiesta fundamentalmente en los siguientes extremos:

  • Ninguno de los cónyuges ostenta facultades exclusivas sobre los bienes conyugales comunes, ni puede atribuirse la representación del otro cónyuge si no se la ha sido conferida por éste.

  • Cualquiera de los cónyuges puede realizar los actos de administración y/o disposición relativos a las necesidades ordinarias de la familia, conforme al uso y circunstancias de la misma. Dicha regla tiene una extraordinaria importancia práctica: la atribución de la denominada potestad doméstica a ambos cónyuges, hace que, frente a terceros, los bienes matrimoniales comunes, caso de haberlos, queden afectos a la actuación de cualquiera de los consortes.

  • Los bienes de los cónyuges están sujetos al levantamiento de las cargas del matrimonio; cuando uno de los cónyuges, incumpla este deber, el Juez dictará, a instancias del otro, las medidas cautelares oportunas.

  • Para disponer de los derechos sobre la vivienda habitual y los muebles de uso ordinario de la familia, aunque tales derechos pertenezcan a uno solo de los cónyuges, se requerirá el consentimiento de ambos o, en su caso, autorización judicial.

La contratación entre cónyuges

En general

En su redacción originaria, el Código, además de las donaciones entre cónyuges, prohibió bajo ciertos supuestos la realización de algunos contratos a título oneroso entre los cónyuges.

Tras la Ley 11/1981 se proclamó lo contrario: “el marido y la mujer podrán venderse bienes recíprocamente”; “El marido y la mujer podrán transmitirse por cualquier título bienes y derechos y celebrar entre sí toda clase de contratos” El principio general en la materia es que la contratación entre cónyuges es plenamente admisible desde la reforma de 1981.

Las donaciones entre cónyuges

La redacción originaria del Código Civil estableció el criterio de absoluta prohibición de la donación entre cónyuges, salvo en el caso de que se tratasen de “regalos módicos que los cónyuges se hagan en ocasiones de regocijo para la familia”.

Establecido el principio de igualdad conyugal, teniendo ambos cónyuges igual capacidad de obrar en la gestión de los bienes conyugales, habrán de ser los propios consortes quienes decidan si desean celebrar entre ellos donaciones o cualesquiera otros contratos.

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