16. El régimen de separación de bienes

El régimen de separación de bienes

El régimen de separación de bienes se caracteriza por regular las relaciones patrimoniales entre los cónyuges partiendo del principio de que no existe entre ellos una masa patrimonial común, sino que cada uno de los cónyuges conserva la titularidad, la administración y a la capacidad de disposición de sus propios y privativos bienes como si no se encontraran casados, aunque por supuesto ambos han de contribuir al sostenimiento de las cargas del matrimonio y, dada la inexistencia de masa común, habrán de afrontar tal obligación con cargo a sus propios bienes. En el vigente Código el régimen de separación de bienes es el régimen legal supletorio de segundo grado.

Origen convencional e incidental del régimen de separación de bienes

“Existirá entre los cónyuges separación de bienes:

  1. Cuando así lo hubiesen convenido.

  2. Cuando los cónyuges hubieren pactado en capitulaciones matrimoniales que no regirá entre ellos la sociedad de gananciales, sin expresar las reglas por que hayan de regirse sus bienes.

  3. Cuando se extinga, constante matrimonio, la sociedad de gananciales o el régimen de participación, salvo que por voluntad de los interesados fuesen sustituidos por otro régimen distinto.”

El régimen de separación de bienes convencional

Cuando así lo hubiesen convenido. Que, aunque no se exprese, requiere el otorgamiento de capitulaciones matrimoniales.

El régimen de separación de bienes incidental

Los cónyuges otorgan capitulaciones manifestando expresamente el repudio del régimen de gananciales, pero sin establecer cuáles son las reglas que regirán sus relaciones patrimoniales.

Conjunto plural de supuestos posibles, en los que la extinción de un régimen económico previo exige su sustitución por otro, que precisamente es el régimen de separación de bienes.

En virtud de ello, se aplicará también el régimen de separación de bienes en los siguientes casos:

  • Cuando se disuelva el régimen de gananciales a consecuencia del embargo de bienes comunes por deudas propias de uno de los cónyuges.

  • Cuando se decrete judicialmente la separación de los cónyuges.

  • En todos los casos de disolución judicial de la sociedad de gananciales.

La titularidad de los bienes

En el régimen de separación de bienes la regla general consiste en que los cónyuges mantienen distintos y separados sus patrimonios privativos, que funcionan con total autonomía, salvo que en el caso de separación de bienes de origen convencional dicha regla reciba algunos correctivos o precisiones.

Inexistencia de masa conyugal

“En el régimen de separación pertenecerán a cada cónyuge los bienes que tuviese en el momento inicial del mismo y los que después adquiera por cualquier titulo”.

La eventualidad de la copropiedad ordinaria

“Cuando no sea posible acreditar a cual de los cónyuges pertenece algún bien o derecho, corresponderá a ambos por mitad”.

Reglas de administración y disposición

Tras afirmar que “en el régimen de separación pertenecerán a cada cónyuge los bienes que tuviese en el momento inicial del mismo y los que después adquiera por cualquier titulo”, se establece que “asimismo corresponderá a cada uno la administración, goce y libre disposición de tales”.

Sin embargo, se plantea el caso de que uno de los cónyuges hubiese administrado o gestionado bienes o intereses del otro. En tales casos, los actos de administración y disposición sobre los bienes del otro cónyuge deben encontrar fundamento en el otorgamiento de poderes por parte de este o, al menos, en la existencia de una serie de hechos y circunstancias que permitan deducir, aunque sea de forma tacita, que el cónyuge actuante cuenta con la aquiescencia del otro. Tal y como demuestra el mandato normativo establecido para el supuesto considerado, el cónyuge actuante”:... tendrá las mismas obligaciones y responsabilidades que un mandatario, pero no tendrá obligación de rendir cuentas de los frutos percibidos y consumidos, salvo cuando se demuestre que los invirtió en atenciones distintas del levantamiento de las cargas del matrimonio”.

El sostenimiento de las cargas del matrimonio

Rige en cualquiera de los regímenes económico-matrimoniales la regla de que “los bienes de los cónyuges están sujetos al levantamiento de las cargas del matrimonio”. Como ya sabemos, en la expresión “cargas del matrimonio” se han de entender comprendidos el conjunto de los gastos generados por el sostenimiento de la familia.

La contribución al sostenimiento de las cargas del matrimonio

A falta de convenio, los cónyuges contribuirán al sostenimiento de las cargas del matrimonio proporcionalmente a sus respectivos recursos económicos. La determinación de la contribución al sostenimiento familiar puede llevarse a cabo:

  • En primer lugar, conforme a lo establecido por los mismos cónyuges en el correspondiente convenio o acuerdo. Dicho convenio puede llevarse a cabo de cualquier manera y desde no requiere el otorgamiento de una escritura de capitulaciones matrimoniales, aunque diversas razones aconsejan su constancia formal. Pero, obsérvese, lo que no afirma el Código de forma alguna es que el convenio ha de asentarse en un criterio igualitario (contribuir al 50 por 100), sino que cabe platear cualquier forma de distribución de la necesaria atención de las cargas del matrimonio.

  • A falta de convenio, la regla legal subsidiaria consiste precisamente en que los cónyuges no habrán de contribuir al sostenimiento de la familia por mitad, sino de forma proporcional... a sus respectivos recursos económicos.

La valoración del trabajo doméstico

“El trabajo para la casa será computado como contribución a las cargas y dará derecho a obtener una compensación que el Juez señalará, a falta de acuerdo, a la extinción del régimen de separación.”

La responsabilidad por deudas

Las deudas propias de uno de los cónyuges

“Las obligaciones contraídas por cada cónyuge serán de su exclusiva responsabilidad”. Por tanto, el acreedor no puede agredir o perseguir el patrimonio del otro cónyuge.

Las deudas asumidas en virtud de la potestad doméstica

En cuanto a las obligaciones contraídas en el ejercicio de la potestad doméstica ordinaria, responderán ambos cónyuges. En tal supuesto el cónyuge no deudor habrá de responder con sus bienes subsidiariamente y en la proporción que el convenio establecido o la proporción de los respectivos recursos económicos de los cónyuges arrojen.

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