06. Simulacro y exclusión

Consentimiento y declaración

No hay matrimonio sin consentimiento matrimonial

La necesidad de la manifestación exterior

En virtud del principio de derecho de que la intención retenida en la mente en los contratos nada hace, ese consentimiento ha de ser manifestado externamente.

El acto de voluntad ha de ser legítimamente manifestado. Las palabras o signos con los que los contrayentes expresan su consentimiento, son la exteriorización de ese acto de voluntad, necesaria para la existencia del matrimonio.

Puede ocurrir que, aunque externamente se produzca una manifestación del acto interno de la voluntad, este acto interno en realidad no exista porque internamente no se ha prestado dicho consentimiento y, tal manifestación, no pasa de ser una ficción o algo solamente aparente.

En el conflicto entre consentimiento y declaración

El acto interno de voluntad no tiene de suyo significación jurídica; la declaración es lo único que se constata; la seguridad jurídica exige que se de prevalencia a la declaración.

El CIC, ha seguido un criterio fundamentalmente voluntarista, manteniendo que hay que fiarse de la declaración en tanto en cuanto se pueda pensar que corresponde al acto interno de voluntad: el consentimiento interno de la voluntad se presume que está conforme con las palabras o signos empleados al celebrar el matrimonio. Tal postulado no es un dogma jurídico sino una presunción y, por ello, el canon admite en cada caso la prueba en contrario que carga sobre el que alega el desacuerdo del consentimiento interno con la declaración.

Nulidad matrimonial por simulación total y por simulación parcial en el ordenamiento civil y en el ordenamiento canónico

Se entiende por simulación aquella anomalía por la cual, bajo la apariencia de un negocio jurídico normal, se oculta otro propósito negocial distinto, ya sea éste contrario a la existencia misma del negocio (simulación total o absoluta), ya corresponda a otro tipo de negocio (simulación parcial o relativa).

En la simulación absoluta, quien simula no tiene voluntad de realizar negocio jurídico alguno, ni el simulado, ni otro que bajo sus apariencias pudiera encubrirle; en el caso del matrimonio se excluye toda voluntad de contraer. En la simulación relativa, en cambio, no existe voluntad de dar existencia al negocio jurídico que aparentemente se realiza, sino a otro que bajo tales apariencias se disimula.

En el matrimonio civil español: el silencio del código

Se considera la simulación causa de nulidad por no parecer lógico tener por verdadero y válido matrimonio una apariencia del mismo, confeccionada con una finalidad fraudulenta y diversa de que la que persigue la institución.

Sin embargo, la simulación no figura en la relación de las causas de nulidad del artículo 73 del Cc, aunque sí es doctrina mayoritaria entender que resulta innecesaria su enumeración, por estar comprendida en la falta de consentimiento matrimonial.

En el ordenamiento matrimonial canónico

Según la norma canónica, en el matrimonio cabe la posibilidad de realizar la simulación unilateral (no pactada). Esta característica distingue en el Derecho, la simulación matrimonial de la simulación en los demás negocios jurídicos.

No es preciso, que la exclusión tenga carácter bilateral y externamente manifestada, ni es necesario que revista la forma de acuerdo o pacto, ya que la exclusión del matrimonio o de sus elementos o propiedades esenciales puede provenir de ambos o de uno sólo de los contrayentes, tanto por acto externo como sólo interno.

En la simulación total, junto a la intención de realizar un matrimonio aparente, no existe una voluntad marital, sino otra distinta; liberarse de la cárcel, u obtener la nacionalidad.

El acto positivo de voluntad

Se da un acto positivo de voluntad cuando no se tiene intención de contraer matrimonio, sino que lo que se pretende son otros fines no matrimoniales. La existencia de tales fines queridos ajenos al matrimonio, y el creer que por medio de la celebración aparente se consiguen, hace que lo que pudiera ser una mera afección contraria al mismo pero irrelevante en sí misma, se deduzca en un verdadero acto de voluntad. Se puede decir que estamos ante un acto de voluntad de disentimiento del matrimonio, que es positivo.

La causa simulandi

La causa simulandi es, por tanto, la razón o motivo que induce al sujeto a excluir el matrimonio en sí, consintiendo sólo en su apariencia externa.

El motivo subjetivo ajeno al matrimonio que le lleva a producir su apariencia, lógicamente ha de tener una gran importancia en el proceso probatorio de la simulación. Siendo la simulación un acto anormal y deliberado, debe existir una razón para obrar de esta forma; no puede presumirse en el hombre la voluntad de rechazar internamente lo que externamente declara querer.

Simulación parcial y exclusión

En realidad, no se trata de una estricta simulación en que no se quiera internamente el matrimonio que externamente se realiza, sino que lo que no se quiere son los elementos o propiedades esenciales con que el ordenamiento configura esta institución

Presupuestos

El matrimonio canónico es una institución muy neta y delineada, que no cabe modificar en lo sustancial a gusto de los contrayentes, pues cuando lo intentan se salen del matrimonio canónico.

Requisitos

Es nulo el matrimonio cuando existe intención de no asumir las obligaciones que provienen del matrimonio, mientras que es válido cuando sólo existe intención de quebrantar las obligaciones contraídas.

Se basa esta exigencia en la distinción entre derecho-obligación y el cumplimiento o ejercicio de los mismos, distinción que hoy día se considera inadecuada al contrato matrimonial.

Supuestos clásicos de exclusión

No hay duda de que dentro de la enunciación de exclusiones invalidantes del canon 1101, se comprende la figura de la exclusión del bien de la prole como elemento del matrimonio.

La exclusión del bien de la prole comprende también la exclusión del derecho a los actos conyugales; pero el bien de la prole se extiende más allá del derecho al acto conyugal, comprendiendo la concepción, gestación, alumbramiento y también la educación de la prole.

La segunda figura clásica de simulación parcial, es la exclusión de la propiedad de la unidad, enunciada como propiedad esencial, reservándose la facultad de otras uniones simultáneas.

La tercera consiste en la exclusión del bien de la indisolubilidad que comprende los supuestos que se refieren a la voluntad de contraer un matrimonio disoluble y a la voluntad positiva de celebrar matrimonio para un tiempo, a prueba. O con la intención de poder cancelar el vínculo matrimonio.

El matrimonio condicionado en el ordenamiento civil y en el ordenamiento canónico

Este tipo de consentimiento, es bien distinto del consentimiento normal que debe originar algo de tanta trascendencia como el matrimonio, y cuya causa debe ser una voluntad clara y firme de instaurar una comunidad de vida conyugal. Por eso las posiciones legislativas acerca de la condición en el matrimonio son diversas: van desde las que son contrarias a la admisión de la condición a las que la tienen en cuenta.

Contenido del consentimiento condicionado

En Derecho y en materia contractual, la palabra condición significa fundamentalmente lo que suele expresarse con la partícula sí… Este es el sentido que contempla el derecho matrimonial al tratar de la condición referida al matrimonio. Las condiciones pueden ser de futuro, de pasado, o de presente.

Éstas a su vez son suspensivas o resolutorias

Delimitación de otras figuras afines

El modo

Consiste en la imposición de una determinada obligación o carga que se ha de cumplir una vez celebrado el contrato. La validez de éste no depende de su cumplimiento. La inobservancia del modo no induce la nulidad del matrimonio pero puede exigirse su cumplimiento.

La causa

En materia matrimonial es el motivo por el que se han contraído las nupcias: contraigo contigo porque eres buena.

La causa en el sentido subjetivo es motivación que impulsa a contraer matrimonio. La causa en cuanto tal no vicia el contrato puesto que, al igual que el modo, es elemento accidental o accesorio que se añade a un negocio perfecto; por ello, aunque hubiere mediado error acerca de la causa, el matrimonio no sería nulo.

El término

Consiste en la intención de limitar cronológicamente la eficacia del consentimiento, bien en el sentido de aplazar el inicio de los efectos del negocio jurídico, bien en el sentido de señalar un momento para la extinción de dichos efectos.

Es claro que el matrimonio contraído bajo término de finalización es nulo por obstar a la estabilidad del matrimonio.

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