02. Los partidos políticos (I)

Introducción

Nuestro objetivo se sitúa en la influencia y en la significación de los partidos políticos en el Estado democrático constitucional. La masificación del ejercicio de los derechos democráticos y la organización de la sociedad en la que se este proceso.

La irrupción de los partidos en la vida Estado ha supuesto una transformación de dimensiones extraordinarias.

Desde el mismo momento de la formulación clásica de la teoría liberal de la representación, se empieza a hablar ya de su crisis y de la crisis del mandato representativo.

Hoy los partidos políticos se han convertido en los instrumentos esenciales de la participación política.

Actitud del Estado ante los partidos políticos

El Estado ha mantenido criterios diferentes en relación a los partidos políticos.

Tipología de HANS TRIEPEL, que pone de manifiesto la evolución de las relaciones entre el Estado liberal y los partidos políticos. Distingue las siguientes etapas:
  • Fase inicial de hostilidad del Estado hacia los partidos políticos y condena, son considerados como facciones que impiden la correcta formación de la voluntad general.

  • Segunda fase de indiferencia, al considerar que los partidos son simples asociaciones privadas cuya actividad no afecta al funcionamiento del Estado.

  • Tercera fase de aceptación, al admitir que los partidos políticos realizan funciones importantes en la vida del Estado constitucional.

  • Cuarta fase de integración, al aceptar que los partidos son elemento esencial del Estado democrático.

PÉREZ ROYO distingue tres momentos en las relaciones de los partidos políticos con el Estado:

  • Génesis del Estado: el partido como mal absoluto. Nada puede interponerse entre los individuos y el Estado, por lo tanto son rechazados. Para fundamentar ese rechazo, la teoría política elabora los siguientes criterios:

    • HOBBES en El Leviatán, mantiene la incompatibilidad entra tales facciones y el Estado.

    • ROUSSEAU, en El Contrato Social, considera la incompatibilidad de tales “ pandillas”con la voluntad general del Estado.

    • En la Ley de Chapelier se manifiesta la incompatibilidad entre el Estado y el ejercicio del derecho de asociación.

  • Régimen parlamentario liberal: el partido como bien deseable. Se construye una teoría positiva sobre los partidos políticos, declarando la compatibilidad funcional con el Estado y admitiendo su necesidad para la existencia del régimen representativo. El autor más lúcido será BURKE, cuya teoría descansa sobre los siguientes elementos:

    • Rechaza la equiparación entre partido y facción.

    • El objetivo de todo partido político es llegar al gobierno para ejecutar su programa.

    • Tal pretensión sólo será posible si el partido posee la organización adecuada y cumplen tres obligaciones los afiliados: vincularse a un partido, votar siempre con el propio partido y no abandonarlo nunca.

  • El Estado democrático: el partido como mal necesario. Hay un recelo expreso frente a los posibles abusos de poder. Según MADISON, “ partido es un mal necesario, porque los remedios el para suprimir su existencia serían peores que la enfermedad” .

Estados Unidos se enfrentaría al problema real mediante tres instrumentos:

  1. La consideración de la Constitución como norma jurídica.

  2. Un régimen federal.

  3. Justicia constitucional desde muy pronto.

El partido es el presupuesto histórico de la constitución del pueblo como sujeto político.

Los partidos políticos son el instrumento mediante el cual el pueblo se expresa en mayoría y en minoría, por lo que es el instrumento básico para la formación de la voluntad popular.

La esencia de la democracia consiste en el compromiso permanente entre los grupos del pueblo representados en el Parlamento por la mayoría y la minoría.

Los partidos políticos en la CE de 1978

La Constitución integra a los partidos políticos en si misma. Los incorpora al Título Preliminar, en el artículo 6.

En el tratamiento de los partidos políticos por la Constitución, hay que señalar dos aspectos: el primero justifica su reconocimiento y el segundo configura sus condiciones de existencia.

El primer aspecto afirma que los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. O sea, que la Constitución reconoce un status público. El partido es un instrumento indispensable a un nivel inicial de reducción de la complejidad, por lo que esa labor de intermediación es indispensable en un nivel de reducción de la complejidad. En consecuencia, esa labor de intermediación es indispensable en expresar el pluralismo social y la reducción de la complejidad social.

Su reconocimiento les confiere una dignidad constitucional que reclama una especial protección, aunque tiene la contrapartida de imponerles concretas exigencias.

Los beneficios son su preeminente status constitucional, el tener acceso a fuentes públicas de financiación y la presunción de representatividad.

Las exigencias sobre su funcionamiento son que sea un instrumento esencial y que se someta a los controles específicos. Es decir, que como es una asociación y tiene una peculiar situación en la estructura del Estado, están sometidos a contrapartidas: a un régimen jurídico más exigente, en donde se les impone un expreso respecto a la Constitución y a la ley, que su estructura interna y su funcionamiento sean democráticos y que sus finanzas sean susceptibles de control público por el Tribunal de Cuentas.

La Ley 54/1978, de 4 de diciembre, de partidos políticos

Era una ley formalmente preconstitucional pero que venía a desarrollar la Constitución.

Fue una ley de mínimos, que descansaba en los siguientes principios:

  • El principio de libertad de creación de partidos y de intervención mínima en los mismos.

  • La imposición de unos mínimos organizativos y funcionales.

  • Normas procesales para la suspensión o disolución judicial.

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