09. Los derechos reales de goce: usufructo

Contenidos

  1. 1 Tipología de los derechos reales limitados
    1. 1.1 Caracterización general de los derechos reales de goce
    2. 1.2 Función económica de los derechos reales de garantía
    3. 1.3 Facultad de disposición y derechos reales de adquisición preferente
  2. 2 El usufructo
    1. 2.1 Concepto y caracteres
    2. 2.2 Constitución del usufructo
      1. 2.2.1 El usufructo legal del cónyuge viudo
      2. 2.2.2 Los usufructos de origen voluntario
      3. 2.2.3 La constitución mediante usucapión
      4. 2.2.4 El contenido del usufructo conforme al título constitutivo
    3. 2.3 Sujetos del usufructo
      1. 2.3.1 Reglas de capacidad
      2. 2.3.2 Usufructos simultáneos
      3. 2.3.3 Usufructos sucesivos
    4. 2.4 Objeto del usufructo
      1. 2.4.1 Usufructo de derechos
      2. 2.4.2 Usufructo de un patrimonio
  3. 3 Contenido del usufructo según el CC
    1. 3.1 Obligaciones previas del usufructuario
    2. 3.2 Las obligaciones de inventario y fianza
    3. 3.3 Usufructuarios eximidos de la obligación de fianza
    4. 3.4 La dispensa
  4. 4 La conservación de la forma y sustancia
    1. 4.1 Obligaciones del usufructuario respecto de la conservación de las cosas usufructuadas
    2. 4.2 Obligaciones del nudo propietario relativas a la conservación de los bienes objeto de usufructo
    3. 4.3 El cuasiusufructo o usufructo de cosas consumibles
    4. 4.4 El usufructo de cosas deteriorables
    5. 4.5 El usufructo con facultad de disposición
  5. 5 Derechos y facultades del usufructuario
    1. 5.1 La posesión, goce y disfrute de la cosa
      1. 5.1.1 El pleno goce de la cosa: accesiones y servidumbres
      2. 5.1.2 La percepción de los frutos
      3. 5.1.3 La realización de mejoras
      4. 5.1.4 La inexistencia de facultades del usufructuario en relación con el tesoro oculto y las minas
    2. 5.2 Supuestos especiales de usufructo en relación con el disfrute
    3. 5.3 Las facultades de disposición inherentes al derecho de usufructo
  6. 6 Derechos del nudo propietario
  7. 7 Extinción del usufructo
    1. 7.1 La pérdida de la cosa
      1. 7.1.1 La pérdida total de la cosa: efecto extintivo
      2. 7.1.2 La pérdida parcial: continuidad del usufructo
      3. 7.1.3 La pérdida de la cosa asegurada
    2. 7.2 La expropiación del bien objeto de usufructo
    3. 7.3 La prescripción
    4. 7.4 Efectos de la extinción
  8. 8 Los derechos de uso y habitación
    1. 8.1 La regulación característica del Código
    2. 8.2 Perspectiva contemporánea
Tipología de los derechos reales limitados

Caracterización general de los derechos reales de goce

El grupo de los derechos reales limitados conocidos tradicionalmente con el nombre de derechos reales de goce y más modernamente con el de derechos de disfrute, comprende los derechos de usufructo, uso, habitación, censos, servidumbres y superficie.

Si recordamos que, conforme al art. 348 CC, las facultades dominicales fundamentales son las de gozar y disponer de la cosa, se comprenderá en seguida que:

  • Los derechos reales a que nos referimos han de afectar a la facultad de gozar correspondiente al propietario: contar con el uso y utilización de la cosa, disponer de ella en sentido material, hacer suyos los frutos que produzca, etc.

  • Es preferible en Derecho español mantener la terminología tradicional de derechos de goce, por ser más acorde con el precepto fundamental dedicado por el Código Civil a describir en qué consiste la propiedad privada.

En cuanto a los derechos reales, los de goce presentan las notas propias de aquellos, alcance general, afección o inherencia a la cosa, eficacia erga onmes, al tiempo que resalta en ellos un altísimo componente posesorio, goce, uso y disfrute, ausente en los demás derechos reales limitados.

Dicho componente posesorio, es un dato inherente a la categoría de los derechos de goce, en cuanto derivación de la restricción de la facultad de gozar propia del titular dominical. Esta última y los derechos de goce juegan con el fiel de la balanza: cuanto mayor sea el contenido del derecho real de goce más restringida verá el propietario su facultad de gozar (en el usufructo queda virtualmente anulada; en la servidumbre queda tangencialmente afectada).

Los derechos de goce pueden encontrar su origen en la ley o ser constituidos de forma voluntaria por el propietario. El dueño hace dejación o cede su facultad de gozar efectivamente la cosa, a cambio de un determinado precio (es lo más frecuente: la constitución a título oneroso) o bien por un deseo de beneficiar a cualquier persona, llevado por el altruismo (constitución a título gratuito).

Al extinguirse los derechos reales de goce (sea por la razón que sea) el propietario, en base a la elasticidad del dominio, recupera la facultad de gozar que hasta entonces tenía restringida. Se dice entonces, técnicamente, que se ha producido la consolidación: el propietario reasume la plenitud de facultades dominicales.

Función económica de los derechos reales de garantía

La propiedad puede ser capitalizada por el titular dominical sin necesidad de privarse de facultad dominical alguna. A tal idea responden los denominados derechos reales de garantía, cuya manifestación más representativa es la hipoteca; mediante ella, el propietario puede obtener, fundamentalmente, préstamos o créditos, sin desprenderse del goce y utilización efectivos de la cosa afectada.

El otro tipo de derecho real de garantía, que ahora interesa, es la prenda. Consiste la prenda en entregar la posesión de una cosa mueble al acreedor de algo para garantizar el cumplimiento de una obligación cualquiera (Ej. arts. 1863 y 1864). Por tanto, la prenda y la hipoteca, conforme al Código Civil se distinguen fundamentalmente, entre sí, por dos notas:

  • El carácter o la naturaleza del bien sobre el que recaen: la prenda queda reservada por el Código Civil para los bienes muebles; por el contrario, el objeto propio de la hipoteca son los bienes inmuebles (arts. 1874 CC, 106 y ss. LH)

  • El desplazamiento posesorio del bien sujeto de la garantía: La prenda requiere que la posesión de la cosa se transmita al acreedor (denominado técnicamente acreedor pignoraticio; prenda es una derivación romance del término latino pignus). Mientras dicho desplazamiento posesorio no sea efectivo, el derecho real de prenda no habrá nacido, ni tampoco se habrá perfeccionado el contrato de prenda en sí mismo considerado (arts. 1863 y 1862 CC).

La hipoteca, en cambio, al recaer sobre bienes inmuebles (difícilmente sustraíbles a la acción del acreedor) y estar garantizada por el Registro de la Propiedad, no requiere que se produzca desplazamiento posesorio alguno: el deudor hipotecario seguirá conservando la posesión y el goce efectivos de la cosa inmueble (o derecho real inmobiliario) objeto de la garantía.

Facultad de disposición y derechos reales de adquisición preferente

La facultad de disposición permite, como regla, que el propietario enajene (esto es, transmita a otro) el bien que le pertenece cuando y como le venga en gana. No obstante, en casos determinados y en nuestro Ordenamiento excepcionales, dicha facultad de disposición se encuentra coartada por entender la Ley que otros intereses protegibles deben primar sobre la libertad de disposición del propietario.

Tales supuestos, son excepcionales respecto de la general libertad de disposición del propietario. Los casos en que la facultad de disposición se ve coartada se caracterizan porque la Ley concede a una persona la facultad de adquirir preferentemente el bien que el propietario pretende enajenar, siempre que dicha enajenación tenga lugar a título oneroso.

Por ejemplo, si el propietario del local que tengo alquilado quiere venderlo, puede resultar lógico que la Ley me conceda preferencia a mí para comprarlo si ofrezco las mismas condiciones que un tercero. La categoría o grupo de derechos reales conocidos como derechos de adquisición preferente comprende fundamentalmente los derechos de tanteo, de retracto y de opción.

Los dos primeros se han desarrollado sobre todo de la mano de la ley y, por tanto, se afirma de ambos que, en general, tienen origen legal. El tercero, el derecho de opción, tiene, por el contrario y por antonomasia, origen convencional o voluntario. Pese a lo dicho, existe igualmente un denominado retracto de origen convencional, y cabe además que los particulares, convencionalmente, pacten derechos de adquisición preferente de contenido o carácter atípico, dado que en Derecho español rige el sistema de numerus apertus respecto de los derechos reales.

Los derechos de adquisición preferente son evidentemente derechos reales, en cuanto atribuyen al titular de los mismos un señorío parcial sobre la cosa que recaen. Dicho señorío es, ciertamente, muy limitado: se circunscribe en exclusiva a adquirir la cosa con preferencia frente a cualquier otra persona en el caso de que el propietario pretenda enajenarla a título oneroso.

El usufructo

Concepto y caracteres

El derecho real en virtud del cual una persona puede disfrutar (esto es, poseer y obtener los frutos o rendimientos) de una cosa ajena se conoce -desde los tiempos romanos- con el nombre de usufructo.

La descripción y definición del usufructo por parte de los Códigos Civiles procede de la fórmula original de Paulo “usufructo es un derecho sobre cosas ajenas que permite usarlas y percibir sus frutos dejando a salvo su sustancia”.

En efecto, entre dicha fórmula y la primera proposición del art. 467 CC: "El usufructo da derecho a disfrutar los bienes ajenos con la obligación de conservar su forma y sustancia", la diferencia estriba únicamente en que se ha incorporado la palabra forma. Sin embargo, la segunda proposición del mencionado artículo no constituye precisamente una afirmación intrascendente: "a no ser que el título de su constitución o la ley autoricen otra cosa", como enseguida veremos.

El derecho de usufructo es un derecho real limitado y, en concreto, un derecho real de goce. El usufructo se encuentra caracterizado en nuestro actual sistema positivo por dos notas fundamentales que deben resaltarse desde el momento de aproximación a su régimen jurídico:

  1. En primer lugar, por la temporalidad o carácter temporal.

    • Al sistema jurídico no le parece conveniente que la dominación sobre la cosa se encuentre dividida entre varias personas, para evitar conflictos, para hacer más fluido el tráfico económico, etc. Si el nudo propietario, propietario que tiene un usufructuario en su propiedad, tuviera siempre un usufructuario, el derecho de propiedad se quedaría privado absolutamente de contenido.

    • Por ello, en contra de cuanto ocurría en el Derecho romano clásico, el Código Civil limita la duración del usufructo:

      • A treinta años cuando el usufructuario sea una persona jurídica : "No podrá constituirse el usufructo a favor de un pueblo o Corporación o Sociedad por más de treinta años. Si se hubiese constituido, y antes de este tiempo el pueblo quedara yermo, o la Corporación o la Sociedad se disolviera, se extinguirá por este hecho el usufructo" (Ej. art. 515).

      • En caso de que el usufructuario sea una persona física se establece como tope máximo la vida de ésta.

  2. La referida temporalidad del usufructo conlleva que, en algún momento no excesivamente lejano (aunque muchas veces al nudo propietario le parezca una eternidad), el usufructuario deba restituir la cosa usufructuada al nudo propietario transmitiéndole el goce y disfrute efectivos de la misma. El Código Civil exige al usufructuario la conservación de la cosa conforme a su naturaleza anterior al usufructo y que, conforme a ello, el usufructuario, no podrá alterar las condiciones materiales o el destino económico del bien usufructuado.

Constitución del usufructo

Dispone el art. 468 que "El usufructo se constituye por la ley, por la voluntad de los particulares manifestada en actos entre vivos o en última voluntad, y por prescripción (rectius, usucapión)".

El usufructo legal del cónyuge viudo

Sin duda alguna, el paradigma de los usufructos legales lo representa el usufructo ordenado legalmente en favor del cónyuge viudo. La función original en el Derecho Romano del usufructo era atender a la viuda, garantizándole el disfrute de los mismos bienes de que gozaba en vida del paterfamiliar.

Los usufructos de origen voluntario

Atendiendo a su origen debe distinguirse entre los que se producen mediante actos entre vivos o, por el contrario, a través de actos mortis causa.

Los usufructos voluntarios constituidos inter vivos. La constitución del usufructo entre vivos puede realizarse a través de cualquier figura de acto o contrato, sea a título oneroso o sea a título gratuito; sea reservándose el propietario originario la nuda propiedad de la cosa (supuesto poco frecuente) o, al contrario, manteniendo el usufructo a su favor y transmitiendo la nuda propiedad a otra persona (caso relativamente frecuente entre familiares cercanos o personas muy allegadas).

Los usufructos testamentarios. Es relativamente frecuente que, aparte el usufructo legal del cónyuge viudo, el origen legal del usufructo se encuentre en un testamento, a través del cual el causante ordena la sucesión de forma que atribuya a alguna persona el goce y disfrute de un bien cuya nuda propiedad atribuye a persona diferente. A tal efecto, es indiferente que dicha atribución se realice a título de heredero o de legatario.

La constitución mediante usucapión

Requiere que el usucapiente, reuniendo los requisitos generales, posea el bien a título de usufructo durante el plazo correspondiente a la usucapión ordinaria o extraordinaria, según que exista o no justo título y buena fe a su favor.

Semejante hipótesis de nacimiento del usufructo es bastante rara en la realidad. Es posible que la relación del usufructo nazca a consecuencia de un acto (entre vivos o mortis causa) o un contrato otorgado por alguien que posteriormente, pierde, o se ve privado de la condición de propietario por hechos anteriores a la constitución del usufructo.

El contenido del usufructo conforme al título constitutivo

Tiene una extraordinaria importancia determinar qué es y cuál sea el título constitutivo del usufructo, con independencia de cuál sea su forma concreta de materialización, dadas la disposiciones contenidas en los arts. 467 y 470 CC.

Dispone este último precepto que "Los derechos y obligaciones del usufructuario serán los que determine el título constitutivo del usufructo; en su defecto, o por insuficiencia de éste, se observarán las disposiciones contenidas en las dos secciones siguientes". Por su parte, el propio artículo definidor de la figura establece que "El usufructo da derecho a disfrutar los bienes ajenos con la obligación de conservar su forma y sustancia, a no ser que el título de su constitución o la ley autoricen otra cosa".

Por tanto, el contenido del usufructo depende, en primer y fundamental lugar de cuanto al respecto se establezca en el título constitutivo.

Sujetos del usufructo

El art. 469 CC dispone: "Podrá constituirse el usufructo en todo o parte de los frutos de la cosa, a favor de una o varias personas, simultánea o sucesivamente, y en todo caso desde o hasta cierto día, puramente o bajo condición. También puede constituirse sobre un derecho, siempre que no sea personalísimo o intransmisible".

En la mayoría de los supuestos, la posición de usufructuario y de nudo propietario la ocupan personas singularmente consideradas. Sin embargo, resulta también posible que tengan la condición de usufructuarios varias personas y que, a su vez, esta titularidad compartida respecto de la condición de usufructuario se plantee de forma simultánea o sucesiva. Ante ello, se suele distinguir dentro de los denominados usufructos múltiples entre usufructos simultáneos y usufructos sucesivos.

Por otra parte, también pueden ser usufructuarios (y por supuesto, nudo propietarios) las personas jurídicas.

Reglas de capacidad

El propietario al constituir el usufructo (y convertirse, en consecuencia, en nudo propietario) realiza un acto de disposición. Por tanto, en todo caso, debe tener libre disponibilidad y facultad de disposición sobre el bien objeto del usufructo. En relación con el usufructuario, es claro que su capacidad ha de ser suficiente en relación con el acto o contrato que sirva de título de constitución del usufructo: convenio inter vivos, adquisición mortis causa o usucapión.

Usufructos simultáneos

Se habla de usufructo simultáneo cuando las personas con derecho al usufructo ostentan conjuntamente y simultáneamente dicha titularidad (por ejemplo, dos ancianas tías carnales ceden a un sobrino la propiedad de un inmueble, pero reservándose en favor de ambas el usufructo). Como hemos visto, dicha titularidad simultánea es objeto de contemplación expresa por parte del art. 469. Si no fuera así, el resultado habría sido idéntico, pues obviamente el usufructo no excluye la pluralidad de sujetos en el goce y disfrute de la cosa, que constituye un supuesto de cotitularidad de derecho (real, en este caso) regido por los art. 392 y ss CC.

La cotitularidad exige que los partícipes en el derecho existan, por ello al regular la duración del usufructo simultáneo se comienza describiendo como usufructo constitutivo en provecho de varias personas vivas al tiempo de su constitución, pero se deduce de tal pasaje que cabe realizar una constitución sucesiva a favor de personas aún no nacidas.

El problema más importante que presenta el usufructo simultáneo radica en determinar su duración.

La respuesta legal, ínsita en el propio art. 521, consiste en imputar un carácter vitalicio al usufructo en relación con el fallecimiento de aquél de los titulares que falleciese posteriormente: "no se extinguirá hasta la muerte de la última (persona) que sobreviviere". Dicha regla coincide con la mayor parte de los supuestos prácticos, aunque por supuesto cabe la existencia de usufructos simultáneos regidos por otra reglas al respecto (por ejemplo, podría fijarse como vida contemplada en el plazo del usufructo la muerte de la primera tía fallecida, expresando que la otra abandonará el inmueble para irse a una residencia o a vivir con cualquiera).

En los casos de duración del usufructo simultáneo hasta el fallecimiento del último de los cotitulares, se plantea de otro lado el problema de saber si, mientras subsiste el usufructo, la cuota del ya fallecido (o de los ya fallecidos) acrece al resto de los usufructuarios o, por el contrario, forma parte de la herencia de aquél. Generalmente, entiende la doctrina que, salvo que otra cosa pudiera deducirse en contrario del título de constitución (lo que será sumamente raro), la cuota del fallecido no se integra en el caudal hereditario.

Usufructos sucesivos

Se denominarían así aquellos casos (generalmente de origen testamentario) en que el constituyente del usufructo designa a varias personas para que, de forma sucesiva, asuman la condición de usufructuarios (por ejemplo, lego el derecho de usufructo a mi hija y, en caso de faltar, a mi nieto primogénito). En tales supuestos, el problema fundamental viene representado por el hecho de que la consideración de un elenco interminable (o, simplemente, largo) de usufructuarios diera al traste con el carácter necesariamente temporal que nuestro Derecho positivo exige al usufructo.

Aparte de la referencia contenida en el art. 469, no dedica nuestro Código ningún precepto concreto a tal tipo de usufructo. Por ello, el sentir general considera que son de aplicación analógica al caso las reglas sobre la posible extensión de las sustituciones fideicomisarias establecidas en el art. 781.

Conforme a ellas, el usufructo habrá de constituirse necesariamente a favor de personas que vivan en el momento en que de comienzo aquél o, en último extremo, a favor de personas aún no nacidas “que no pasen del segundo grado” de parentesco con el constituyente.

Objeto del usufructo

El usufructo recae tanto sobre cosas como sobre derechos. Las cosas objeto de usufructo pueden ser tanto muebles como inmuebles, aunque en la práctica estos últimos siempre se han llevado la palma, quizá porque la conservación de su forma y sustancia plantea menos problemas (todo ello, claro está, iuxta modum: el usufructo es una figura relativamente frecuente en la sociedad contemporánea, si se exceptúa el usufructo del cónyuge viudo). Naturalmente tales cosas deben cumplir los requisitos generales de ser susceptibles de apropiación, transmisibles y no estar fuera del comercio.

Que el usufructo puede recaer sobre la cosa en su conjunto o sólo sobre parte de ella, parece obvio.

Así lo indica el art. 469: “Podrá constituirse el usufructo en todo o en parte de los frutos de la cosa...”. Por lo que se insiste en la clasificación de usufructos totales o parciales, aunque sin mucha importancia esta clasificación, pues el régimen jurídico es el mismo.

El usufructo de derechos, por su parte, sólo podrá constituirse cuando éstos no sean personalísimos e intransmisibles.

Usufructo de derechos

El objeto del usufructo puede consistir tanto en una cosa propiamente dicha cuanto sobre un derecho, aunque en este caso -en algunas subespecies- resulte problemático construir desde un punto de vista teórico el derecho de usufructo.

Una de las normas generales e iniciales de la regulación codificada establece claramente que "Si el usufructo se constituye sobre el derecho a percibir una renta o una pensión periódica, bien consista en metálico, bien en frutos, o los intereses de obligaciones o títulos al portador, se considerará cada vencimiento como productos o frutos de aquel derecho. Si consistiere en el goce de los beneficios que diese una participación en una explotación industrial o mercantil, cuyo reparto no tuviese vencimiento fijo, tendrán aquellos la misma consideración. En uno y otro caso se repartirán como frutos civiles, y se aplicarán en la forma que previene el artículo anterior" (art. 475).

Los frutos civiles se entienden percibidos día por día, y pertenecen al usufructuario en proporción al tiempo que dure el usufructo.

Usufructo de acciones de sociedades anónimas y de responsabilidad limitada

Particular relevancia práctica tiene el supuesto de que el usufructo recaiga sobre acciones de las sociedades mercantiles, dada la estructura económica actual y atendiendo a que, frecuentemente, se integran en la herencia los que coloquialmente se denominan "paquetes de acciones" cuya rentabilidad suele reservarse (por el testador, claro) para el cónyuge viudo, quedando los hijos como meros nudo propietarios de tales acciones.

Las vigentes leyes de sociedad anónimas (RD Legislativo 1564/1989, de 22 de diciembre y responsabilidad limitada Ley 2/1995, de 23 de marzo) tratan el tema con mayor profundidad.

La cualidad de socio corresponde al nudo propietario, mientras que los dividendos obtenidos durante el usufructo y el incremento de valor que tengan las acciones al terminar el usufructo corresponden al usufructuario. Con ciertas condiciones, el importe de los derechos de suscripción preferente y, en su caso, las nuevas acciones obtenidas mediante ampliación de capital, integran el objeto sobre el que recae el usufructo.

Usufructo de una acción real

El art. 486, por su parte, llega a configurar como usufructo el derecho al ejercicio de una acción procesal en sentido técnico. Se refiere el precepto a que "El usufructuario de una acción para reclamar un predio o derecho real, o un bien mueble, tiene derecho a ejercitarla y obligar al propietario de la acción a que le ceda para este fin su representación y le facilite los elementos de prueba de que disponga. Si por consecuencia del ejercicio de la acción adquiriese la cosa reclamada, el usufructo se limitará a sólo los frutos, quedando el dominio para el propietario". Si el ejercicio de la acción real prospera y la sentencia condena a la restitución del "predio o del derecho real", la titularidad será del nudo propietario, no del usufructuario. Los derechos de éste, quedan limitados a los frutos.

Usufructo de cosa común

Regula específicamente también el Código el caso de que el usufructo recaiga sobre una cosa indivisa, se aplican las reglas generales de uso, disfrute y administración de la cosa común (Ej. arts. 392 y ss), tal y como precisa la primera parte del art. 490: "El usufructuario de parte de una cosa poseída en común ejercerá todos los derechos que correspondan al propietario de ella referentes a la administración y a la percepción de frutos o intereses".

Sin embargo, las facultades del condueño relativas a disposición, alteración y, sobre todo, división de la cosa común no competen al usufructuario, sino al nudo propietario. Siendo ello así, la iniciativa del ejercicio de la acción de división por parte del nudo propietario podría resultar perjudicial al usufructuario. Ante ello, el artículo 490 prevé el juego de la subrogación real en su favor: "Si cesare la comunidad por dividirse la cosa poseída en común, corresponderá al usufructuario el usufructo de la parte que se adjudicare al propietario o condueño".

El precepto supone que la cosa común sea divisible y que al nudo propietario se le adjudique una parte de la cosa, en casos de indivisibilidad o de acuerdo sobre la adquisición de la cosa común por cualquiera de los propietarios, o en cualquier otro supuesto en que el nudo propietario convierte su copropiedad en una masa en metálico, debe entenderse que el usufructo, seguirá recayendo sobre ésta.

Usufructo de un patrimonio

El usufructo puede recaer sobre un patrimonio en sentido estricto, como conjunto de bienes y derechos, para cuyo supuesto el Código dispone la aplicación de reglas especiales en los art. 506, 508 y 510, redactados fundamentalmente para atender a la responsabilidad del usufructuario en relación con el pago de las deudas que exija la administración del patrimonio.

La constitución inter vivos y a título gratuito

Dispone el art. 506 que "Si se constituyere el usufructo sobre la totalidad de un patrimonio, y al constituirse tuviere deudas el propietario, se aplicará, tanto para la subsistencia del usufructo como para la obligación del usufructuario a satisfacerlas, lo establecido en los artículos 642 y 643 respecto de las donaciones".

La redacción de la norma en su tenor literal y la remisión a los artículos 642 y 643 debe llevar a la conclusión de que el artículo 506 está pensando en el supuesto de constitución del usufructo inter vivos y a título gratuito.

En el caso de que la constitución del usufructo recayente sobre un patrimonio se realice a título oneroso, mediante contrato, ya se preocuparán las partes de determinar las reglas oportunas en relación al pago de las deudas recayentes sobre dicho patrimonio.

La constitución mortis causa

Cuando el patrimonio objeto del usufructo ha sido determinado por una persona mediante testamento, el Código se preocupa fundamentalmente de establecer reglas sobre quién (y cómo) ha de abonar las deudas de la masa hereditaria (art. 510) o las deudas dimanantes de la propia voluntad del causante (art. 508).

El art. 508 dispone que "El usufructuario universal deberá pagar por entero el legado de renta vitalicia o pensión de alimentos. El usufructuario de una parte alícuota de la herencia lo pagará en proporción a su cuota. En ninguno de los casos quedará obligado el propietario al reembolso". "El usufructuario de una o más cosas particulares sólo pagará el legado cuando la renta o pensión estuviese constituida determinadamente sobre ellas".

En relación con las deudas hereditarias, establece el art. 510 que "Si el usufructo fuere de la totalidad o de parte alícuota de una herencia, el usufructuario podrá anticipar las sumas que para el pago de las deudas hereditarias correspondan a los bienes usufructuados, y tendrá derecho a exigir del propietario su restitución, sin interés, al extinguirse el usufructo. Negándose el usufructuario a hacer esta anticipación, podrá el propietario pedir que se venda la parte de los bienes usufructuados que sea necesaria para pagar dichas sumas, o satisfacerlas de su dinero, con derecho, en éste último caso, a exigir del usufructuario los intereses correspondientes".

El significado de tales disposiciones se comprenderá con el estudio del Derecho de sucesiones.

Contenido del usufructo según el CC

Obligaciones previas del usufructuario

Los art. 491 a 496 CC están dedicados a disciplinar el régimen propio de las obligaciones de inventario y fianza que el usufructuario ha de cumplir antes de entrar en posesión de los bienes. La ratio legis general de tales preceptos radica en "identificar" el estado físico de la cosa objeto de usufructo y en garantizar la correcta devolución o restitución al nudo propietario de tal cosa, una vez que haya transcurrido el plazo temporal de vigencia del usufructo. No debemos olvidar que esta forma esencial, es temporal en nuestro Derecho positivo.

En general, en los supuestos de constitución onerosa inter vivos la funcionalidad de tales normas es más que dudosa. De otra parte, en los casos de constitución a través de testamento, ha sido y es frecuente dispensar al usufructuario de las obligaciones de inventario y fianza.

Las obligaciones de inventario y fianza

"El usufructuario, antes de entrar en el goce de los bienes -establece el art. 491- está obligado:

  1. A formar, con citación del propietario o de su legítimo representante, inventario de todos ellos, haciendo tasar los muebles y describiendo el estado de los inmuebles .

  2. A prestar fianza , comprometiéndose a cumplir las obligaciones que le correspondan con arreglo a esta sección".

El inventario puede realizarse de cualquier manera, en dependencia de los datos de hecho. El usufructuario debe afianzar o garantizar el cumplimiento de sus obligaciones. Por tanto, en su caso, la "fianza" requerida podrá llevarse a efecto bien recurriendo a un fiador, bien mediante cualesquiera otras formas de garantía (reales, personales, o de cualquier otro tipo que imaginar quepa). Lo fundamental es que resulte suficiente para el nudo propietario.

Y aquí radica el problema, en buena medida irresoluble. Si existiendo obligación de afianzar, el usufructuario y el nudo propietario no llegan al acuerdo sobre la suficiencia o insuficiencia de la garantía, no les quedará más remedio que recurrir a los tribunales a través del declarativo ordinario que por cuantía corresponda para conseguir una sentencia favorable .

La incertidumbre de todo proceso judicial se ve en este caso incrementada por la absoluta inexistencia de criterio legal alguno para la fijación de la suficiencia de la fianza y consiguiente resolución del problema, que al parecer habrá de quedar al libre albedrío judicial en atención a los supuestos de hecho concretos, si es que alguna vez el Tribunal Supremo llega a tener conocimiento de semejante litigio.

Desde el 4 de julio de 2006 ha habido una sentencia del TS, en la que se deja claramente establecida al menos que la cuantía de la fianza debe estar referida al valor de los bienes, no al valor del usufructo, en el momento de constitución del usufructo.

El carácter previo de las obligaciones de inventario y fianza respecto del disfrute material de los bienes objeto de usufructo es indiscutible por disponerlo así el art. 496: "Prestada la fianza por el usufructuario, tendrá derecho a todos los productos desde el día en que debió comenzar a percibirlos".

Sin embargo el retraso o retardo en la prestación de la fianza no determina la extinción del usufructo, ni su eficiencia. De ahí la eficacia retroactiva de la prestación de fianza respecto de la adquisición de los frutos.

Usufructuarios eximidos de la obligación de fianza

El art. 492 establece que la obligación de prestar fianza "no es aplicable al vendedor o donante que se hubiere reservado el usufructo de los bienes vendidos o donados, ni a los padres usufructuarios de los bienes de los hijos, ni al cónyuge sobreviviente respecto de la cuota legal usufructuaria si no contrajeren los padres o el cónyuge ulterior matrimonio". Esto es, establece un catálogo de supuestos de usufructo en los que no hay obligación de afianzar y, probablemente, tampoco de formar inventario.

La dispensa

En los restantes casos, no contemplados en el art. 492, cabe la verdadera dispensa de las obligaciones de inventario y fianza, bien sea porque expresamente así lo plantea el constituyente del usufructo voluntario, coincida o no con el nudo propietario; o bien porque el nudo propietario, siendo persona distinta al constituyente del usufructo, llegado el momento de materialización del usufructo, no reclama al usufructuario el cumplimiento de las obligaciones de inventario y fianza, según se desprende del art. 493: El usufructuario, cualquiera que sea el título del usufructo, podrá ser dispensado de la obligación de hacer inventario o de prestar fianza, cuando de ello no resultare perjudicado nadie.

La utilización verbal en pasiva impersonal ("podrá ser dispensado") sugiere que, por ejemplo, el constituyente a través de testamento puede dispensar al usufructuario de las obligaciones de inventario y fianza y que el resto de los herederos habrán de estar y pasar por la voluntad del constituyente. A la misma conclusión debería llegarse cuando inter vivos y a título gratuito, una persona dona a uno la nuda propiedad y a otro el usufructo. Respecto de la caución juratoria prestada por el usufructuario, en caso de no haber prestado fianza, debe confrontarse el art. 495. En el precepto inmediatamente anterior se regulan las facultades del nudo propietario de solicitar la administración de los bienes y, en su caso, de que se vendan los bienes muebles sobre los que recae el usufructo.

La conservación de la forma y sustancia

Uno de los temas centrales de la materia del usufructo lo constituye la definición dada por Paulo: “la obligación de conservar la forma y la sustancia de la cosa ”. Dicha exigencia, en nuestro sistema, debe entenderse ante todo como un corolario de la temporalidad del usufructo. Siendo así que el usufructo es una situación transitoria o pasajera de utilización goce y disfrute de las cosas ajenas, parece necesario garantizar al nudo propietario que cuando la cosa usufructuada le sea restituida no se encuentre desnaturalizada o privada de sus condiciones básicas de utilización respecto del estado en que se encontrara en el momento temporal de constitución del usufructo.

Nuestro Código impone la obligación de conservar la forma y la sustancia. El Código exige tanto respecto del usufructuario cuanto en relación con el nudo propietario para exigirles la observancia del salva rerum substantia: Al autorizar el art. 487 al usufructuario para la realización de mejoras en la cosa que tuviere por conveniente, lo hace "con tal que no altere su forma o sustancia".

Por su parte, el art. 489, permite al nudo propietario la enajenación de los bienes usufructuados, "pero no alterar su forma ni sustancia, ni hacer en ellos nada que perjudique al usufructuario". En consecuencia, no es extraño que buena parte del articulado del Código Civil bascule sobre la necesidad de conservación de la cosa (salva rerum substantia):

  • Se autoriza al usufructuario para la realización de mejoras en la cosa que tuviere por conveniente, con tal de que no altere su forma o sustancia.

  • Permite al nudo propietario la enajenación de los bienes usufructuados, pero no alterar su forma ni sustancia ni hacer en ellos nada que perjudique al usufructuario.

Obligaciones del usufructuario respecto de la conservación de las cosas usufructuadas

Entre tales obligaciones deben destacarse las siguientes:

  1. Diligente conservación de las cosas usufructuadas. De conformidad con lo establecido por el art. 497 "El usufructuario deberá cuidar las cosas dadas en usufructo como un buen padre de familia". Hasta el extremo de que, si bien el "mal uso" no constituye una causa de extinción del usufructo "si el abuso infiriese considerable perjuicio al propietario, podrá éste pedir que se le entregue la cosa, obligándose a pagar anualmente al usufructuario el producto líquido de la misma, después de deducir los gastos y el premio que se le asignare por su administración".

  2. Imposición de los gastos dimanantes de las reparaciones ordinarias. Establece, a tal efecto, el art. 500 que "El usufructuario está obligado a hacer las reparaciones ordinarias que necesiten las cosas dadas en usufructo. Se consideran ordinarias las que exijan los deterioros o desperfectos que procedan del uso natural de las cosas y sean indispensables para su conservación".

  3. Avisar al propietario de la necesidad de reparaciones extraordinarias. "El usufructuario está obligado a darle aviso cuando fuere urgente la necesidad de hacerla".

  4. El abono de las cargas y los tributos. Dispone el art. 504 "El pago de las cargas y contribuciones anuales y el de las que se consideran gravámenes de los frutos, será de cuenta del usufructuario todo el tiempo que el usufructo dure".

  5. Comunicar cualesquiera perturbaciones del derecho de (nuda) propiedad. "El usufructuario -impone el art. 511- estará obligado a poner en conocimiento del propietario cualquier acto de un tercero, de que tenga noticia, que sea capaz de lesionar los derechos de propiedad, y responderá, si no lo hiciere, de los daños y perjuicios, como si hubieran sido ocasionados por su culpa".

Obligaciones del nudo propietario relativas a la conservación de los bienes objeto de usufructo

Dado el sustrato propio del usufructo y atendiendo a que, mientras dure, el nudo propietario carece de goce y disfrute posesorio alguno sobre los bienes, es natural que el número de las obligaciones que sobre él pesan sea notoriamente menor. En todo caso el nudo propietario ha de afrontar, al menos, dos obligaciones:

  1. El abono del coste de las reparaciones extraordinarias. El primer inciso del artículo 501 lo establece con toda claridad: "Las reparaciones extraordinarias serán de cuenta del propietario".

  2. El pago de los tributos e impuestos que le competan. Dispone, en efecto, el art. 505 que "Las contribuciones que durante el usufructo se impongan directamente sobre el capital, serán de cargo del propietario".

El cuasiusufructo o usufructo de cosas consumibles

Provoca una enorme fisura el hecho de que nuestro Código admita la figura del usufructo de cosas consumibles o cuasiusufructo, pues, por principio y conforme a su destino, tales cosas desaparecen de la esfera jurídica de las personas que tienen derecho a usarlas. El art. 482: "Si el usufructo comprendiera cosas que no se puedan usar sin consumirlas, el usufructuario tendrá derecho a servirse de ellas con la obligación de pagar el importe de su avalúo al terminar el usufructo , si se hubiesen dado estimadas. Cuando no se hubiesen estimado, tendrá derecho de restituirlas en igual cantidad y calidad, o pagar su precio corriente al tiempo de cesar el usufructo".

En tal caso no sólo no pesa sobre el usufructuario la obligación de conservar la forma y sustancia de las cosas recibidas del nudo propietario, sino que además se encuentra autorizado expresamente ex lege para abonar el precio al nudo propietario (o, en caso de haber sido valoradas o "estimadas", un tantundem, a su elección).

Lo cierto es que el cuasiusufructo es un perfecto desconocido en nuestro sistema patrimonial actual.

El usufructo de cosas deteriorables

Esta tipo no afecta tan gravemente como el cuasiusufructo a la obligación de conservar la forma y la sustancia. Así el art. 481 regula:

“Si el usufructo comprendiera cosas que sin consumirse se deteriorasen poco a poco por el uso, el usufructuario tendrá derecho a servirse de ellas empleándolas según su destino, y no estará obligado a restituirlas al concluir el usufructo sino en el estado en que se encuentran; pero con la obligación de indemnizar al propietario del deterioro que hubieran sufrido por su dolo o negligencia”.

El artículo ha sido objeto de crítica por su pretensión de crear una categoría intermedia entre las cosas consumibles y no consumibles.

El usufructo de cosas deteriorables es escasísimo en la práctica.

El usufructo con facultad de disposición

El usufructo con facultad de disposición es relativamente frecuente en la práctica (sobre todo en la testamentaria), habiendo sido objeto de numerosos pronunciamientos judiciales. Sin embargo, no se encuentra ni siquiera aludido en el Código Civil. En el usufructo con facultad de disposición: el usufructuario cuenta con facultades para disponer de los bienes usufructuados .

La contemplación casuística se impone, en algunos casos la facultad de disposición abarca el conjunto de bienes o la totalidad del bien usufructuado, en otros, se trata de habilitar al usufructuario para enajenar parte de la cosa, en otros se habilita la enajenación tanto Inter Vivos como mortis causa o se restringe a una solo de tales formas, otras se exige que el usufructuario se encuentre en estado de necesidad, que la enajene a favor de determinadas personas, etc.

Conviene resaltar que nunca se ha puesto en duda la validez del usufructo con facultad de disposición, ni por la doctrina, ni por la jurisprudencia.

Aunque la figura ha traído consigo el correspondiente debate doctrinal sobre si tal facultad de disposición desnaturaliza y excluye la verdadera naturaleza de usufructo y estamos, pues, frente a un derecho nuevo y distinto; o si, por el contrario, se trata de una mera yuxtaposición de un poder dispositivo al derecho de usufructo.

Esta última posición es la que parece ser seguida mayoritariamente por la jurisprudencia del Tribunal Supremo y por la mayoría de los civilistas españoles. Estaríamos frente a un usufructo al que se le agrega una especial legitimación al usufructuario para disponer en la medida, manera, modo y condiciones que se estatuyan en el título de constitución del usufructo; pero, en todo lo demás, se habrían de aplicar las normas propias del usufructo que prevalecerían, como sustrato, sobre la facultad de disposición.

Por otro lado el ejercicio de la facultad de disposición casa mal con la obligación de conservar la forma y sustancia del bien usufructuado. Por lo que la obligación de conservar la forma y sustancia también hace aguas a consecuencia de la admisión general del usufructo con facultad de disposición. La modificación del destino agrícola de las fincas rústicas

Pese al mandado del art. 489 “El propietario de bienes en que otro tenga el usufructo, podrá enajenarlos, pero no alterar su forma y sustancia, ni hacer en ellos nada que perjudique al usufructuario”, el art. 503 otorga al nudo propietario la facultad de hacer nuevas plantaciones en la finca usufructuada si fuere rústica, aunque exija seguidamente que "siempre que por tales actos no resultare disminuido el valor del usufructo, ni se perjudique el derecho del usufructuario".

"El propietario podrá hacer las obras y mejoras de que sea susceptible la finca usufructuada, o nuevas plantaciones en ella si fuere rústica, siempre que por tales actos no resulte disminuido el valor del usufructo, ni se perjudique el derecho del usufructuario" (art. 503). Dicho artículo ha servido para que alguna sentencia de Audiencia Provincial haya considerado conforme a derecho que el propietario, por su propia iniciativa, haya modificado el destino agrícola de la finca usufructuada y, al mismo tiempo, haya sido el preceptor de la correspondiente indemnización o subvención de la Unión Europea por haber cambiado el tipo de cultivo. ¿Se mantiene el valor de la obligación de conservar la forma y sustancia? Parece que, por muy ampliamente que quiera ser entendida dicha obligación o dicha limitación al uso y disfrute del bien usufructuado, la modificación del cultivo y aprovechamiento de la finca afecta profundamente al sustrato característico del derecho de usufructo.

Recapitulación

Atendiendo a la generalidad de los supuestos de usufructo, la obligación de conservar la forma y sustancia (salva rerum substantia) sigue siendo la línea medular de la normativa jurídica que inspira el usufructo, en tanto en cuanto el usufructuario cuanto tanto el propio nudo propietario tienen derecho a exigir al otro el mantenimiento de la identidad y destino económico propios del bien usufructuado.

Derechos y facultades del usufructuario

La posesión, goce y disfrute de la cosa

La posición jurídica del usufructuario, excluida la propiedad y los derechos del enfiteusis (cesión perpetua o largo periodo de tiempo del dominio), representa el mayor grado de uso y utilización posible de las cosas (ajenas) que otorga cualquier derecho real con componente posesorio. El usufructuario debe respetar la forma y la sustancia de la cosa, sencillamente es porque él la posee durante todo el tiempo de vigencia del usufructo.

El goce y disfrute del usufructuario es tan amplio que, con carácter general, puede afirmarse que durante el plazo de vigencia del usufructo es perfectamente asimilable al propio goce y disfrute que correspondería al propietario de la cosa (salvo, siempre, que otra cosa se dispusiere en el título de constitución: Ej. art. 470). Sólo en algunos extremos muy concretos, las facultades de goce y disfrute del usufructuario son menores que las que habrían de reconocerse al propietario de la cosa.

El pleno goce de la cosa: accesiones y servidumbres

Como regla general en relación con el disfrute material y goce de la cosa, establece el artículo 479 que "El usufructuario tendrá el derecho de disfrutar del aumento que reciba por accesión la cosa usufructuada, de las servidumbres que tenga a su favor, y en general de todos los beneficios inherentes a la misma".

El usufructuario extiende su facultad de goce a cualquiera utilidades de la cosa, incluso de las accesiones que hubieran podido tener con posterioridad al momento constitutivo del usufructo.

El usufructuario puede usar la cosa aunque sufra deterioros por dicho uso, sin que llegado el momento de devolución esté obligado a restauración o indemnización alguna, salvo que el deterioro proceda por culpa o negligencia del usufructuario.

La percepción de los frutos

Es tajante el encabezamiento del art. 471 cuando precisa que "El usufructuario tendrá derecho a percibir todos los frutos naturales, industriales y civiles, de los bienes usufructuados". Una vez constituido el usufructo, el usufructuario sustituye al (nudo) propietario en la percepción y adquisición de todos los frutos.

"Los frutos naturales o industriales, pendientes al tiempo de comenzar el usufructo, pertenecen al usufructuario. Los pendientes al tiempo de extinguirse el usufructo pertenecen al propietario".

El usufructuario, al comenzar el usufructo, no tiene obligación de abonar al propietario ninguno de los gastos hechos; pero el propietario está obligado a abonar al fin del usufructo, con el producto de los frutos pendientes, los gastos ordinarios de cultivo, simientes y otros semejantes, hechos por el usufructuario.

No se atribuye al usufructuario el derecho a la parte del producto líquido de la cosecha proporcional al tiempo de su posesión, porque el usufructuario no le corresponde una parte proporcional, sino todos los frutos pendientes.

La realización de mejoras

El usufructuario se encuentra especialmente autorizado por la Ley para realizar mejoras en la cosa usufructuada, sean útiles o sean meramente de recreo o puramente suntuarias, a su libre albedrío, siempre que respete la forma y sustancia de la cosa (Ej. art. 487).

La inexistencia de facultades del usufructuario en relación con el tesoro oculto y las minas

Sólo se ve limitada la posición del usufructuario en relación con las minas y tesoros ocultos que pudieran encontrarse en la finca.

El art. 471 CC establece que "Respecto de los tesoros que se hallaren en la finca será considerado (el usufructuario) como extraño", demostrando así el Código que las facultades de goce y disfrute del usufructuario son, aunque mínimamente, algo menores que las del enfiteuta (al que el art. 1632.2 sí atribuye los mismos derechos que corresponderían al propietario en los tesoros y minas que se descubran en la finca enfitéutica) y las del propietario.

Supuestos especiales de usufructo en relación con el disfrute

Usufructos de plantaciones

Es objeto de contemplación por los art. 483 y 484, que disponen lo siguiente:

  • El usufructuario de viñas, olivares u otros árboles o arbustos podrá aprovecharse de los pies muertos, y aun de los tronchados o arrancados por accidente, con la obligación de reemplazarlos por otros (art. 483).

  • Si, a consecuencia de un siniestro o caso extraordinario, las viñas, olivares y otros árboles o arbustos hubieran desaparecido en número tan considerable que no fuese posible o resultase demasiado gravosa la reposición, el usufructuario podrá dejar los pies muertos, caídos o tronchados, a disposición del propietario, y exigir de éste que los retire y deje el suelo expedito (art. 484).

Usufructo de montes

"El usufructuario de un monte disfrutará todos los aprovechamientos que puede éste producir según su naturaleza. Siendo el monte taller o de maderas de construcción, podrá el usufructuario hacer en él las talas o las cortas ordinarias que solía hacer el dueño, y en du defecto las hará acomodándose, en el modo, porción y épocas, a la costumbre del lugar. Hará las talas o las cortas de modo que no perjudiquen a la conservación de la finca. En los viveros de árboles podrá el usufructuario hacer la entresaca necesaria para que los que queden puedan desarrollarse convenientemente. Fuera de lo establecido en los párrafos anteriores, el usufructuario no podrá cortar árboles por el pie como no sea para reponer o mejorar alguna de las cosas usufructuadas y en este caso hará saber previamente al propietario la necesidad de la obra". (art. 485)

Usufructo de rebaños

"Si el usufructo se constituyere sobre un rebaño o piara de ganado, el usufructuario estará obligado a reemplazar con las crías las cabezas que mueran anual y ordinariamente, o falten por la rapacidad de animales dañinos. Si el ganado pereciere del todo, sin culpa del usufructuario, éste cumplirá con entregar al dueño los despojos que se hubiesen salvado es esta desgracia. Si el rebaño pereciere en parte, también por accidente, y sin culpa del usufructuario, continuará el usufructo en la parte que se conserve" (art. 499).

Si el rebaño fuere de ganado estéril, se considerará, en cuanto a sus efectos, como si se hubiese constituido sobre cosa fungible.

Usufructo de minas

"No corresponden al usufructuario de un predio en que existen minas los productos de las denunciadas, concedidas o que se hallen en laboreo al principiar el usufructo, a no ser que expresamente se le concedan en el título constitutivo de éste, o que sea universal. Podrá, sin embargo, el usufructuario extraer piedras, cal y yeso de las canteras para reparaciones u obras que estuviere obligado a hacer o que fueren necesarias" (art. 476).

El art. 477, por su parte, establece una excepción de importancia en relación con lo establecido en el precepto inmediatamente antecedente: "Sin embargo, de lo dispuesto en el artículo anterior, en el usufructo legal podrá el usufructuario explotar las minas denunciadas, concedidas o en laboreo, existentes en el predio, haciendo suya la mitad de las utilidades que resulten después de rebajar los gastos, que satisfará por mitad con el propietario".

La calidad de usufructuario no priva al que la tiene del derecho que a todos concede la Ley de Minas para denunciar y obtener la concesión de las que existan en los predios usufructuados en la forma y condiciones que la misma Ley establece (art. 478).

Las facultades de disposición inherentes al derecho de usufructo

En nuestro actual sistema positivo, el usufructo mientras subsista es un derecho plenamente negociable y, en consecuencia, transmisible. Rompe así el Código, en este aspecto, con la tradición romanista, curiosamente seguida por otras legislaciones contemporáneas que generalmente han de ser contrapuestas a las legislaciones latinas (el BGB, en concreto, declaró absolutamente intransmisibles el derecho de usufructo). Así pues, el usufructuario puede disfrutar por sí mismo el goce de la cosa o, hablando en términos económicos, "negociarla" y obtener a cambio de su transmisión o gravamen una cierta cantidad de dinero (que sería "fruto" de su propio derecho de usufructo).

La norma fundamental al respecto se encuentra contenida en el art. 480, cuyos términos son suficientemente claros: "Podrá el usufructuario aprovechar por sí mismo la cosa usufructuada, arrendarla a otro y enajenar su derecho de usufructo, aunque sea a título gratuito, pero todos los contratos que celebre como tal usufructuario se resolverán al fin del usufructo, salvo el arrendamiento de las fincas rústicas, el cual se considerará subsistente durante el año agrícola".

Derechos del nudo propietario

Durante la vigencia del usufructo, los dos derechos reales coexistentes sobre la misma cosa funcionan con absoluta independencia y su respectivo titular podrá disponer de ellos, ya que ambos tiene poder económico.

El nudo propietario podrá:

  • Enajenar la nuda propiedad (o, lo que, es lo mismo, los bienes sujetos a usufructo: Ej. art. 489).

  • Hipotecar su derecho de nuda propiedad (art. 107.2 LH).

  • Hacer obras y mejoras en la finca, siempre que no perjudique el derecho del usufructuario (Ej. art. 503).

Extinción del usufructo

Las causas de extinción del usufructo se encuentran enumeradas en el art. 513, cuyos términos textuales son los siguientes: "El usufructo se extingue:

  1. Por muerte del usufructuario.

  2. Por expirar el plazo por que se constituyó, o cumplirse la condición resolutoria consignada en el título constitutivo.

  3. Por la reunión del usufructo y la propiedad en una misma persona.

  4. Por la renuncia del usufructuario.

  5. Por la pérdida total de la cosas objeto del usufructo.

  6. Por la resolución del derecho del constituyente.

  7. Por prescripción".

También por la muerte del usufructuario o con la expiración del plazo, ambas se refieren al transcurso del plazo establecido en el momento de constitución del usufructo: Si es vitalicio, el fallecimiento determina su extinción. Si el plazo está fijado por un determinado número de años o mediante el cumplimiento de un término final.

La consolidación del usufructuario y el nudo propietario en una misma persona tiene los mismos efectos extintivos, al igual que la confusión en la extinción de las obligaciones.

También puede renunciar a su derecho el usufructuario o que el derecho otorgante o constituyente sea objeto de resolución.

La pérdida de la cosa

La pérdida total de la cosa: efecto extintivo

En el caso de que la pérdida sea total, se impone la extinción del usufructo, pues el usufructuario carece ya de interés en continuar siéndolo dada la imposibilidad de obtención de goce o frutos de clase alguna. Pero el Código no aclara aquí qué deba entenderse por pérdida de la cosa. Ante ello, como plantean los Profesores Díez-Picazo y Gullón, cabe el recurso de reclamar la aplicación analógica de lo dispuesto en relación con dicha expresión en una norma relativamente "perdida" como es el art. 1122: "Entiéndese que la cosa se pierde cuando perece, queda fuera del comercio o desaparece de modo que se ignora su existencia, o no se puede recobrar".

La pérdida, pues, puede ser tanto de origen fáctico (maremoto que destruye el chalé sito en primera línea de playa; derrumbe de un inmueble urbano a consecuencia de cualesquiera causas: movimiento sísmico; bomba de inaudita potencia puesta por un grupo terrorista; corrimiento del suelo por brutales alteraciones de las capas freáticas; etc.) cuanto jurídico (el chalé ha de ser derruido por imponerlo así una Ley de Costas; el edificio debe demolirse a consecuencia de una grave infracción urbanística; el coto de caza deja de tener sentido al prohibirse legalmente cazar en el territorio en que se encuentra; etc).

El carácter total de la pérdida, en sentido material, no parece que haya de equipararse a una verdadera desintegración física de la cosa, sino a una ruina o destrucción de tal naturaleza que haga perder la forma y sustancia de la cosa objeto de usufructo

La pérdida parcial: continuidad del usufructo

"Si la cosa dada en usufructo se perdiera sólo en parte, continuará este derecho en la parte restante" (art. 514). A tales efectos y supuestos, dispone el art. 517 lo siguiente:

  • "Si el usufructo estuviera constituido sobre una finca de la que forme parte un edificio, y éste llegare a perecer, de cualquier modo que sea, el usufructuario tendrá derecho a disfrutar del suelo y los materiales.

  • Lo mismo sucederá cuando el usufructo estuviera constituido solamente sobre un edificio y éste pereciere. Pero en tal caso, si el propietario quisiere construir otro edificio, tendrá derecho a ocupar el suelo y a servirse de los materiales, quedando obligado a pagar al usufructuario, mientras dure el usufructo, los intereses de las sumas correspondientes al valor del suelo y de los materiales".

La pérdida de la cosa asegurada

Establece el art. 518 lo siguiente:

  • "Si el usufructuario concurriere con el propietario al seguro de un predio dado en usufructo, continuará aquél, en caso de siniestro, en el goce del nuevo edificio si se construyere, o percibirá los intereses del precio del seguro si la reedificación no conviniera al propietario.

  • Si el propietario se hubiera negado a contribuir al seguro del predio, constituyéndolo por sí solo el usufructuario, adquirirá éste el derecho de recibir por entero en caso de siniestro el precio del seguro, pero con obligación de invertirlo en la reedificación de la finca.

  • Si el usufructuario se hubiese negado a contribuir al seguro, constituyéndolo por sí solo el propietario, percibirá éste íntegro el precio del seguro en caso de siniestro, salvo siempre el derecho concedido al usufructuario en el artículo anterior".

Por tanto el CC establece tres supuestos en relación con el seguro del predio atendiendo a quien sea el tomador del seguro:

  1. Que lo sean conjuntamente el usufructuario y el nudo propietario.

  2. Sólo el usufructuario

  3. Sólo el propietario

La expropiación del bien objeto de usufructo

Es natural que si la expropiación forzosa acarrea la pérdida de la misma propiedad el usufructo debe quedar extinguido en su caso. Sin embargo, el Código establece una regla particular para los supuestos de expropiación forzosa que afecten a cosas sometidas a usufructo.

El art. 519 dispone, que "Si la cosa usufructuada fuere expropiada por causa de utilidad pública, el propietario estará obligado, o bien a subrogarla con otra de igual valor y análogas condiciones, o bien a abonar al usufructuario el interés legal del importe de la indemnización por todo el tiempo que deba durar el usufructo. Si el propietario optare por lo último, deberá afianzar el pago de los réditos".

La norma concede al nudo propietario una facultad de elección entre la continuación del usufructo recayendo sobre una nueva cosa o bien el abono del interés legal del justiprecio. En el primer caso, obviamente, no habría extinción del usufructo, sino una mera novación o modificación objetiva de la relación jurídico-real preexistente. La cosa, dice el precepto, debe ser "de igual valor y análogas condiciones"; el derecho de usufructo, debe mantenerse también "en análogas condiciones" a las que, en su día, regularon su constitución, pues la subrogación real no afectaría a su vigencia.

Por el contrario, en el supuesto de que el nudo propietario opte por la segunda de las alternativas, hay que entender que el usufructo ha quedado extinto y sustituido en este caso por el pago de una obligación pecuniaria.

La prescripción

La referencia del art. 513.7 a la prescripción debe ser entendida en el sentido de que la prescripción extintiva del derecho de usufructo se produce cuando su titular no ejercita los derechos correspondientes en el plazo de seis años (art. 1962) o de treinta años (art. 1963), respectivamente, según recaiga sobre bienes muebles o inmuebles.

La falta de ejercicio de tales derechos o la falta de ejercicio de las correspondientes acciones en defensa de los derechos que le competen pueden provocar que en los correspondientes plazos de usucapión ordinaria (tres años para los muebles; o diez años para los inmuebles) el derecho de usufructo quede extinguido.

Efectos de la extinción

El fundamental efecto de la extinción del usufructo, por cualquiera de las causas analizadas (salvo la expropiación forzosa) radica en que el usufructuario o, en su caso, sus herederos, están obligados a devolver o restituir la cosa al propietario "de luego", es decir, de forma inmediata una vez producido el evento que produzca la terminación del usufructo. ("Terminado el usufructo -dice el art. 522- se entregará al propietario la cosa usufructuada".)

La recuperación del goce y disfrute de la cosa se produce ipso iure en tal momento y la entrega debe realizarla el usufructuario (o sus herederos) por cualquier procedimiento adecuado. Valen, pues, las diversas formas de entrega las formas de tradición. Ello no significa que la devolución de la cosa al propietario sea una tradición en el sentido propio, falta el elemento traslativo, en este caso innecesario, dada la elasticidad del dominio, no se trata de un acto de disposición: El que deja de ser usufructuario no tiene nada de qué disponer, sino el mero cumplimiento de la obligación de restitución que pesa sobre el usufructuario.

Como regla, desde el mismo momento de terminación del usufructo, el antes usufructuario carece ya de ius fruendi alguno, ya que a partir de ese momento, aunque siga poseyendo la cosa, deja de ser poseedor a título de usufructuario. Tal conclusión debería mantenerse, aunque el usufructuario siga poseyendo la cosa a título de retentor.

El art. 522 otorga un derecho de retención al usufructuario o a sus herederos "por los desembolsos que (les) deban ser reintegrados". Dicho derecho de retención garantiza al usufructuario el cobro de los desembolsos o créditos que una vez terminada la liquidación entre usufructuario y nudo propietario resulten a su favor (del usufructuario), aunque sea poseedor, por retención, no tiene derecho a los frutos.

No parece que haya sido seguido por el legislador respecto del importe del aumento de valor de la finca a consecuencias de las reparaciones extraordinarias que, pese a corresponder al nudo propietario, hubiera realizado el usufructuario durante el plazo de vigencia del usufructo. En efecto, para tal supuesto, dispone el artículo 502.3 que "Si el propietario se negare a satisfacer dicho importe, tendrá el usufructuario derecho a retener la cosa hasta reintegrarse con sus productos". Dicho importe es el que represente "al concluir el usufructo, el aumento del valor que tuviese la finca por efecto de las..." reparaciones, extraordinarias e indispensables que hubiere afrontado el usufructuario. Así planteado, con independencia de la dificultad de hecho para precisar el aumento de valor, quien ha sido usufructuario seguirá teniendo derecho a los frutos en cuanto mero retentor o titular del derecho de retención.

Los derechos de uso y habitación

La regulación característica del Código

Tras regular el usufructo, contempla el CC 523 y ss derechos reales de uso y habitación referidos en el epígrafe como subtipos de aquél. Al establecer, como régimen normativo supletorio del uso y de la habitación, el propio del usufructo.

Si dejamos de un lado su carácter personalísimo (y por tanto intransmisible), el derecho real de uso sólo se diferencia del usufructo porque el disfrute (obtención de frutos) del usuario queda circunscrito a los frutos que basten a las necesidades del usuario y de su familia, aunque ésta aumente. En tal sentido, podemos decir que el derecho de uso es un usufructo limitado.

Por su parte, el derecho de habitación, igualmente intransmisible, se limita a otorgar a su titular (habitacionista) "la facultad de ocupar en una casa ajena las piezas necesarias para sí y para las personas de su familia" (art. 524.2).

Los derechos de uso y habitación son considerados por el ordenamiento jurídico como derechos personalísimos, es decir, sólo utilizables por sus titulares. De ahí que el art. 525 establezca que "Los derechos de uso y habitación no se puedan arrendar ni traspasar a otro por ninguna clase de título" (mucho menos, ceder o enajenar).

Perspectiva contemporánea

Ambos derechos reales pertenecen a esquemas económicos pasados. Su vigencia práctica es nula. El gravísimo problema de la vivienda familiar, en casos de separación o divorcio o de liquidación de sociedad de gananciales, ha generado una cierta resurrección de tales figuras.

La Ley 41/2003, con las miras puestas en la protección de las personas con discapacidad ha favorecido la constitución de un derecho de habitación mortis causa.

La donación o legado de un derecho de habitación sobre vivienda habitual que su titular haga de favor de un legitimario que, sea persona con discapacidad, no se computará para el cálculo de las legitimas si en el momento del fallecimiento ambos estuvieren conviviendo con ellas.

Este derecho de habitación se atribuirá por ministerio de la ley en las mismas condiciones al legitimario discapacitado que lo necesite y que estuviera conviviendo con el fallecido, a menos que el testador hubiere dispuesto otra cosa o lo hubiera excluido expresamente, pero su titular no podrá impedir que continúen conviviendo los demás legitimarios mientras lo necesite.