19. El préstamo

Los contratos de préstamo

Dice el artículo 1.740 Código Civil que "por el contrato de préstamo una de las partes entrega a la otra, o alguna cosa no fungible para que use de ella por cierto tiempo y se la devuelva, en cuyo caso se llama comodato, o dinero u otra cosa fungible, con condición de devolver otro tanto de la misma especie y cantidad en cuyo caso conserva simplemente el nombre de préstamo". Esta segunda figura recibe también la denominación de mutuo.

En cuanto categoría genérica, el préstamo es un contrato real, ya que se perfecciona por la entrega de la cosa; y unilateral, al producir sólo obligaciones para una de las partes, el prestatario, que es quien recibe de la otra parte, prestamista, la cosa objeto de préstamo.

Por tanto, el préstamo por razón de su objeto puede ser:

  • Comodato o préstamo de uso.

  • Mutuo o préstamo de consumo.

Ambas subespecies de préstamo tienen como característica común que la obligación primera y principal del prestatario radica en devolver cuanto le ha sido prestado. Sin embargo, la necesidad de distinguir entre una y otra figura contractual viene dada porque el contrato de comodato no transmite más que el uso, y en consecuencia, ha de restituirse precisamente la misma cosa prestada. En cambio, en el mutuo, el prestamista transmite al mutuatario la propiedad del objeto del préstamo, el cual pierde su individualidad al integrarse dentro del patrimonio de prestatario. Éste, por ende, restituirá el equivalente económico.

El comodato o préstamo de uso

Noción general

Es el contrato por el cual una persona (comodante) entrega gratuitamente a otra (comodatario) una cosa no fungible (o entregada como no fungible) para que use de ella durante cierto tiempo, con la obligación de devolver la misma cosa recibida. La nota de la gratuidad es la esencia en el comodato: si interviene alguna remuneración que haya de pagar quien adquiere el uso, habría en tal caso un arrendamiento de cosa.

Derechos y obligaciones del comodatario

El Código Civil establece que el comodante conserva la propiedad de la cosa, y, en consecuencia, el comodatario adquiere única y exclusivamente el simple uso de la cosa prestada durante un cierto tiempo.

En el caso de que la cosa prestada sea fructífera, entienden algunos autores que el comodatario no está legitimado ni siquiera para usar los frutos de la misma. Sin embargo, dicha conclusión es una interpretación literal del artículo 1.741, en el que se afirma que "el comodatario adquiere el uso de ella (la cosa), pero no de los frutos". Posiblemente, la correcta interpretación se refiera a que el comodatario no adquiere la propiedad de los frutos, siendo permisible, sin embargo, que los utilice, al igual que la cosa matriz.

La obligación de restitución

El comodatario debe devolver la cosa al concluir el uso para el que se le prestó o una vez transcurrido el plazo pactado, si bien en caso de urgente necesidad de ella, el comodante podrá reclamarla antes y el comodatario está obligado a restituirla. La restitución constituye el nervio central del contrato y, por tanto, todas las obligaciones expresamente contempladas se encuentran subordinadas a dicha desembocadura natural:

  1. El comodatario está obligado a satisfacer los gastos ordinarios que sean de necesidad para el uso y conservación de la cosa prestada.

  2. El comodatario queda igualmente constreñido a utilizar la cosa, para el uso para el que se le prestó.

  3. En cuanto obligado a restituir, el comodatario queda sujeto a las prescripciones generales relativas al deudor de dar o entregar alguna cosa y a conservarla con la diligencia de un buen padre de familia.

  4. Dada la esencial gratuidad del comodato, el comodatario debe restituir la cosa temporáneamente, sin que pueda argumentar derecho de retención alguno sobre ella.

Deterioro y pérdida de la cosa

En principio, dada la naturaleza del contrato, dispone el artículo 1.746 que "el comodatario no responde de los deterioros que sobrevengan a la cosa prestada por el solo efecto del uso y sin culpa suya". Esto es, los desperfectos o menoscabos generados, sin culpa del comodatario, por el uso racional y adecuado de la cosa, que se hubieran producido también si la cosa hubiera sido usada por el comodante, no son imputables al comodatario.

Con mayor razón, tampoco responderá el comodatario en los casos en que el deterioro o pérdida de la cosa tenga lugar a consecuencia del acaecimiento de algún caso fortuito, salvo casos en los que la responsabilidad del comodatario se vea agravada (artículo 1.744):

  1. Destinar la cosa a un "uso distinto de aquel para que se prestó".

  2. Conservar la cosa "en su poder por más tiempo del convenido".

  3. Que la cosa hubiere sido objeto de tasación en el momento de la entrega, salvo que expresamente hubiera sido eximido el comodatario de responsabilidad.

La posición del comodante

El comodante, como regla, una vez entregada la cosa para su uso gratuito por el comodatario, no queda obligado a nada. Los artículos 1.749 y 1.750 más que considerar obligaciones propiamente dichas del comodante, se refieren a la duración del contrato. Por su parte, los artículos 1.741 y 1.752 tiene un contenido “obligacional” claramente secundario y, en todo caso, ocasional.

El artículo 1.751 regula el abono de los "gastos extraordinarios de conservación", frente a la obligación del comodatario de atender o sufragar los "gastos ordinarios". Los gastos extraordinarios serán a cargo del comodante, "siempre que el comodatario lo ponga en su conocimiento antes de hacerlos, salvo cuando fueren tan urgentes que no pueda esperarse el resultado del aviso sin peligro".

El artículo 1.752 se limita a establecer que "el comodante que, conociendo los vicios de la cosa prestada, no los hubiere hecho saber al comodatario, responderá a éste de los daños que por esa causa hubiese sufrido".

La duración del contrato

La peculiar naturaleza del contrato hace que, en la práctica, con cierta frecuencia sea el propio comodante quien señale, en el momento de entregar la cosa, el tiempo por el que la presta. Sin embargo, tampoco son raros los supuestos en que el préstamo de uso se realice sin fijación de plazo alguno.

Ante ello, el Código establece algunas reglas de aplicación supletoria.

El artículo 1.750 establece que "si no se pactó la duración del comodato ni el uso a que había de destinarse la cosa prestada, y éste no resulta determinado por la costumbre de la tierra, puede el comodante reclamarla a su voluntad", al tiempo que dispone que, "en caso de duda, incumbe la prueba (de tales extremos) al comodatario".

Según el artículo 1.749 "el comodante no puede reclamar la cosa prestada sino después de concluido el uso para que la prestó. Sin embargo, si antes de estos plazos tuviere el comodante urgente necesidad de ella, podrá reclamar su restitución".

Causas de extinción

El contrato de comodato puede extinguirse por:

  1. Por la pérdida de la cosa.

  2. Por reclamar fundadamente el comodante la restitución de la cosa objeto de préstamo, ora por tener necesidad urgente de ella, ora por haber quedado indeterminado el plazo de duración.

  3. Por transcurso del plazo contractualmente determinado.

Dado que el artículo 1.472 establece que "las obligaciones y derechos que nacen del comodato pasan a los herederos de ambos contrayentes", es obvio que la muerte o declaración de fallecimiento de cualquiera de las partes no extingue el contrato, salvo en el caso de que "el préstamo se haya hecho en contemplación a la persona del comodatario, en cuyo caso los herederos de éste no tienen derecho a continuar en el uso de la cosa prestada".

El mutuo o simple préstamo

Concepto y características

Se denomina mutuo o, sencillamente, préstamo al contrato por virtud del cual una persona (prestamista o mutuante) entrega a otra (prestatario o mutuatario) dinero u otra cosa fungible, para que se sirva de ella y devuelva después otro tanto de la misma especie y calidad (artículo 1.753).

Puede ser gratuito o retribuido, esto es, con pacto de pagar interés, que normalmente será proporcional a su duración, y que encuentra en todo caso el límite establecido por la Ley de Usura.

Para el Código Civil el contrato de préstamo es naturalmente gratuito, pues, según el artículo 1.755 "no se deberán intereses sino cuando expresamente se hubieran pactado".

El carácter retribuido del mutuo parece requerir, respectiva y literalmente, pacto expreso o pacto escrito; requisitos que, sin embargo, no son interpretados de forma rigurosa por la jurisprudencia, que admite la acreditación y prueba de la existencia de pacto de intereses por otros medios.

Reglas particulares sobre capacidad

Con carácter general, basta que mutuante y prestatario tengan capacidad para contratar.

La capacidad del menor emancipado se encuentra restringida en relación con una serie de actos, respecto de los préstamos de dinero, que son objeto de prohibición: "tomar dinero a préstamo". Asimismo, el tutor tiene prohibido "dar y tomar dinero a préstamo" sin la autorización judicial.

La obligación de restitución

En el mutuo, a diferencia del comodato, se transfiere la propiedad de la cosa prestada al mutuatario, estando éste obligado únicamente a devolver el género.

No obstante, hay que distinguir entre el préstamo de dinero y el de las demás cosas fungibles. En el primer caso, se tiene en cuenta el valor nominal, pues la devolución ha de hacerse en la moneda de curso legal, en el segundo se atiende a la identidad de "materia", pues el deudor debe una cantidad igual a la recibida y de la misma especie y calidad.

El préstamo con interés: reglas especiales

Considera el Código Civil que "no se deberán intereses sino cuando expresamente se hubiesen pactado".

Empero, dispone igualmente el Código, que "el prestatario que ha pagado intereses sin estar estipulados, no puede reclamarlos ni imputarlos al capital".

El antagonismo entre ambos preceptos resulta claro, pues, pese a no estar expresamente pactados los intereses, el pago de los mismos no genera la posibilidad de reclamarlos al mutuante, es decir, no sólo excluye la repetición de aquéllos, sino que ni siquiera se autoriza al prestatario para imputarlos al capital. Igualmente, parece que si el prestatario no satisficiera los intereses en el futuro de forma voluntaria y continuada, el acreedor tampoco tendría cauce alguno para reclamarlos, salvo que acreditara la existencia del citado convenio tácito a través de cualquier medio de prueba.

El pacto de intereses en función de la necesidad del deudor, puede llevar a frecuentes abusos por parte del acreedor, y con el sentido de evitarlos la Ley de Usura de 1908 (también llamada Ley Azcárate) decreta la nulidad de los préstamos en que se haya pactado un interés notablemente superior al normal del dinero y manifiestamente desproporcionado con las condiciones del caso, o que resulten leoninos, y cualesquiera contratos en que se suponga recibida una cantidad superior a la entregada. Declarada la nulidad del contrato por usurario, el prestatario sólo estará obligado a entregar la suma efectivamente recibida.

La duración del contrato

El Código no contiene regla alguna de carácter específico respecto de la duración del mutuo o préstamo. En consecuencia, habrá de aplicarse las normas establecidas para las obligaciones a plazo (artículos 1.125 y siguientes).

Los contratos de crédito al consumo: la Ley 16/2011

Las nuevas técnicas de marketing han traído consigo fórmulas financieras muy elaboradas y de difícil comprensión, por lo que la legislación ha debido ir elaborando marcos protectores de los consumidores cada vez más sofisticados.

Art 1.1 Ley 16/2011: "Por el contrato de crédito al consumo un prestamista concede o se compromete a conceder a un consumidor un crédito bajo la forma de pago aplazado, préstamo, apertura de crédito o cualquier medio equivalente de financiación".

Según este artículo, determinados tipos de préstamo pueden quedar sometidos a la regulación propia del crédito al consumo.

Para mayor análisis de la materia se remite al "Manual sobre protección de consumidores y usuarios" del mismo autor.