05. El contenido del contrato

El contenido del contrato

El contenido y el objeto del contrato

La expresión contenido del contrato se encuentra referida al conjunto de derechos y obligaciones generados por el contrato en cuestión. El contenido del contrato sería una referencia de carácter objetivo que, referida a cada contrato en particular, exigiría determinar concretamente cuál es, de una parte, el cuadro de facultades, prerrogativas y derechos, y, de otra, el conjunto de cargas, deberes y obligaciones que competen a cada una de las partes contratantes.

El objeto contractual está identificado con las cosas, deberes y obligaciones que competen a cada una de las partes contratantes.

La autonomía privada y las reglas contractuales

El contenido contractual depende de la reglamentación autónoma de las partes contratantes, quienes, como establece el artículo 1.255, "pueden establecer los pactos, cláusulas o condiciones que tengan por conveniente, siempre que no sean contrarios a las leyes, la moral, ni el orden público".

El principio de autonomía privada no presupone la inexistencia de normas imperativas en relación con los contratos. Por consiguiente, las primeras reglas contractuales a tener en cuenta son las normas imperativas existentes que no pueden ser desconocidas ni sustituidas por acto alguno proveniente de la autonomía privada y ocupan, pues, jerárquicamente hablando, una absoluta preeminencia sobre el acuerdo contractual autónomo.

Una vez respetadas, las partes pueden establecer el contenido contractual que les parezca más acorde con sus intereses y pretensiones, de ahí la importancia de los contratos atípicos.

Del artículo 1.255 cabe deducir dos consecuencias fundamentales:

  1. En primer lugar, respecto de los contratos regulados específicamente por el Derecho positivo, los particulares pueden introducir las modificaciones que consideren adecuadas.

  2. En segundo lugar, el principio de autonomía privada no tiene porqué quedar limitado o circunscrito al ámbito de los contratos legalmente regulados o tipificados (contratos típicos).

Si las partes no proceden a sustituir el mandato de las normas dispositivas, éste pasa a formar parte del contenido contractual.

La condición

Noción general y requisitos

No es extraño en la práctica que la celebración de un contrato quede fijada bajo determinadas condiciones que afectan directamente a la eficacia del mismo. Tales condiciones son perfectamente admisibles conforme al principio de autonomía privada y, por tanto, pueden incorporarse a cualquier contrato por voluntad de las partes; en tales casos se habla de elemento accidental del contrato. Una vez conformes las partes en someter el contrato a condición, esta deja de ser un mero accidente para convertirse en el elemento esencial para la propia eficacia del contrato.

La eficacia del contrato depende de un suceso futuro o incierto, cuyo efectivo acaecimiento o falta de acaecimiento reúne las características requeridas por el Código para que pueda hablarse de condición:

  1. El suceso contemplado como condición tiene que ser posible.

  2. Las condiciones no pueden ser contrarias a las leyes ni a las buenas costumbres.

  3. El acaecimiento (o falta de acaecimiento) del suceso contemplado como condición no puede depender de la voluntad de los contratantes

Condición suspensiva y condición resolutoria

Cuando la eficacia del contrato depende del acaecimiento de la condición se habla de condición suspensiva; ya que, hasta que no se produzca el evento futuro o incierto, los efectos propios del contrato se encuentran en suspenso.

Por el contrario, se habla de condición resolutoria cuando el contrato apenas celebrado genera los efectos propios, cual si no existiera condición; pero el acaecimiento de ésta supone la ineficacia sobrevenida del contrato. Esta aparición de la condición opera con efecto retroactivo (desde la celebración del contrato).

Así pues, el acaecimiento de la condición voluntariamente aceptada por las partes puede traer consigo:

  • Ora la eficacia del contrato (condición suspensiva).

  • Ora la ineficacia del mismo (condición resolutoria).

La condictio iuris o condiciones legales

Expresión utilizada para expresar que, en ciertos casos, la ley subordina la eficacia del contrato u otro negocio, al acaecimiento de un suceso futuro o incierto y en todo caso, no dependiente de la voluntad de las partes (se requiere que el testado fallezca para que el testamento tenga eficacia).

La categoría de la conditio iuris no la contempla el Código Civil. En realidad nada tiene que ver con una condición:

  1. La condición es un elemento accidental o contingente (no necesario) del contrato; mientras que, la denominada conditio iuris constituirá un presupuesto legal y necesario de eficacia del contrato (o del acto o negocio jurídico) de que se trate.

  2. El cumplimiento de la conditio iuris no tendrá por principio, eficacia retroactiva, en contra de cuanto ocurre en las relaciones contractuales sometidas a condición.

El término o plazo

El término es el momento temporal en que comienzan o terminan los efectos de un contrato (elemento accidental), o cuando ha de llevarse a cabo el cumplimiento de una obligación determinada (presupone la eficacia del contrato).

El término como elemento accidental: término inicial y final

El término puede consistir tanto en la fijación de una fecha concreta futura, cuanto en un período temporal determinado, contando a partir del día de la celebración del contrato, cuanto, finalmente, en la fijación de una fecha indeterminada pero determinable por referencia a un evento que (ha de venir o producirse necesariamente).

Es necesario, para que pueda hablarse de término, que no haya incertidumbre sobre la llegada del mismo. El término puede ser:

  • Inicial. Día cierto a partir del cual un contrato genera de los efectos que le son propios; de forma parecida a cuanto ocurre en el caso de condición suspensiva.

  • Final. Día cierto en el que los efectos propios del contrato se darán por concluidos; de forma paralela a cuanto ocurriría en el supuesto de condición resolutoria.

El término de cumplimiento: término esencial

Con dicha expresión no se pretende afirmar que sea elemento esencial del contrato, sino que el cumplimiento de ciertas obligaciones excluye de forma absoluta que se pueda llevar a cabo con posterioridad a la fecha señalada. El cumplimiento extemporáneo equivale a un verdadero incumplimiento al no satisfacer el interés del acreedor.

El modo

Noción y ámbito

El tercer elemento accidental del contrato es el modo, que consiste en una carga o gravamen añadido en algunas ocasiones a los "actos de liberalidad", como la donación y el testamento.

Nuestro OJ sólo admite la incorporación del modo a las donaciones y a la institución de heredero o legatario, pues no puede incorporarse a los negocios onerosos.

Régimen básico

El modo consiste en la obligación accesoria impuesta al beneficiario de una determinada liberalidad por el disponente de ésta.

La relación entre la liberalidad y el modo es claramente de subordinación: el modo es accesorio respecto de la liberalidad en que consiste el "negocio gratuito". Por ello, en caso de que el modo impuesto consista en una carga de carácter ilícito o imposible, se tendrá por no puesto, mientras que la validez de la liberalidad permanecerá.

La carga modal, sin embargo, no puede interpretarse como un mero ruego, sino que es obligatoria para el beneficiario, quien habrá de cumplirla. En caso de incumplimiento imputable al obligado, la liberalidad puede ser revocada si las personas legitimadas para ello ejercitan la oportuna acción de revocación de la donación, o la “devolución de lo percibido con sus frutos e intereses” en el caso de institución de heredero o legatario.

Los contratos típicos y atípicos

Los contratos típicos

Bajo esta expresión se agrupan aquellos esquemas contractuales que están legalmente contemplados y a los que el Derecho objetivo proporciona una regulación de carácter general. Su regulación objetiva se limita a ofrecer el marco básico del contrato de que se trate, mediante escasas normas de carácter imperativo, al tiempo que ofrece la posibilidad a los particulares de modificar el resto de la disciplina legal que se caracteriza por tener naturaleza dispositiva.

Los contratos atípicos

Serán los contratos que, aún careciendo de reconocimiento legal y de regulación positiva reúnen los requisitos esenciales de la genérica figura contractual.

La celebración del contrato atípico supone estructurar un modelo contractual que no cuenta con una regulación supletoria ad hoc y es conveniente perfilar muy cuidadosamente las reglas o cláusulas contractuales para evitar imprevisiones en la ejecución efectiva del contrato.

Este es el problema fundamental que plantea el contrato atípico, pues en caso de litigio entre las partes, poco previsoras en el establecimiento del clausulado contractual, ¿Qué normas se aplicarían supletoriamente? Según la doctrina:

  • Teoría de la absorción. Una vez acercado el contrato atípico al esquema contractual típico que le resulta más próximo, se le aplicarán las normas de éste.

  • Teoría de la combinación. Se deberán tener en cuenta, conjuntamente y cohonestándolas entre sí, la regulación supletoria de todos aquellos modelos contractuales típicos que parcialmente estén presentes en el contrato atípico.

  • Teoría de la aplicación analógica. Habrán de aplicarse las normas propias del contrato típico que presente mayor identidad de razón y siempre conforme a las reglas internas de la aplicación analógica de las normas establecidas en el Código Civil.

La jurisprudencia del Tribunal Supremo atiende a la justicia del caso concreto, sobre la base de diseccionar lo mejor posible la voluntad de las partes, y atendiendo a la aplicación de las normas generales de contratación.