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14. La clasificación de los derechos

Los modelos de elaboración doctrinal

Es posible identificar un número reducido de criterios en torno a los que se estructuran la mayor parte de las clasificaciones que se han realizado. Tales criterios serían los siguientes:

  • El criterio subjetivo; carácter o situación del sujeto titular de los derechos

  • El criterio jerárquico; importancia o valor relativo de cada derecho

  • El criterio cronológico; la época de su formulación positiva

  • El criterio objetivo; la naturaleza del contenido de tales derechos

El criterio subjetivo

Por un lado una manifestación es la que utiliza como punto de referencia alguna de las peculiaridades diferenciales del sujeto que detenta el derecho que forma parte de sus propio ser, o que le corresponde por su posición en relación con los otros sujetos Por otro lado la que agrupa a los derechos atendiendo al carácter del ámbito vital del sujeto al que tales derechos afectan.

Pero este criterio subjetivo al presentar posibilidades casi ilimitadas de diferenciación pierde su propia utilidad clasificatoria sistemática.

Sin embargo, el destinatario último y unitario de todos los derechos humanos es siempre el individuo en cuanto hombre, es decir, el individuo en su calidad de persona que construye su vida dentro del sistema de las relaciones sociales.

Es muy poco relevante para marcar diferencias consistentes y tajantes entre los diversos derechos a que es acreedor como persona.

El criterio jerárquico

Permite agrupar los derechos por referencia a la importancia o valor de dependencia que manifiestan unos en relación con otros. Así, se habla, por ejemplo de derechos " primarios " y derechos " secundarios " o derechos " fundamentales " y derechos " derivados ". Pero tanto desde el punto de vista histórico como desde el punto de vista de la importancia que se les atribuye hay en efecto unos derechos humanos que son más fundamentales o básicos que otros, aunque esta idea jerarquizadora parezca inaceptable en teoría.

El criterio cronológico

Agrupa a los derechos según las diferentes etapas generacionales en que han ido sintiendo su necesidad y en que ha sido proclamados. Se habla con frecuencia de los " derechos de la 1ª generación " (derechos civiles y políticos), " derechos de la 2ª generación " (derechos económicos, sociales y culturales), " derechos de la 3ª generación " (identifica a los llamados derechos de solidaridad), y " derechos de la 4ª generación " (alude a los derechos de la era informática y biotecnológica).

Este criterio es con toda evidencia el más puramente descriptivo y parece tener poca utilidad para el conocimiento teórico de los derechos ya que no aporta la explicación de los mismos.

El criterio objetivo

Es el que se fija en la naturaleza de los bienes protegidos o en el tipo de poder que los derechos atribuyen a los titulares de los mismos. Dentro de este planteamiento es frecuente la sistematización que se basa en la distinción o contraposición entre los derechos civiles, los políticos y los derechos sociales.

Los civiles, llamados también derechos de libertad civil o simplemente derechos de libertad reconocen unos determinados ámbitos de acción a la autonomía de los particulares. Garantizan, la iniciativa y la independencia de los individuos que incluyen una pretensión de excluir a todos los demás sujetos del ámbito de acción que se pone a disposición de sus titulares.

Los derechos políticos reconocen y garantizan la facultad que corresponde a los ciudadanos de tomar parte en la actuación o desarrollo de la potestad gubernativa. Son designados también a menudo con el nombre de derechos democráticos o derechos de participación política. A diferencia de los civiles comportan una obligación positiva del Estado de hacer posible la participación y son caracterizados como libertades-participación ya que hacen del individuo un factor activo en el ejercicio del poder, permitiéndole cooperar con él.

A su vez los derechos sociales, llamados también derechos de crédito derechos económicos, sociales y culturales, tienen como nota la de constituir pretensiones que corresponden a los ciudadanos y que pueden esgrimir frente a la actividad social y jurídica del Estado. Se puede exigir al Estado determinadas prestaciones para que el individuo pueda alcanzar el pleno desarrollo de su personalidad y por eso son definidos a menudo como " derechos de crédito ". Comportan una cierta obligación del Estado para con los sujetos de la vida social (individuos o grupos).

El camino seguido por la práctica legislativa

Encontramos que la tendencia clasificatoria ha llegado a extenderse tanto en el Derecho intraestatal como en el Derecho supraestatal de los derechos humanos.

En el ámbito del Derecho intraestatal, las declaraciones de derechos se limitaron durante largo tiempo a recoger y proclamar de forma bastante asistemática el elenco de derechos que se consideraba que debían ser garantizados. En un momento dado las declaraciones comenzaron a incorporar diversos criterios y principios de ordenación. No obstante gran número de textos constitucionales ha seguido fiel al viejo sistema tradicional puramente enumerativo.

En el ámbito del Derecho supraestatal la práctica no ha sido uniforme pero se ha ido consolidando progresivamente aunque muy lentamente, una cierta tendencia a estructurar los propios textos positivos de acuerdo con criterios científicos.

El intento de una clasificación sistemática rigurosa

Ha de reconocerse que cualquier intento de clasificación de los derechos humanos puede resultar radicalmente estéril cuando no son tenidos en cuenta algunos principios o exigencias metódicas sumamente simples pero que han demostrado de forma inequívoca ser imprescindibles.

La elección de los criterios

Cualquier clasificación tendrá siempre un valor meramente relativo y provisional por estar construida en referencia a un criterio o punto de vista particular y también porque el significado de la virtualidad de los diferentes derechos no se agota casi nunca dentro de los límites propios de la única categoría en la que quedan situados. La importancia y la utilidad de una clasificación dependerán de la importancia y la utilidad del criterio sobre el que se basa su desarrollo y sobre todo del rigor y coherencia con que se lleve a cabo ese desarrollo.

Cada clasificación ha de basarse en único y mismo criterio, por lo que resulta de todo punto inadmisible la utilización combinada dentro de una misma clasificación de varios criterios distintos. Es imprescindible que además se fijen las categorías o tipos base con una delimitación conceptual tan precisa que tales tipos resulten mutuamente excluyentes y al menos en principio no puede ser indiferente la decisión de incluir un derecho en una o en otra de tales categorías. Al mismo tiempo de estas categorías deberán serlo suficientemente generales y abiertas para cumplir de forma correcta su función clasificadora.

Para formular una clasificación sistemática y coherente y rigurosa caben 2 únicos caminos: el que toma como base el criterio subjetivo, y el que se desarrolla sobre la consideración de características objetivas. En el 1º se atiende al carácter del sujeto que se constituye en portador o titular de los diversos derechos. En el 2º el punto de referencia son los propios derechos que se clasifican atendiendo a su carácter y su contenido.

La ordenación según ese 2º criterio consecuentemente se realizará en torno a 3 grandes grupos: el de los que reconocen y protegen la integridad física o moral del individuo, el de los que garantizan su libre actuación y el de los que propician las condiciones de ejercicio de los otros derechos.

Los derechos que reconocen y protegen la integridad física o moral del hombre

Los numerosos derechos humanos que cumplen la función de contribuir a la conservación y desarrollo pleno de la vida de los hombres actúan en un doble plano: el biológico y el psíquico-social o moral. Por tanto deben ser analizados en forma separada y dentro de 2 distintos apartados: por un lado el de los derechos vinculados a la salvaguardia de la subsistencia e integridad física o y por otro de los derechos relativos a la subsistencia e integridad moral.

Derechos para la subsistencia e integridad física

Con ellos se protege, no sólo el hecho radical de la vida sino también su integridad y plenitud incluyendo todos aquellos factores básicos que dentro de la organización social contribuyen de una forma directa a su conservación. Forman parte de este grupo no sólo el derecho a la vida y a un nivel de vida adecuado sino también el derecho a la integridad física, a la salud, a la protección de esa salud, el derecho a la SS y a la asistencia pública, el derecho unos servicios sociales adecuados... y también se contemplan otros derechos como el derecho a la propiedad o a la herencia y el derecho al trabajo, a la protección contra el desempleo, al descanso diario y semanal, vacaciones anuales o la vivienda, que pretende garantizar la posibilidad física mínima de disponer de los necesarios medios subsistencia y de conseguir esto con un coste vital que no llegue a lesionar la vida que se intenta proteger.

Derechos para la subsistencia e integridad moral

En este grupo están los derechos referidos a la constitución y desarrollo o perfeccionamiento de la personalidad social y los relativos a la integridad moral y a la intimidad. Dentro de este apartado se enumeran derechos como: al nombre, a la nacionalidad, la personalidad jurídica, al desarrollo de la personalidad, la educación, a la propia cultura, a participar en la vida cultural, la integridad moral, al honor, al respeto, a la intimidad, la inviolabilidad del domicilio y a la de la correspondencia.

La persona individual se ha constituido inevitablemente en una instancia de exigencias psíquicas de autoidentificación y de estima social.

Todos estos derechos tienden a la protección de la integridad del individuo en su dimensión espiritual. Están comprometidos en garantizar la supervivencia social del sujeto que le hacen apto para participar en la vida social desde una posición garantizada y eficaz.

Pero si los seres humanos son hombres en la medida en que nacen y se desarrollan dentro de la sociedad, ha de entenderse que estos derechos están también directamente vinculados a la protección de la vida humana en su núcleo central y más profundo.

Los derechos que reconocen y protegen la libre actuación del hombre

La libertad es un bien radicalmente importante para el hombre como la misma vida, pues el principio de libertad queda inserto en la idea hombre- persona en cuanto que éste constituye un fin en sí mismo, un ser abocado a su constante autorrealización, siendo unitario e indivisible. Por eso ha sido reconocida gradualmente y puede hablarse de diversos sectores y ámbitos concretos de realización de la libertad, en atención a la peculiar dimensión personal o social en la que se desenvuelve la actividad libre del individuo.

Primer sector de realización: La Libertad física O derecho del hombre a no estar incondicionalmente sometido a otro sujeto. Aquí están incluidos el derecho a no ser sometido esclavitud y el derecho a no ser detenido o encarcelado así como el derecho a circular libremente y el derecho a elegir residencia.

Segundo sector: libre actividad racional o espiritual

En 2 planos o niveles: el estrictamente privativo y el de participación o comunicación.

En el 1º está la libertad religiosa a la de creencia y conciencia y la libertad de pensamiento.

En el 2º la libertad de manifestación del pensamiento y la de libertad de opinión y de expresión así como la libertad de comunicación la de información o la de prensa. También pertenecen a este 2º plano los derechos que atañen a los instrumentos o vehículos de comunicación y manifestación del pensamiento las creencias. Se citan aquí la libertad de idioma, la elección cultural, la libertad de educar a los hijos, la libertad de enseñanza y la libertad de culto.

Tercer sector: derechos para la libre actuación en la vida colectiva Es decir en el ámbito en el que se constituye la trama de las relaciones y procesos sociales. Este grupo de derechos comprende el derecho general de libre determinación del desarrollo social (recientemente reconocido a los pueblos) y otras libertades concretas de alcance social como el matrimonio, la libertad de reunión, y la libertad de asociación y la libertad de manifestación.

Cuarto sector: tutelan la libre participación del individuo en su calidad de ciudadano Es la participación en la vida y la actividad política de su país. Son derechos que inciden en el proceso de formación de la llamada " voluntad política ". Entre éstos hay que señalar la " libertad de los pueblos para establecer su condición política " o " derecho de libre determinación " y el propio derecho de resistencia. Debe citarse asimismo el derecho de participación política o de intervenir en el gobierno del país, el derecho a votar y ser votado, y también el derecho al ejercicio de los derechos políticos, el derecho de petición y el derecho defender el país.

Quinto sector: libertad en el ámbito de las relaciones laborales Se trata de la libertad del hombre su actividad laboral. Recoge la libertad de trabajo, el derecho al ocio, el derecho de negociación colectiva, el derecho a colaborar en la gestión y el derecho de huelga.

Sexto sector: relaciones de contenido económico.

En él se incluye la primitiva libertad económica estrictamente individual con derechos como el de libertad de comercio e industria, o derecho de ejercer cualquier actividad lucrativa, o el derecho de los pueblos a " proveer libremente su desarrollo económico ".

Los derechos que propician las condiciones de ejercicio de los otros derechos Tales derechos podrían ser identificados como promocionales. Responden a la finalidad de crear un marco normativo de las relaciones sociales que realmente haga posible el disfrute de los derechos de integridad y de libertad lo que se consigue por 2 vías: mediante una regulación general de las relaciones sociales o mediante una específica reglamentación de circunstancias de las que dependen la integridad y libertad de los individuos.

Son derechos de seguridad e igualdad, algunos de protección legal y algunos de promoción.

Hay que numerar el derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos humanos se hagan plenamente efectivos, el derecho general a la igualdad, el derecho de igualdad ante La ley, el derecho a la igualdad de remuneración, el derecho seguridad jurídica, el derecho condiciones equitativas de trabajo o el derecho a reinstalación o indemnización y el derecho a vacaciones retribuidas.

Hay otros derechos que más en concreto intentan asegurar la existencia de unas circunstancias o condiciones. Y así el derecho a la retribución justa y suficiente o el derecho a un aviso previo en caso de cese, o el derecho a la seguridad o el derecho a no ser detenido o arrestado si no es conforme a lo dispuesto por las leyes.

Otros derechos establecen garantías simultáneamente válidas para la protección de la integridad física y moral y de la libertad de acción del sujeto como derecho la protección social, jurídica y económica, el derecho de asilo, el derecho a ser juzgado y el derecho a no ser condenado sin defensa.

El sentido y alcance de la clasificación

Esta clasificación resulta insatisfactoria en muchos aspectos. Hay en efecto, derechos cuyo encaje concreto es indiscutible, ya que su función y sentido permite relacionarnos con varios apartados casillas. Hay también derechos cuyo perfil presenta un alto grado de indeterminación. También hay derechos que parecen reiterar total o parcialmente el contenido protector de otros derechos. Y finalmente y derechos cuya mención entre los derechos humanos sólo puede justificarse por el hecho de que han sido proclamados alguna vez por algún documento positivo.

Pero en última instancia y sin perjuicio del carácter provisionalmente satisfactorio de sus conclusiones, esta novedosa clasificación es la que mejor refleja el sentido radical y primario de cada uno de los derechos y es en consecuencia la que más y mejor puede contribuir a la adecuada captación de su contenido y de la función que les corresponde desempeñar.

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