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16. Los derechos de libertad

Sentido y alcance de la libertad humana

En la medida en que el hombre es racional es también libre, de modo que puede decirse que la libertad es un concepto integrado en la noción misma de la vida humana.

La vida de los hombres consiste en la constante realización de las propias posibilidades creadoras. Es, pues, connatural al hombre el poder actuar en todos los posibles campos de manifestación de su vitalidad sin tener que someterse a las presiones de su entorno existencial.

Ha de proclamarse, no sólo que los hombres actúan siguiendo el principio de libertad, sino también que son esencialmente libres. Por eso se dice que la libertad humana es un principio unitario y único que no admite la división en parcelas diferenciadas.(Es un principio y una esencia).

No es menos cierto que esa radical y única libertad no ha podido llegar a realizarse más que a través de su plasmación en los diversos ámbitos de actuación social en que se desarrolla la existencia de los individuos. Se ha dado pues, un avance parcelado que ha dado lugar a la gran diversificación del actual cuadro de libertades.

La libertad humana que es un modo de ser del hombre y también un principio que guía su acción, ha de ser incorporada a la organización de la vida social a través del reconocimiento de unos derechos particulares de libertad. En esta medida ha de asumir los condicionamientos y limitaciones que le impone el hecho de realizarse siempre en un marco de múltiple concurrencia de libertades individuales. Por eso tendrá que ajustarse a las exigencias derivadas de la aplicación de unos principios o criterios básicos de orientación entre los que cabe destacar estos cuatro:

  1. El sujeto titular de la libertad (individuo o grupo) es quien mejor puede decidir sobre los caminos a través de los cuales puede conseguir la realización/desarrollo de su libertad

  2. Todos los sujetos son por principio igualmente libres

  3. La libertad de cada uno ha de ejercerse en un contexto finito de posibilidades de realización

  4. La necesidad de conjugar la libertad de cada uno con la libertad de todos y con las necesidades y posibilidades colectivas imponía una armonización que sólo puede lograrse mediante algún tipo de delimitación del ejercicio de la libertad de cada cual

Derechos de libertad física

Desde los estoicos se viene afirmando que la verdadera libertad está en la autonomía espiritual. Sin embargo, es obvio que la libertad externa o física es la más inmediata manifestación del carácter libre del hombre. En esa medida pasa a ser también la exigencia más inmediata del modo humano de existir siendo libre.

De ahí que la reclusión, el presidio y la prisión sean designadas genéricamente como " penas privativas de libertad ". La protección de la libertad física de los individuos incluye el reconocimiento del derecho a no ser sometido a esclavitud, a no ser arbitrariamente detenido y encarcelado y a circular libremente y el derecho a elegir residencia.

Derecho a no ser sometido a esclavitud

Junto con la prohibición de la esclavitud tienden a la protección de la libertad individual básica La eficacia de esta protección se extiende primariamente, por tanto, a la propia libertad del individuo pero incluye también su bien/interés más preciado: el valor de la dignidad humana.

Sin embargo, la abolición efectiva y generalizada de la esclavitud no llegó a producirse hasta finales del siglo XIX un plena efectividad solamente en el mundo occidental y de ahí que se siga sintiendo la necesidad de proclamar el " derecho a no ser sometido esclavitud ".

Derecho a no ser detenido o encarcelado

Una de las aspiraciones primarias de la historia de la lucha por la libertad se ha visto en la exigencia de garantías contra las detenciones y encarcelamientos arbitrarios. Esa lucha desembocó en la implantación progresiva de medidas tendentes a reparar los ataques ilegales y arbitrarios a la libertad.

Este derecho protege, en su sentido primario, la libertad del individuo pero proporciona cobertura adicional al derecho a la vida y la integridad física amparando también la integridad moral a través de la protección contra el temor a ser inesperadamente detenido o encarcelado.

Por otra parte la protección se consigue a través de varias medidas tales como reconocimiento o proclamación formal del correspondiente derecho y la incorporación al sistema jurídico de normas sancionadoras de los atentados contra la libertad.

Pero hay que tener en cuenta que la libertad personal física no constituye un derecho absoluto. Todas sociedad comporta la existencia de un derecho general de represión y en especial los derechos de los demás y el bien común actúan como fuentes legitimadoras para el recorte de la libertad individual.

Derecho de libre circulación y residencia

Incluye la libertad de circular o desplazarse libremente en el espacio nacional e internacional y la libertad de elegir la residencia y domicilio. Los documentos de reconocimiento suelen proclamar conjunta y simultáneamente la libertad de circulación intranacional y la libertad de residencia haciendo mención separada de la libertad de circulación internacional.

El derecho de libre circulación se concreta en una serie de facultades. Este derecho incluye la libertad de circulación y desplazamiento cualquiera que sea el procedimiento utilizado dentro del territorio de un Estado, la libertad de salir y regresar al territorio del propio Estado y la libertad de abandonar el territorio de cualquier país.

El derecho a la libertad de residencia incluye la libertad de domicilio y se concreta en una amplia serie de manifestaciones. Entre estas la facultad de elegir libremente el lugar de residencia dentro del territorio nacional en el que se encuentra situada la persona y la libertad de cambiar de residencia dentro de ese territorio, la libertad de cambiar de domicilio dentro del lugar de residencia y la libertad de trasladar la residencia fuera del territorio nacional. Esta libertad ha tenido siempre una notable vinculación a las preocupaciones e intereses de carácter laboral y económico. Por eso uno de sus aspectos más acusados es el de funcionar como célula social de trabajo, producción y acumulación de riquezas. Y es en este sentido donde se conecta directamente a veces con la libertad de elegir el lugar de trabajo.

Derechos de libertad ideológica

Cuando se considera la libertad, su alcance y significación sociales (en cuanto principio regulador de la organización de la vida colectiva) aparecen de inmediato dos grandes ámbitos de realización: el de la actividad física y el de la actividad espiritual o racional.

En principio la actividad humana de pensar constituye un bloque compacto y unitario. Puesto que es un único dinamismo -el hecho de la actividad racional humana- el que origina los pensamientos tanto filosóficos como políticos religiosos o promueve las convicciones éticas o las concepciones científicas y artísticas, resultaría más preciso hablar de una sola libertad: la libertad ideológica o de pensamiento. Por otra parte, dado que el pensamiento humano está llamado a exteriorizarse o comunicarse, tampoco parece existir justificación para separar su dimensión puramente interna de su proyección exterior. No parece muy razonable propiciar la parcelación de la correlativa libertad de pensamiento.

Pero frente a las exigencias del análisis y la sistematización teóricos se ha impuesto una vez más el empuje de la realidad histórica de modo que se ha abierto el camino a una consideración separada. Al mismo tiempo la necesidad de conseguir una mayor claridad en el análisis aconsejan establecer dos grupos: el de las libertades que garantizan la configuración autónoma de la propia identidad espiritual y el de aquellas otras que posibilitan la proyección de esa identidad hacia el contexto social en que vive el sujeto.

Libertades de conformación de la identidad personal espiritual

Se trata de libertades que tienen un evidente tronco común y cuya individualización obedece al hecho de que la forma que cada uno tiene de entender y pensar todas las realidades que le afectan va cristalizando en relación con distintos ámbitos o aspectos de la vida. No es infrecuente que los estudiosos expliquen estas libertades dentro de una visión inspirada en la hipótesis de que constituyen un bloque existencial y funcional unitario.

La libertad de pensamiento comprende el derecho a orientar libremente la propia opinión sobre cualquier asunto y el derecho a no ser sancionado ni molestado por tener esa opinión. Se define por amparar la posibilidad de tener y mantener una concepción personal independiente en los campos de la reflexión filosófica, científica, ética, política, social o artística .

Equivale a la " libertad científica " y es por tanto un derecho cuyo campo de realización queda siempre enmarcado por la propia intimidad del sujeto. Pero este derecho no tendría sentido si no estuviera conectado con el " derecho a manifestar el pensamiento ".

El interés vital de los individuos radical no sólo en tener una concepción del mundo personal, sino en comunicar, difundir y defender públicamente esa concepción.

La libertad religiosa se identifica a menudo con la " libertad de creencia y conciencia ". Pero el ámbito de aplicación de la libertad religiosa es bastante más amplio por implicar algo que no incluye ésta: la " libertad de manifestación pública de las creencias religiosas " o la tradicional " libertad de culto ".

Este punto de partida no sólo incluye la libertad de abrazar cualquier religión, sino también la de no adherirse a ninguna y la de ser en esta materia escéptico, agnóstico o ateo.

Ninguna autoridad humana está legitimada para imponer las creencias, no sólo porque éstas dependen directamente la de la divinidad, sino porque carece de poder para cambiar los actos puramente internos de inteligencia o voluntad de los hombres. Sin embargo las manifestaciones externas de las diferentes opciones religiosas tienen siempre inevitables implicaciones sociales y en esa medida su ejercicio se ha de someter a las limitaciones que imponga la defensa de los intereses comunes.

La libertad de creencia y conciencia presenta aspectos que la aproximan más a la libertad de pensamiento que la libertad religiosa ya que da cobertura al fomento de cualquier tipo de convicciones y creencias, sean o no propiamente religiosas.

Una de las manifestaciones es el "derecho a la objeción de conciencia". Derecho que se inició con la presión social de diversos grupos religiosos y sociales cuya doctrina profesa un rechazo total a la violencia y que se ha ido extendiendo progresivamente hasta otros campos de la vida social, como el sanitario, el periodístico o el académico.

Libertades de manifestación de la propia identidad

Aquí se integran los diferentes derechos que garantizan la posibilidad de expresar y difundir libremente las ideas que cada uno tiene. Incluye un conjunto de libertades que protegen la misma posibilidad básica de comunicar el pensamiento propio a los demás miembros. Esa posibilidad se canaliza por la palabra, los impresos, la imagen o cualquiera de los nuevos medios que los avances tecnológicos han puesto al servicio de los hombres en un proceso histórico de legalización que se ha concretado en la proclamación de unos derechos que aparecen como diferentes.

La libertad de opinión y expresión se entiende como la facultad de formular y emitir libremente los pensamientos e ideas que cada uno se ha formado. Lleva como consecuencia indeclinable la libertad de expresarlos y comunicarlos; característica propia de los seres humanos al ser esencialmente sociales. Esta caracterización de las libertades se torna complicada y presenta evidentes implicaciones y coincidencias con otras libertades.

Se concibe la libertad de opinión como la mera posibilidad de formarse libremente opiniones propias sobre cualquier asunto, y en este caso coincidirá con la libertad de pensamiento, con la libertad de creencia y conciencia, o con la libertad religiosa.

Sí, en cambio, se entiende como posibilidad de opinar se superpone a la libertad general de expresión y por tanto también a las diferentes manifestaciones particulares de ésta.

La libertad de expresión debería ser reconducida finalmente la libertad de palabra, a la libertad de imprenta o las libertades de comunicación e información mediante la prensa escrita, la radio, la televisión o la informática.

El ejercicio del derecho de libre expresión del pensamiento con las creencias puede y debe ser regulado por el respectivo ordenamiento jurídico o con el fin de hacer compatible el disfrute general e igualitario de todos los derechos básicos para salvaguardar los intereses generales de la colectividad.

La libertad de prensa se entendió durante mucho tiempo dentro de una perspectiva marcada por la defensa de la libertad de opinión y por el intento de asegurar la posibilidad de criticar libremente la acción del poder. Comprendía fundamentalmente la libre elección de los contenidos de dichas publicaciones. Pero la situación ha cambiado bastante.

La organización estatal ha perdido la exclusividad de protagonismo como fuente de riesgos para el ejercicio de la libertad de opinión y de crítica. Hoy los riesgos proceden del campo de los poderes y las organizaciones privadas porque la libertad de prensa se ha convertido en un objeto de lucha de los poderes económicos. Por eso el peligro no viene de la censura, sino de las concentraciones de las empresas editoras.

Por otro lado, las publicaciones periódicas impresas son sólo una parte muy pequeña de los medios utilizados. La radio, la televisión y los canales de la comunicación informática están invadiendo sin pausa casi todos los espacios que controlaba hasta ahora la información escrita periódica. La importancia de la clásica libertad de prensa ha dejado paso a la invasión de los nuevos medios. Con la inevitable secuela de que la libre formación y manifestación de la opinión y la libre crítica morirán asfixiadas por la presión del pensamiento " oficioso " único, a no ser que se incluya en el radio de acción de esa libertad clásica los actuales medios de radiodifusión, televisión y comunicación informática o se consagre una libertad de nuevo cuño que los ampare.

La libertad de comunicación y la libertad de información tienen un contenido tan estrechamente complementario que no resulta procedente fragmentarlas. Este derecho no se limita a la mera manifestación de opiniones sino que exige el complemento de una plena libertad para recabar y recibir información sobre hechos, noticias y opiniones ajenas.

Incluye el derecho a la recíproca información entre los hombres.

Consecuencia, el reconocimiento jurídico y la efectiva garantía de las libertades de comunicación e información es esencial para el mantenimiento de las sociedades abiertas y de las organizaciones políticas realmente democráticas.

Además hay una amplia constelación de derechos que desempeñan una función de auxilio complementario. Así, la vieja libertad de imprenta, la libertad de idioma, la libertad de educar a los hijos, la libertad de enseñanza, la libertad de cátedra, la libertad de radiodifusión, la libertad de televisión y la libertad de comunicación informática.

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