10. Disolución del vínculo matrimonial

Disolución por muerte en el ordenamiento civil y en el ordenamiento canónico

El matrimonio se disuelve sea cual fuere la forma y el tiempo de su celebración, por la muerte o la declaración de fallecimiento de uno de los cónyuges y por el divorcio.

Modificación novedosa, es la disolución de un vínculo anterior por declaración de muerte de uno de los cónyuges.

En la reforma ha quedado establecido que la declaración de fallecimiento es algo más que la presunción de muerte, puesto que ahora lleva consigo la disolución del matrimonio anterior.

En sus efectos, la declaración de fallecimiento es equiparable a la muerte, y así en relación con el vínculo matrimonial preexistente, aquella no supone una mera presunción sino una ficción legal por la cual el Cc le considera muerto, aunque luego reaparezca.

En consecuencia, el cónyuge presente puede contraer nuevo matrimonio sin más trámites comprobatorios del fallecimiento, y sin que la reaparición del presunto difunto tenga ningún efecto.

No existe en el ordenamiento canónico la presunción de muerte basada en la ausencia prolongada por un determinado espacio de tiempo, al menos en los términos en que se concibe en los ordenamientos civiles. El mero hecho de la ausencia del cónyuge por larga que sea ésta, y la total carencia de noticias referentes a su vida, no es suficiente para que se permita nuevo matrimonio.

Proceso de muerte presunta

Cuando la muerte de un cónyuge no puede probarse por documento auténtico, eclesiástico o civil, el otro cónyuge no puede considerarse libre del vínculo matrimonial antes de que el Obispo diocesano haya emitido la declaración de muerte presunta.

El Obispo diocesano sólo podrá emitir la declaración, realizadas las investigaciones oportunas, por las declaraciones de testigos, por fama, o por indicios, alcance certeza sobre la muerte del cónyuge. No basta el sólo hecho de la ausencia del cónyuge, aunque se prolongue por mucho tiempo.

En los casos dudosos y complicados, el Obispo ha de consultar a la Sede Apostólica.

La reaparición del cónyuge

La supervivencia del presunto difunto o la noticia cierta de su existencia, tendrá el efecto de poner fin a la buena fe de los contrayentes, y la necesidad de la ruptura del nuevo matrimonio así contraído.

Disolución por divorcio: referencia histórica; clases; causas

La historia del divorcio en España

La Ley de 1870 de la I República, que implantó el matrimonio civil obligatorio, curiosamente declaró su indisolubilidad teniendo lugar al mismo tiempo la secularización del matrimonio y la asunción por el Estado de toda la competencia sobre el matrimonio.

La entrada del divorcio, no se produce en España hasta la II República. La legislación matrimonial de la II República comenzó, sin embargo, por donde debía haber acabado, es decir por el divorcio.

En 1981, la llamada Ley del Divorcio, conocida como tal aunque su objeto fuera finalmente una nueva regulación del matrimonio en el Cc, es la segunda ley de divorcio en la historia legislativa española.

Clases de divorcio

El divorcio remedio

En la configuración del divorcio, el legislador español ha intentado evitar el divorcio por mero acuerdo de las partes, al menos como norma formulada expresamente, queriendo situarse en le divorcio como remedio de una situación de quiebra irremediablemente de la vida conyugal.

El divorcio basado en la quiebra matrimonial

El derecho matrimonial español se inclina por un sistema que renuncia a la investigación del culpable del fracaso matrimonial, y se limita a verificar la situación de quiebra de la convivencia conyugal, que supone simplemente el cese efectivo de la vida conyugal por un tiempo determinado.

La ruptura se infiere del cese de la convivencia tras un período de separación judicial previa, o de un período de separación de hecho que sigue a la demanda de separación, o del cese efectivo de la convivencia por un tiempo bastante para que pueda considerarse indudable la quiebra matrimonial.

En este sistema, las partes separadas, transcurridos los plazos señalados por el Cc, pueden acudir sin más al divorcio.

El divorcio sanción

La conducta irregular de uno de los cónyuges es también causa de divorcio. Aunque también ha tratado de alejarse en lo posible del divorcio sanción, hay que contabilizar las abundantes causas de separación basadas en la culpabilidad de uno de los cónyuges, que al convertirse en causas de divorcio, están dando amplia cabida al divorcio sanción.

Causas del divorcio

  • El cese efectivo de la convivencia conyugal durante al menos un año interrumpido desde la interposición de la demanda de separación, formulada por ambos cónyuges o por uno de ellos con el consentimiento del otro, cuando aquella se hubiere interpuesto una vez transcurrido un año desde la celebración del matrimonio.

  • El cese efectivo de la convivencia conyugal durante al menos un año interrumpido desde la interposición de la demanda de separación personal, a petición del demandante o de quien hubiere formulado reconvención, una vez firme la resolución estimatoria de la demanda de separación o, si transcurrido el expresado plazo, no hubiera recaído resolución en la primera instancia.

  • El cese efectivo de la convivencia conyugal durante al menos dos años interrumpidos:

    • Desde que se consienta libremente por ambos cónyuges la separación de hecho o desde la firmeza de la resolución judicial, o desde la declaración de ausencia legal de alguno de los cónyuges, a petición de cualquiera de ellos.

    • Cuando quien pide el divorcio acredite que, al iniciarse la separación de hecho, el otro estaba incurso en causa de separación.

  • El cese efectivo de la convivencia durante el transcurso de al menos cinco años, a petición de cualquiera de los cónyuges.

  • la condena en sentencia firme por atentar contra la vida del cónyuge, sus ascendientes o descendientes.

Cuando el divorcio sea solicitado por ambos o por uno con el consentimiento del otro, deberá necesariamente acompañarse a la demanda o al escrito inicial la propuesta de convenio regulador de sus efectos.

Disolución en el ordenamiento canónico: del matrimonio rato y no consumado, del matrimonio legítimo a favor de la fe, por el Privilegio Paulino, por concesión pontificia

Del matrimonio rato y no consumado

El matrimonio no consumado entre bautizados o entre parte bautizada y parte no bautizada, puede ser disuelto con causa justa por el Romano Pontífice, a petición de ambas partes, o de una de ellas aunque la otra se oponga. El canon parece exigir que la dispensa sea solicitada, al menos, por una de las partes, pues se dice a petición de ambas partes, o de una de ellas aunque la otra se oponga.

La dispensa pontificia y su alcance entre bautizados

Cuando ambos cónyuges eran cristianos en el momento de la celebración de su matrimonio, y no han llegado a consumarlo, estamos ante el caso típico del matrimonio rato y no consumado. Comprende también el matrimonio que se celebro en la infidelidad e hicieron uso del mismo y luego convertidos al cristianismo si no consumaron el matrimonio después de bautizados, es decir, después que éste pasó a ser sacramento: es el caso del matrimonio rato y en cuanto tal no consumado.

Tiene clara aplicación al matrimonio que ha sido contraído con dispensa del impedimento de culto dispar y no ha sido consumado. La tiene también cuando el matrimonio fue contraído en la infidelidad de ambos y uno de ellos se convierte, si no se consumó después de dicha conversión.

Esta potestad no se extiende al matrimonio no consumado de no bautizados.

Los requisitos

El presupuesto de la incosumación. El matrimonio canónico se consuma mediante la realización de la cópula conyugal de suyo apta para la generación de la prole y realizada de modo humano. La cópula conyugal realizada antes de la celebración válida del matrimonio no impide que el matrimonio se considere no consumado.

La justa causa. El CIC recogió la doctrina común de los autores sobre la necesidad de la causa justa para la validez de la dispensa: porque el Papa, al disolver ese matrimonio no dispensa una ley puramente eclesiástica, sino de una ley divina. De otra parte, su actuación será nula. La justa causa suele existir casi siempre.

El proceso de dispensa de rato y no consumado

Supone la concesión de una gracia, en que por parte del solicitante no hay una razón de justicia.

El procedimiento se inicia ante el Ordinario del lugar que resulte competente, la tramitación la puede hacer el Ordinario por sí o por otro eclesiástico delegado por él a título de juez instructor, debiendo también intervenir el Defensor del vínculo y un notario, constituyéndose así el tribunal diocesano. Son típicas de este proceso la prueba ginecológica y la de los testigos de credibilidad llamada de séptima mano.

El Obispo remitirá a la Sagrada Congregación para la Disciplina de los Sacramentos todas las actas del proceso con su voto y las observancias del Defensor del Vínculo. Al Papa corresponde conceder o denegar la gracia, sin que haya posibilidad de apelación.

Del matrimonio legítimo a favor de la fe

Esta potestad del Romano Pontífice se ejerce en el caso estableciendo un régimen legal general, en virtud del cual deba entenderse disuelto un matrimonio legítimo, cuando se produzcan determinadas circunstancias.

Además del Privilegio Paulino, como modo ordinario de disolución del matrimonio legítimo, existe un modo especial de disolución en casos en que no tiene cabida el Privilegio Paulino, sobre el matrimonio contraído en la infidelidad, cuando existe la razón de la tutela de la fe. Se trata de dos casos referidos a matrimonios entre infieles previstos.

El matrimonio poligámico en caso de conversión

Al recibir el bautismo en la Iglesia católica un no bautizado que tenga simultáneamente varias mujeres tampoco bautizadas, si le resulta duro permanecer con la primera de ellas, puede quedarse con una de las otras, apartando de sí a las demás. Lo mismo vale para la mujer no bautizada que tenga simultáneamente varios maridos no bautizados.

Teniendo en cuenta la condición moral, social y económica de los lugares y de las personas, el Ordinario del lugar ha de cuidar de que según las normas de la justicia, de la caridad cristiana y de la equidad natural, se provea suficientemente a las necesidades de la primera mujer y de las demás que hayan sido apartadas.

Matrimonio del convertido que no puede reanudar la cohabitación

El no bautizado a quien, una vez recibido el bautismo en la Iglesia católica, no le es posible restablecer la cohabitación con el otro cónyuge no bautizado, por razón de cautividad o de persecución, puede contraer nuevo matrimonio, aunque la otra parte hubiera recibido entretanto el bautismo.

Por el Privilegio Paulino

El matrimonio contraído por dos no bautizados, se disuelve por el privilegio paulino, a favor de la fe de la parte que ha recibido el bautismo, por el mismo hecho de que ésta contraiga un nuevo matrimonio, con tal de que la parte no bautizada se separe.

Se considera que la parte no bautizada se separa, sino quiere cohabitar con la bautizada o cohabitar pacíficamente sin ofensa del Creador, a no ser que ésta después de recibir el bautismo, le hubiera dado un motivo justo para separarse.

En cuanto al momento de la disolución del anterior matrimonio, se declara de forma indubitable en el CIC, diciendo que la disolución del matrimonio anterior se produce por el mismo hecho de que la referida parte contraiga nuevo matrimonio.

El Privilegio Paulino se aplica a favor de la fe de la parte que recibe el bautismo.

Además, se añade la cláusula del supuesto base del Privilegio Paulino, a saber la marcha o abandono del no bautizado.

Las interpelaciones

Para que la parte bautizada contraiga válidamente nuevo matrimonio, siempre se debe interpelar a la parte no bautizada: 1º si ella quiere también recibir el bautismo; 2º si por lo menos quiere cohabitar pacíficamente sin ofensa al Creador con la parte bautizada.

Esta interpelación debe hacerse después del bautismo; pero existiendo grave causa, el Ordinario del lugar puede permitir que se haga antes del bautismo, y aun dispensar de la interpelación La interpelación se requiere para el uso válido del Privilegio Paulino y por tanto para la validez del nuevo matrimonio. El modo de hacer la interpelación es también consignado en el CIC señalando que: se hará normalmente por la autoridad del Ordinario del lugar, pero que puede hacerse por propia autoridad. Para su respuesta se dará un espacio de tiempo que pasado inútilmente ese plazo, su silencio se entenderá como respuesta negativa.

El derecho a contraer nuevas nupcias

La parte bautizada tiene derecho a contraer nuevas nupcias con parte católica: Si la parte interpelada responde negativamente o calla, y también cuando luego se separa habiendo respondido antes afirmativamente.

Una nueva norma modifica lo dispuesto en el CIC anterior, donde el derecho a nuevas nupcias se condiciona a que sea con parte católica, admitiéndose la dispensa para el nuevo matrimonio del impedimento de disparidad de culto y de la mixta religión.

Por concesión pontificia

Potestad de que goza el Papa, de disolver matrimonios contraídos en la infidelidad.

El llamado Privilegio Petrino

Se trata del poder que asiste al Romano Pontífice para disolver matrimonios contraídos en la infidelidad; a saber, el matrimonio que no se rato y en cuanto rato y consumado.

Esta potestad pontificia sólo tiene como límite fundamental el principio de la indisolubilidad del matrimonio rato y consumado. Se solicita cuando no tiene cabida la aplicación del Privilegio Paulino por no darse los condicionamientos allí requeridos.

Lo típico suele ser el caso del convertido que quiere contraer matrimonio con otra persona católica con la que convive. Para ello se hace necesaria la disolución del primer matrimonio que era válido aunque no sacramental y que si llegó a serlo no había sido como tal consumado.

Los diversos supuestos de aplicación

Matrimonios de infieles en caso de conversión. La potestad del Romano Pontífice alcanza a aquellos matrimonios contraídos en la infidelidad, cuando se convierte alguna de las partes, con tal de que no haya consumado después del bautismo de ambos.

Matrimonio de infiel y bautizado acatólico. Se trata del matrimonio entre dos acatólicos, uno de los cuales está bautizado y el otro no y es válido porque entre tales personas no tiene lugar el impedimento de disparidad de culto, cuando alguna de las partes se convierte a la religión católica. Es indispensable que no haya tenido lugar la consumación después del bautismo del no católico.

Matrimonio de infieles, sin conversión a favor de terceros. La potestad del Papa ha extendido su acción para disolver el matrimonio no sacramental, sin que ninguno de los dos cónyuges se convierta a la fe cristiana. El caso suele ser un tercero, generalmente católico, que mantiene relaciones maritales con alguno de aquéllos cónyuges.

La instrucción Ut Notum y sus normas procesales

Se trata de un proceso administrativo cuya parte indagatoria y probatoria se desarrolla ante el Ordinario del lugar. Todas estas actuaciones pasan en fase resolutoria a la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, que culmina con la concesión o denegación por el Romano Pontífice de la gracia de la disolución del vínculo.

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