10. Las teorías del control y de la desorganización social

Teorías del control social: ¿Porqué no delinquimos?

Las teorías de control social tienen en realidad una rancia tradición que se suele remontar hasta Durkheim. Esta teorías consideran que las personas tienen una de que tendencia a delinquir, que se consumara salvo que existan algún motivo que se lo impida, motivos que tienen la naturaleza de controles sociales informales. Dado que la tendencia a la desviación y al delito es aproblemática, la pregunta, pues, no es por qué delinquen, sino por qué no delinquimos.

La teoría criminológica de los años cincuenta se encontraba dominada por el hallazgo de que la delincuencia se concentraba en determinadas áreas de la ciudad. Esta es una idea coherente con la teoría de la desorganización social, pero también con las llamadas teorías culturales y subculturales y con las de la frustración. Reckless y sus asociados se preguntan entonces por qué hay determinados chicos que, viviendo en tales zonas que parecen ser crimenógenas, no delinquen: es el caso del "buen” chico en un área de alta delincuencia. Su respuesta, así como el propio planteamiento ¿por qué no delinque?, sí es una teoría de control social. Los autores se preguntan lo que sigue: ¿hasta qué punto es esta patente protección de compañías y normas desviadas una función de algo que se encuentra en el chico y hasta qué punto es algo en buena medida externo a él? Es decir, que para las teorías del control social, los controles que impiden que el chico caiga en el delito pueden ser internos o externos. Así, por ejemplo, los primeros pueden incluir un buen auto concepto, la creencia en las normas o un autocontrol alto; los segundos, la vigilancia en la familia, la escuela o el grupo primario.

Puesto que en el surgimiento y efectividad de estos controles desempeña un papel decisivo la familia tanto por la socialización que ofrece a los hijos como por la propia vigilancia a que les somete, las teorías del control conceden un lugar determinante en su esquema a esta institución, contrastando como otros enfoques de la época. Hirschi resume los mecanismos de prevención de la familia:

  • Mediante una correcta educación, la familia puede enseñar autocontrol a los hijos.

  • Mediante la restricción de las actividades de los hijos, vigilando los físicamente o preocupándose donde están cuando no están con ellos.

  • Mediante el fomento del cariño, el respeto o la dependencia entre sí de los miembros de la familia.

  • Vigilando la casa frente a potenciales a saltadores y protegiendo a los miembros de la familia de potenciales agresores; o, por último, e) Cuidando y preocupándose de los miembros de la familia y garantizando su buen comportamiento.

La teoría clásica de control más conocida es la de que Hirschi presentó en 1969.

Algunos autores han sugerido que los hallazgos favorables a esta teoría han sido exagerados por problemas metodológicos de los estudios. Concretamente se afirma que la teoría debería testarse con diseños longitudinales (en vez de los habituales transversales) porque la delincuencia puede debilitar los vínculos sociales: un joven que delinque tenderá alejarse de sus padres, a poner menos interés en el colegio, etcétera.

Un elevado número de investigaciones, además, sólo han encontrado respaldo empírico para ciertos elementos y partes de la teoría. Elliot y sus colegas, sí bien encontraron datos coherentes con la misma, rechazaron empíricamente la hipótesis de que una vinculación sólida a delincuentes previniese la delincuencia. En otros autores establecieron que la teoría no encontraba apoyo empírico tan sólido cuando se aplicaba a adultos y a delitos graves (la teoría de Hirschi se refería originalmente a chicos y fue testada por el mismo), con datos oficiales y autoinforme es de estudiantes adolescentes.

En una fundamentada investigación, Drennon-Gala encontró apoyo para algunos de los elementos del vínculo, pero no para todos. Este descubrimiento es uno de los que más a menudo aparece en las investigaciones: una evidencia limitadamente favorable para la teoría, se encuentra evidencia favorable para la teoría en algunos elementos del vínculo, pero no para otros. Hallazgos de este tipo han conducido a la sugerencia de que la teoría original de Hirschi debía modificarse en alguna medida; y, de hecho, a un buen número de revisiones y extensiones, las cuales en general no han logrado sin embargo supera al el prestigio e influencia de aquella.

La teoría del autocontrol

La naturaleza del delito

Una teoría que ha causado una sensación extraordinaria es la que propone que la criminalidad es consecuencia de un autocontrol bajo y de la oportunidad. Esta tesis ha influido en la discusión teórica de los últimos quince años y ha recibido una atención tanto doctrinal como empírica impresionante. La teoría ha sido desarrollada por M. Gottfredson y Hirschi. Los autores comienzan haciendo hincapié: que una buena teoría debe ser coherente con los hechos bien conocidos sobre el delito. A partir de este planteamiento se preguntan cuáles son precisamente las características del delito y de los delincuentes.

Algunas de las características más relevantes que encuentran tras revisar la literatura son las siguientes:

  • Los delitos son actos que requiere muy poco esfuerzo. La inmensa mayoría de los delitos pueden ser cometidos por cualquiera, no existe ningún tipo de talento o habilidad. Los delitos, por lo tanto, tenderán a ser muy poco sofisticados.

  • Los delitos resulta mucho más del mero aprovechamiento de una oportunidad cotidiana que de cualquier tipo de planificación. En efecto, son raros los delitos que se planifican: es la oportunidad lo que desempeñan un papel determinante.

  • Los delitos normalmente no producen los resultados buscados por el criminal, y se traduce en tanto en mínimas ganancias como en mínimos daños físicos, económicos y morales para las víctimas.

  • Los criminales tenderán a ser sujetos orientados a gratificaciones inmediatas y difícilmente capaces de sacrificar ventajas inmediatas en favor de beneficios a largo plazo; con una mínima formación; impulsivos, amantes del riesgo y de la búsqueda de emociones.

  • Los criminales son versátiles, en el sentido de que tienden a cometer una amplia gama de hechos delictivos, y muy rara vez a especializarse en un concreto tipo de delito.

  • Más allá, los delincuentes no sólo incurrir en hechos delictivos, sino también en muchos otros comportamientos desviados, como es el caso del consumo de alcohol y drogas; incluso tienen una probabilidad mayor de sufrir accidentes.

El autocontrol bajo

Los delincuentes tienen un autocontrol bajo. El autocontrol surge ante la ausencia de disciplina y educación en la familia De acuerdo con Gottfredson y Harschi, las personas que más probablemente delinquirán serán las personas con un autocontrol bajo. Puesto que, nos encontramos ante una teoría del control social, el autocontrol bajo no es algo que se cree, sino que más bien es el resultado de que no se pongan los medios para desarrollar un autocontrol en lo sujetos. No hay propiamente hablando causas positivas de la autocontrol bajo, sino que éste será ante la ausencia de disciplina, educación, etc. El autocontrol es una variable continúa que va desde niveles muy bajos a niveles muy altos. La idea de autocontrol bajo no tiene nada que ver con el concepto psicológico de la personalidad antisocial o criminal.

Una educación inefectiva del niño en la familia es origen principal de un autocontrol bajo. Una educación correcta del niño o la niña se caracteriza, de éste un punto de vista mínimo, por una serie de elementos.

  • Un seguimiento de su comportamiento.

  • El reconocimiento del comportamiento desviado cuando éste se produce.

  • El castigo de tal comportamiento.

Una variable y que parece estar muy relacionada con el delito es la educación errática. Se trata de supuestos en que los padres castigan con dureza comportamientos leves y dejan sin castigo conductas graves.

Cuando la socialización en la familia ha sido insuficiente, es posible todavía que el niño aprenda el autocontrol mediante otras instituciones, como es el caso sobresaliente de la escuela. En teoría, el papel de la escuela puede ser muy importante ya que los profesores tienen una gran capacidad para observar el comportamiento desviado de sus alumnos; el profesor y la propia escuela tienen un interés enorme en mantener la disciplina; y a menudo cuentan con los medios necesarios para conseguirlo. Para Gottfreson y Hirschi, la escuela tiene en la práctica un efecto mucho más limitado por el hecho de que los padres de chicos problemáticos a veces no se muestran muy cooperativos con los profesores.

El autocontrol es una característica que se fija a una edad muy temprana en la vida de las personas y que se mantiene relativamente constante a partir de ese momento: hacia la edad de 8 ó 10 años la mayoría de nosotros aprende a controlar tales tendencias hacia la desviación.

La oportunidad

La teoría de Gottfredson y Hirschi incluye un segundo elemento la oportunidad para delinquir. La oportunidad y las actividades rutinarias, insistiendo en que son posturas teóricas perfectamente compatibles. Se trata, pues, de una teoría general y unitaria. De esta manera, la clave para que un delito tenga lugar se encuentran en la concurrencia de estos dos elementos: un sujeto con un autocontrol bajo que se encuentra con una oportunidad para delinquir.

El factor oportunidad, desde luego, parece ocupar un lugar secundario en la teoría, en la que lo esencial parece ser el autocontrol bajo. Grasmick afirman que una oportunidad delictiva tiene escasa relación con el comportamiento delictivo mientras el sujeto no tenga un autocontrol bajo. Las personas con un auto control alto resistirán las tentaciones de las oportunidades para delinquir.

La teoría del control social informal dependiente de la edad

Una teoría del control social en el marco de la criminología del curso de la vida

Prácticamente todas las teorías criminológicas tradicionales son estáticas por naturaleza y no toman en cuenta el factor tiempo. Un ejemplo claro es la teoría del autocontrol que acabamos de describir: un factor latente llamado autocontrol bajo queda fijado a una edad temprana y marca la tendencia de una persona durante el resto de su vida, independientemente de su edad o de eventuales cambios que puedan experimentar un a lo largo de su vida. El paso de un el paso del tiempo o la era de las personas desempeñan un papel modesto. El enfoque del curso de la vida en las ciencias humanas sostiene que un grave error ignorar los efectos del paso del tiempo, tanto por los cambios que el aumento de la edad mismo ocasiona en las propias personas como por los cambios estructurales que se pueden producir durante la vida de las mismas. La perspectiva del curso de la vida propone que no es suficiente con estudiar los factores que aparecen muy pronto en la vida de las personas y que influyen en el comportamiento humano, sino que es también menester seguir a las personas a lo largo de sus vidas estudiando cómo diversos acontecimientos pueden provocar cambios en su estilo de comportamiento. Se trata, entonces, de un planteamiento dinámico.

En tiempos recientes esta perspectiva del curso de la vida ha tratado de integrarse con variables biológicas y psicológicas o con teorías criminológicas tradicionales como la del aprendizaje, la frustración o, sobre todo, el control social. De todos estos intentos, el más conocido y prestigioso ha sido el representado por la teoría del control social informal dependientemente de la edad de Laub y Sampson, trabajo que ha tenido una influencia abrumadora.

Elementos básicos de la teoría

Para Laub y Sampson, las personas se abstienen de delinquirán sobre todo se encuentran vinculadas a instituciones sociales. Esta vinculación hace que se ejerza un control social informal sobre los sujetos: cuanto más débiles sean los vínculos de un individuo con otros individuos y con instituciones sociales, más probable será que delinca. Naturalmente, no sólo el informal sino que también el control social formal es relevante. Ahora bien, este control social depende de la edad de las personas.

  • durante la infancia y la adolescencia, las instituciones determinantes para el control social de los individuos son la familia, la escuela, el grupo de pares y el sistema de administración de justicia juvenil.

  • en el caso de los jóvenes adultos, nos encontramos como otras instituciones de enseñanza superior o profesional, el trabajo y el matrimonio, siempre según Laub y Sampson.

  • por último, en la edad adulta, las instituciones de control críticas son el trabajo, el matrimonio, la paternidad o maternidad, la inversión en la comunidad y el sistema de administración de justicia.

Los autores incorporan asimismo el concepto de capital social que ejerce junto a los controles sociales propiamente dichos, una función de control de la delincuencia. A lo largo de la vida de las personas, estas llevan a cabo una serie de inversiones de naturaleza social: unas amistades, un buen trabajo, etc. El delito podría poner en peligro este capital social, motivo por el cual un capital social sólido tenderá a prevenir la delincuencia a nivel individual.

Laub y Sampson insisten en otorgar a la familia y la socialización que tiene lugar en su seno un papel preponderante en el nacimiento y consolidación de los vínculos sociales que previenen la delincuencia. También mantienen que la escuela es importante.

A la vez, los autores incorporan a su teoría variables de naturaleza estructurales, las cuales ejercen una influencia indirecta en los sujetos, sobre todo a través de la educación en la familia y la escuela. Por ejemplo, la pobreza y la desventaja socioeconómica tienen el efecto de que la educación que tiene lugar en la familia y en la escuela ser en perjudicada, lo cual a su vez favorece indirectamente la aparición de comportamientos desviados y delictivos.

Continuidad y cambio

En consonancia con la perspectiva del curso de la vida, Laub y Sampson hacen especial hincapié en la necesidad de estudiar a la vez los patrones de comunidad y de cambio en las carreras delictivas de los criminales.

Para Gottfredson y Hirschi y otros muchos autores, la continuidad de los criminales es prácticamente irremediable. No importa repetir que esta continuidad se entiende de este un punto de vista relativo: lo que se mantienen son las diferencias entre individuos en la tendencia a delinquir, pero no siempre se sigue delinquiendo al mismo ritmo. La teoría del control social informal dependiente de la edad pone un especial énfasis en que existen posibilidades reales de cambio en los criminales: es posible que estos encuentre en su trayectoria delictiva un momento decisivo que les aparte del delito. Coherentemente con una teoría del control social, esto tendrá lugar cuando el delincuente entre en contacto con instituciones sociales que le vinculen sólidamente y le alejen del delito. Por este motivo se insiste tanto en la necesidad, algo paradójica si se quiere, de estudiar a la vez continuidad y cambio: existe una tendencia la continuidad en el ámbito de la criminalidad, pero también existen posibilidades claras de cambio.

Los defensores de esta teoría señalan tres instituciones sociales fundamentales que pueden favorecer este cambio crítico: el trabajo, el matrimonio y la entrada en el ejército.

La teoría ecológica contemporánea

En los últimos años, la teoría ecológica o teoría de la desorganización social ha visto como volvía recibir un importante impulso por parte de la criminología mayoritaria, pudiendo hablarse de un verdadero renacimiento. A nuestro juicio, además de esta revitalización de la tradición ecológica, las nuevas investigaciones tiene como principal mérito el haber destacado la importancia que el medio físico, el barrio sobre todo, tiene para la compresión del fenómeno delictivo, pero también su enorme complejidad.

Uno de los hallazgos de Shaw y Mackay fue que aquellas áreas en las que se encontraba el delito continuaban siendo las más peligrosas incluso cuando los respectivos grupos nacionales que habían emigrado a Estados Unidos mejoraban su situación y salían de esas zonas. O sea, que los mismos barrios mantenían sus altos niveles de delito aunque sus pobladores eran distintos. Bursik y Webb volvieron a estudiar este hecho y encontraron que el mismo sólo podía explicarse siguiendo la argumentación teórica de los primeros hasta 1950; a partir de esta fecha los barrios en que se producen cambios también ven afectados sus índices de delincuencia. El trabajo no concluye que debe abandonarse el modelo, sino que en dichos procesos de transmisión de la delincuencia entre en juego más factores y son más complejos de los que Shaw y Mckay pudieron imaginar en su tiempo y que se trataba de un proceso marcadamente dinámico. Bursik y Webb destacan que el papel decisivo en los índices de delincuencia es desempeñado por los cambios que se producen en los barrios, así como por la naturaleza de los cambio, pero no por los grupos de personas que habitan los mismos. De este modo se destaca la importancia de la tradición ecológica en criminología.

Sí se recuerda, otra de las críticas que recibió el trabajo de Shaw y Mckay es que se basaba en datos oficiales sobre arrestos. Era posible que estos tratos exageraran el volumen de delito de las zonas más peligrosas porque la policía tendiese a patrullar más por ella y tendiese a llevar a cabo más arrestos en las mismas. Se trataba de una fuerte crítica metodológica. Sampson investigó esta hipótesis (la hipótesis de la contaminación ecológica) y encontró que era bastante verosímil.

El modo decisivo para comprobarlo la verosimilitud o falsedad de una teoría es sostener la misma a análisis empíricos. Pese a la enorme influencia del trabajo de Shaw y Mckay, Groves y Sampson llamado la atención sobre el hecho de que la teoría de la desorganización social no había sido nunca testada directamente. Sea la misma llegó a perder su lugar de privilegio en la criminología contemporánea, pues, también había sido por razones distintas de las estrictamente empíricas. Los autores se propusieron de este modo llevar a cabo una investigación orientada precisamente a dicho fin. De la teoría de la desorganización social puede derivarse la hipótesis fundamental cuando en una comunidad se dan:

  • Un estatus socioeconómico bajo.

  • Una alta movilidad de la población.

  • Una heterogeneidad étnica o nacional.

  • Deterioro familiar.

En ésta situación, Sampson y otros autores han señalado que a menudo la idea de desorganización social, no ha sido siempre bien entendida. La idea no implica que una comunidad o en un barrio exista el caos, sino que al contrario puede encontrarse perfectamente organizados. Lo que ocurre es que la comunidad puede estar organizada para ciertas cosas, pero no para protegerse del delito y otros comportamientos desviados. Esta es la idea de desorganización social o de falta de eficacia colectiva: la comunidad no está organizada para protegerse del delito.