02. Sistema matrimonial y los sistemas matrimoniales en los paises de la Unión Europea

Repercusión de la reforma protestante en el modelo matrimonial

En el siglo XVI s produce la crisis de la competencia exclusiva de la Iglesia sobre el matrimonio. No es una crisis específica de la institución, sino inducida por el conjunto de circunstancias que rodean el movimiento de la Reforma protestante, que tiene como objetivo la espiritualización de la Iglesia y como núcleo aglutinante la puesta en entredicho de la autoridad del papado.

Con respecto del vínculo matrimonial, la clave de la tesis reformadora es la ruptura de la unidad entre contrato y sacramento que es la base del principio sacramental. Aunque no se extraen todas las consecuencias en relación con la disolubilidad del matrimonio canónico, sí se produce la traslación de la competencia desde la Iglesia al poder civil, que es quien tiene la capacidad para la regulación de los contratos. Así pues, el fenómeno de espiritualización trae consiguientemente la desaparición de la competencia de la Iglesia reformadora sobre el matrimonio, que tan sólo tiene algo que decir en relación con los aspectos religiosos del contrato matrimonial.

Debe entenderse que no nace en este momento un nuevo modelo matrimonial contrapuesto al matrimonio canónico. El matrimonio sigue siendo un único modelo en los territorios de reforma. Se trata, también, de un sistema monista, aunque disciplinado por el poder político que es quien dispone ahora de la competencia exclusiva sobre la institución. La traslación provoca, una aparente secularización del vínculo matrimonial. No hay, pues, dos modelos matrimoniales, sino uno solo trasladado de ámbito.

Pero la reforma protestante da lugar a dos diferentes tradiciones. Una es la de los nuevos territorios reformados. En la primera tradición, permanece a grandes rasgos un único modelo matrimonial, aunque despojado de las principales adherencias religiosas; en el segundo, en cambio, aparece una brecha que desemboca en el dualismo a través de la figura del matrimonio civil.

Este segundo proceso es más tardío en el tiempo. Su representación más gráfica en el Código de Napoleón que establece dos líneas de fuerza: el matrimonio civil obligatorio y el mecanismo del divorcio. Es decir, se produce con las nuevas doctrinas una quiebra del monismo al establecer un nuevo modelo de matrimonio exclusivamente civil. Subsisten, pues, dos modalidades matrimoniales, una civil y otra canónica, que quiebran la unidad de competencia sobre el vínculo. En el modelo civil desaparece el principio de sacramentalidad.

El punto de partida es común. Forma parte de su núcleo más interno el principio consensual y también el principio formal. A pesar de las divergencias entre los dos modelos, el nuevo de matrimonio civil es tributario del modelo canónico en sus aspectos dogmáticos.

Pero la divergencia se produce porque desaparece la competencia de la Iglesia. Y porque el vínculo canónico está teñido de unos perfiles confesionales que por propia naturaleza no puede incorporar el matrimonio civil.

Tesis defendida por Graciano y tesis defendida por Pedro Lombardo

La fórmula canónica es el único modelo matrimonial. En este modelo de matrimonio se asigna al consentimiento inicial de los cónyuges un papel esencial. El principio del consentimiento, no se consolida sin esfuerzo. Mientras que está sentada la idea de que el matrimonio se constituye por medio del intercambio de las voluntades de los contrayentes, subsiste una fuerte controversia acerca del momento en que el vínculo se perfecciona por completo y, por consiguiente, es capaz de desplegar todas sus consecuencias de indisolubilidad.

En dicha discusión doctrinal, el autor del Decreto, GRACIANO, junto con los canonistas italianos, se inclinan por la teoría según la cual el matrimonio, que se inicia por la emisión del consentimiento, no se perfecciona sino con la consumación. Por el contrario, desde Francia y con el apoyo de los teólogos, PEDRO LOMBARDO se inclina por la suficiencia del consentimiento siempre que sea expresado de presente y no de futuro.

Finalmente, es el principio consensual el que se acaba incorporando, con algunos matices, al ordenamiento jurídico del matrimonio, de modo tal que el vínculo se perfecciona por la emisión del consentimiento. Sobre esta fase se formula la tesis de la inseparabilidad entre contrato y sacramento.

Sistema matrimonial: concepto y clases

Resulta correcto referirse a sistemas matrimoniales si la óptica que se aplica es la de contraponer dos modelos distintos para regular la institución matrimonial, cada uno con sus principios y fundamentos, sus reglas y sus instrumentos para la resolución de los conflictos. Cabe, así hablar de un sistema matrimonial canónico o de un sistema matrimonial civil e, incluso, de diversos sistemas matrimoniales de componente religioso o de naturaleza civil.

Así pues, puede definirse el sistema matrimonial como el complejo de normas mediante el cual el Estado disciplina el vínculo matrimonial, en cuanto al modo de contraer, al régimen matrimonial y a sus efectos, incluyendo el conjunto de procedimientos mediante los cuales se regula la conexión entre matrimonio civil y matrimonio religiosos o confesional.

Es posible distinguir entre los sistemas que imponen la celebración del matrimonio según la fórmula civil y aquellos otros que permiten la elección entre la modalidad civil y las religiosas, estableciendo para ambas modalidades la producción de los mismos efectos civiles.

La combinación de todas estas posibilidades da lugar a múltiples clasificaciones del sistema matrimonial. Entre las más extendidas en la doctrina se encuentran las que se distinguen entre sistemas de matrimonio civil obligatorio (que es unitario o monista) y sistemas electivos o facultativos (de carácter compuesto, pluralista o mixto); los últimos suelen a su vez, clasificarse en modelos de elección entre tipos de matrimonio (a veces llamado modelo latino) y modelos de elección entre formas de matrimonio (o modelo anglosajón). Se considera suficiente una clasificación básica de los sistemas matrimoniales que permiten distinguir dos grandes grupos: 1) sistema de matrimonio civil obligatorio y 2) sistema de matrimonio facultativo.

Sistema matrimonial español en la I República

Los conflictos entre Iglesia y Estado vienen planteados fundamentalmente por la pretensión del poder público de intervenir en campos de acción hasta entonces reservados a la Iglesia.

Esta situación se refleja nítidamente en las sucesivas Constituciones. La confesionalidad católica del Estado es una constante desde el primer ejemplo constitucional. Todos los textos constitucionales del siglo XIX insisten en la confesionalidad, ya formal, ya sociológica, es decir, en base al dato de la mayoría católica de la población.

En este contexto, no hay penetración del matrimonio civil en España. Los sucesivos proyectos de Código Civil que se discuten a lo largo de los dos primeros tercios del siglo manifiestan esta situación e incorporan todos ellos el matrimonio canónico como única modalidad de concertar el negocio matrimonial.

La Constitución de 1869 se decide a introducir el matrimonio civil mediante una Ley provisional de Matrimonio civil que se promulga en 1870. Por fin se recibe en España, el dualismo matrimonial.

El matrimonio civil se integra en un marco que pretende evitar el conflicto entre Iglesia y Estado. De modo que se arbitra el procedimiento de tomar el modelo de matrimonio canónico y trasladarlo al Derecho civil bajo la competencia del Estado. En el fondo, no se trata de una nueva concepción matrimonial, sino de una cuestión de competencia.

Un Real Decreto de 1875, plantea algunos problemas de inconstitucionalidad y establece un nuevo sistema que supedita el matrimonio civil a la modalidad canónica. El problema es que una vez adquirida conciencia acerca de la necesidad de regular por el Estado una fórmula matrimonial, no es posible desconocer la regulación civil del matrimonio.

Por eso se adopta el criterio de que la Ley de 1870 permanece en vigor para el matrimonio de aquellas personas que, no procesando la religión católica, están imposibilitadas de santificarlo con el sacramento.

Se trata, de un modelo que permanece subsidiario, con fuerte carácter excepcional, para los individuos que no están obligados a la forma canónica matrimonial. Aparece un nuevo sistema, muy español, fruto de la necesidad de componer las tensiones entre Iglesia y Estado: el sistema de matrimonio civil subsidiario (del matrimonio canónico) sustituye al sistema de matrimonio civil obligatorio.

La Constitución de 1876, combina la vuelta a la confesionalidad católica del Estado con la tolerancia del ejercicio de otros cultos, aunque sólo en privado.

Al amparo de la nueva Constitución, nace el Código Civil de 1889. Éste introduce la fórmula del matrimonio civil subsidiario: La Ley reconoce dos formas de matrimonio:

primero el canónico, que deben contraer todos los que profesan la religión católica; y segundo el civil, que se celebrará del modo que determina este Código.

Se introduce un elemento extraño: la expresión “los que profesen la religión católica”. Es un elemento extraño, ya que al ser trasladado al ordenamiento del Estado, entra en conflicto con las categorías técnicas que el Derecho civil está obligado a aplicar.

Ahora bien, el ordenamiento civil, no puede trabajar desconociendo que el criterio de obligatoriedad de las leyes eclesiásticas no coincide con el civil. Si se admite sin más el sistema canónico, no podría tener acceso al matrimonio civil ningún ciudadano que hubiera sido bautizado en al Iglesia católica sin perjuicio de su pertenencia real a la confesión católica.

Por esta razón, y como modo de resolver el problema, el Código introduce la expresión “los que profesen la religión católica”, que hace referencia a la pertenencia real de los cónyuges en el momento de contraer matrimonio.

Comienza un camino torturado para el Cc, que es el camino de la prueba de acatolicidad. Confluye en el problema una posición progresista y una posición conservadora, según el turno de gobierno. La interpretación de base sienta el criterio según el cual, la declaración de no profesión católica de uno de los contrayentes para que pueda abrirse paso el matrimonio civil. Por su parte, un Gobierno liberal dicta otra orden, que, invocando la libertad de los católicos para acudir a cualquiera de las modalidades de matrimonio previstas en el Código, ordena la no exigencia de declaración alguna relativa a la religión que profesen a los que desean acudir al matrimonio civil. Este planteamiento coloca en un plano de igualdad a las dos clases matrimoniales y convierte en facultativo el sistema subsidiario establecido por el Cc. La imposibilidad de mantener ambos modelos en el mismo plano obliga al ordenamiento a una cierta descompensación a favor del modelo religioso que viene requerido por la confesionalidad.

El matrimonio y la Unión Europea

Teniendo en cuenta la tendencia laica de Europa, los sistemas matrimoniales deberán responder a los parámetros de neutralidad y separación estatales que se le exigen a un Estado laico. El proceso de integración europea es un proceso que debe, conciliar las distintas legislaciones de los Estados miembros.

Para analizar el sistema matrimonial de los Estados de la U. E., respecto del matrimonio resulta obligado determinar que se entiende por tal. Este tema es necesario tratarlo desde una doble perspectiva. Por una parte la regulación de la Unión en esta materia y por otro lado la de los distintos miembros. A día de hoy, éste no es un tema pacífico. En primer lugar por las uniones de carácter heterosexual que deciden someterse a la normativa vigente en ese sentido y en segundo, al reconocimiento que han dado algunos ordenamientos a las parejas homosexuales.

El Tratado Constitucional de la U. E. se limita a reconocer el derecho a contraer matrimonio sin más sin especificar que es lo que la Unión entiende por matrimonio. La normativa comunitaria no da una definición de matrimonio, no alude a que éste haya de ser entre un hombre y una mujer, ni siquiera hace referencia a la edad núbil como lo hiciera el CEDH. Remite a los Estados la potestad de legislar en esta materia. Por todo ello se puede afirmar que la Unión no prohíbe el matrimonio homosexual y, por otro, corresponderá a los Estados miembros decidir si aceptan el matrimonio entre personas del mismo sexo.

La U. E. no tiene reconocida competencia normativa en materia de Derecho matrimonial. La competencia en esta materia queda reservada a cada uno de los Estados pertenecientes a la Unión. Este estudio, quedaría incompleto si no se realizase una alusión al marco general que la Unión ha ido realizando. La vinculación respecto del negocio jurídico matrimonial ha quedado plasmada en los textos jurídicos mas recientes, que han conformado el amplio marco en el que han de moverse los distintos ordenamientos.

La U. E. no se ha mantenido al margen de la institución matrimonial: por una parte la normativa comunitaria refleja el interés por la materia y por otra, no se pueden olvidar las distintas cuestiones que, sobre esta materia, han sido planteadas al Parlamento Europeo.

Ahora bien, la competencia en materia matrimonial queda reservada a cada uno de los Estados miembros y serán ellos los que delimiten y determinen su sistema normativo de Derecho Matrimonial. Debe quedar claro que el propio Derecho de la Unión determina que corresponde a los Estados, que a ella pertenecen, adoptar el sistema matrimonial que entiendan compatible con el resto de su ordenamiento jurídico.

Sistemas matrimoniales en los países de la Unión Europea

En el amplio espectro europeo se pueden encontrar sistemas matrimoniales que reconocen como único matrimonio válido el contraído en forma civil, algunos reconocen efectos civiles al matrimonio contraído en forma religiosa o, incluso, la recepción íntegra de un Derecho matrimonial confesional. La postura intermedia, la de un único matrimonio: el civil, con diversas modalidades a la hora de contraer, es la que, de forma mayoritaria han elegido los Estados.

Una vez combinados los parámetros precedentes, podemos concluir que los sistemas matrimoniales imperantes, en los países que conforman la U. E., sin perjuicio de ulteriores matices, son: por una parte, el de matrimonio civil obligatorio y, por otra, el de sistema de matrimonio facultativo.

Sistema de matrimonio civil obligatorio

Son aquellos en los que el Estado reconoce, únicamente, el consentimiento que se presta ante sus funcionarios y cualquier acto religioso resulta para el Estado como un acto jurídicamente irrelevante. Por tanto el único matrimonio válido es aquél que se contrae en forma civil y conforme a los requisitos que el ordenamiento jurídico estatal reconoce.

Dentro de este sistema encontramos rasgos que diferencian unos países de otros.

Sistema matrimonial facultativo

Es aquél en el que los ciudadanos pueden elegir entre contraer matrimonio religioso o matrimonio civil. Dentro del sistema facultativo se pueden reconocer dos subsistemas, por una parte el que permite una pluralidad de formas pero el matrimonio reconocido es el civil y por otra el matrimonio facultativo, propiamente dicho, el cual reconoce la existencia de distintos ordenamientos en materia matrimonial.

Sistema anglosajón o de pluralidad de formas

Es aquél en el que el Estado reconoce únicamente una clase de matrimonio: el civil, pero permite la celebración en forma (o formas) religiosa; es decir, conforme a los ritos de aquellas Confesiones religiosas con las que el Estado así lo haya acordado.

Sistema facultativo latino

Este sistema no se limita a reconocer el matrimonio civil como la única clase de matrimonio existente; se reconoce tanto el matrimonio civil como otros matrimonios; los de índole religiosa. Ambas jurisdicciones serán igualmente competentes en materia matrimonial, por lo que los ciudadanos que opten por un sistema y u otro, quedarán vinculados al mismo y, las resoluciones que, en esta materia, dicten los órganos religiosos competentes deberán acudir a un mecanismo de homologación, sin tener que recurrir al de ajuste al Derecho del Estado.

No se ha podido encontrar la URL de especificaciones de gadget.